Monedero, ojú chiquillo

A no sé quién le escuché comentar con tino que estaba deseando oír a Monedero decir que acababa de echar una quiniela. Es que cuando se pone, todos los demás parecemos memos. Encima, no sé si por cubrir el hueco que ha dejado Errejón, últimamente aparece en todos lados. De ser así, por lo que más quieras, déjate de pucheros y vuelve, Íñigo.

Cómo no, la noticia de la muerte de Cruyff le pilló en antena. Y dado que no se priva de nada se marcó un discurso en el que ensalzó la figura del holandés, tan alejado –remachó– del mercantilismo actual. Yo, que todavía lloro al recordar lo que le hizo a los míos y que lloro menos al rememorar lo que sembró en el Bernabéu; que ya antes de venir nos mostró que otro fútbol era posible, no creo que la falta de interés por los cuartos sea el elemento a destacar de aquella gacela con el «14» a la espalda, por mucho que a los jerarcas del palco, eso sí, los pusiera en su sitio. Pero al ideólogo de la nueva forma de hacer política o de cualquiera sabe qué, todo esto le importa una higa. Que le preguntan si la crisis de la formación es una invención, se trae a Umberto Eco con que «los mass medias siempre multiplican las cosas» al terreno que le interesa y listo. «Los medios –advierte– son como colgar una boñiga de vaca en un museo; la gente se para a verla, e incluso habrá algún sesudo intelectual que haga una profunda reflexión sobre la condición estética de esa boñiga». Teniendo en cuenta que ha repetido la reflexión tal cual en múltiples apariciones, no resulta fácil discernir ya quién es la boñiga.

El ínclito debería bajar a la terreta y explicar por qué sigue en Podemos un cargo que justificó el dedazo en su bisoñez. Anda, que si llega a tener experiencia… Eso sí, Juan Carlos cogería el toro de los cuernos y diría que todo empezó cuando cayó el muro. Ya ven, ahí nadie podría reprocharle nada. Es su forma de decir que la tiene de cemento armado.

En las Dueñas, con pasión

A un par de horas de alcanzar el destino llamo para situarme: «¿Qué tal hace por ahí, tito?». «He salido a la terraza y, por el oeste, que son las que descargan, se ve despejado». Dos horas después, más que llover, jarreaba desde ese horizonte que parecía raso. Igual mi tío emitió el pronós- tico mirando al suelo, tanto es así que es- tuve a punto de volver a llamarlo y, en cuanto descolgara, preguntar: «¿Mariano Medina?». Necesitaba meterme en vena los acordes de nuestra hermandad porque llevaba la tira de kilómetros zarandeado por el escalofrío de quienes se inmolaron. No pudo ser pero, a cambio, sucumbí al anhelo de contemplar al fin la estancia en la que abrió los ojos el poeta y el patio en el que madura el limonero. Dos mundos concentrados en uno: el de los Alba y el de sus arrendados. A un lado, el patio principal, excelso, chorreando gótico-mudéjar hasta renacentista, apoyado en columnas de mármol blanco con adornos platerescos para que no falte de ná y, lindando con él, otro que se mece únicamente con el azahar y el murmullo de las fuentes. Éste fue el que escogió el segundo de Antonio y Ana para alimentar ensoñaciones, mientras la numerosísima familia hacía las maletas por ver si remitían las penurias y éstas no solo aumentaron sino que una tuberculosis les arrebató el principal sustento. A los duques actuales no les basta con el que poseen y han abierto las dependencias para que, por un pico, el vulgo pueda contemplar por sí mismo en qué condiciones se despereza el linaje y husmear las pinturas y el mobiliario de firma que hasta ahora había tenido que conformarse con ver en el ¡Hola! Yo jamás habría tenido este ansia por adentrarme en ese palacio de no haber correteado por allí la sensible mente de un crío que cuando su hermano Francisco registró los bolsillos del viejo gabán, tras el triste deselance de Colliure, encontró enrollados sus últimos versos: «Estos días azules y este sol de la infancia». Sí, no requería más para configurar su universo. Qué bien le haría a to- das las creencias una pasada machadiana.

En busca de la resurrección

Pedro Sánchez no ha faltado a las Fallas y, viendo la marcha que lleva lo suyo, es más que factible que las Hogueras también las abrace aunque aún queda por determinar hasta qué extremo se fundirá con ellas. Al parecer, sus chavalas se asustaron bastante en el balcón del Ayuntamiento de Valencia, en este caso por la mascletà. El padre, no. Oliendo todavía a pólvora –la plaza, me refiero–, el esforzado sucesor en el siglo XXI de Pablo Iglesias aseguró que le encanta lo que acababa de sentir. Es más que probable que estuviese diciendo la verdad. Por mucho sobresalto que proporcione la cita del programa fallero, con lo que este hombre arrastra en el cuerpo desde que tomó las riendas no es extraño que el estallido de la pólvora le supiera a gloria. E igual hasta gritó, lógicamente «¡Mónica, te quiero!». Debió oírlo Ximo porque, a la primera oportunidad que tuvo, soltó una confesión inhabitual en el terreno en el que nos encontramos: «¿Enamorado de Oltra? Más que el primer día». La consecuencia que se extrae de es- tos desbordantes amoríos cruzados resulta inmediata: entonces al pesoe, y no digamos ya al pesepevé, ¿quién lo quiere? Pues el pepé, tanto para poner en duda las intenciones que alberga como para tirarle los tejos a su manera. Acusar al todavía socio de Rivera de acercarse a estos pagos por intereses partidistas no consigue más que darle vidilla. A cualquiera se le ocurre replicar pero cómo va a venir Mariano a darse una vueltecita con la que tienen montada los suyos desde hace años sin que el hombre por supuesto se hubiese enterado. Pero, por sorprendente que parezca, igual va haciéndolo. Sí, porque una sola celebración para esta tierra se queda corta. Así que ahora toca elevarse ya que los personajes que conforman la historia quieren hacerse notar en Semana Santa. Rita clavando lanzas por los cuatro costados a los de su cofradía y Paco Camps dejándole caer a sus hermanos que, tras un lustro de enclaustramiento, está pensando si resucitar. Por supuesto, faltaría más. Con tal de no privarse de nada, lo que sea.

¡Ay, los padres! Esos seres…

No sé cuánto le queda al Día del Padre. La natalidad en Occidente empezó a caer en los 70 cuando en España el número de nacimientos por cada mil habitantes era de 18,7 y, justo a los 40 años, el baremo se ha quedado escuchimizado. Andamos por el 9, que es de los más bajos de Europa a pesar del tantarantrán causado en su momento por la niña de Rajoy. El hombre hizo lo que pudo para remover a los indecisos pero, con su política, la cosa tampoco se ha animado en este aspecto. No tiene su día Mariano. Bueno, que más quisiéramos que fuese uno.

Como en tantos flancos, el asunto supera al menda. Mi padre se iba a currar antes de que abriera los ojos y, cuando regresaba después del consabido pluriempleo, su niño ya estaba roque. Del mismo modo, yo he disfrutado más de los míos cuando se han pirado de casa e incluso del país que cuando vivían bajo el mismo techo. Si a esto se une el avance en el rol de la mujer, gracias a las iniciativas de conciliación que hemos logrado implantar, más que hijos lo que criamos son huérfanos. En algunos casos, eso que salen ganando.

Una vez que lográramos las condiciones que tienen a su alcance los humanos en países escandinavos, Alemania y Francia, entre otros, podríamos plantearnos entrar por derecho, y no porque no queda otra, en la reinante dimensión anglosajona: tener o no tener hijos, esa es la cuestión. Egoísta, superficial, ensimismado es una recopilación de 16 ensayos de diferentes autores en los que la elección de no pro- crear gana enteros. Dentro de los mismos, Lionel Shriver, creadora de Tenemos que hablar de Kevin, manifiesta: «Durante mis años fértiles, he tenido tiempo para tener hijos. Tuve dos relaciones estables, una de ellas desembocó en un matrimonio que continúa. Mi salud era perfecta y podría habérmelos permitido económicamente. Simplemente, no los he querido. Son muy desagradecidos». Aunque me quede sin regalo, no va desencaminada. Por lo único que tienen un pase las criaturas, sabido es: porque, de ser hijo, no hay quien se libre.

En espera de lo que ha de venir

Poco antes de terminar la ronda inicial del rey con los candidatos tomé una caña con Román Bono, aquel presi de la Cam que, cuando era mucho lo que había que representar, lo hizo como Dios pese a enterarse de lo que ocurría y no cobrar ni siquiera dietas por asistencia a los consejos creo. Parece ciencia ficción. Sin salir de ella, me preguntó por el pronóstico y, aún con mi contrastada incapacidad como apostante, respondí que elecciones. Se hizo un silencio y creo que pensamos lo mismo. Que habernos decantado por unos dry martini tampoco habría ayuda- do puesto que ni los que llevan el asunto son capaces de saber qué ocurrirá. La situación se ha vuelto tan peculiar que hasta alguien como Iñaki Gabilondo la parodia. Con su autodenominada penúltima energía, el periodista de cabecera para no pocos profesionales inicia un programa sobre los adelantos que han de venir al hilo de Cuando ya no esté. El mundo dentro de 25 años. Aprovechándose de ello, Buenafuente lo invitó a compartir la mesa de un presunto informativo en 2041, que el maestro de las ondas arrancó con la siguiente noticia: «Pedro Sánchez reinicia la ronda de contactos para formar Gobierno». ¿Será una exageración o se quedarán cortos? El caso es que solo con un par de meses metidos en harina ha dado tiempo a que a los reyes se les vea el plumero por el sumidero cortesano y a corroborar que al pretendiente socialista le cuesta sumar y que, cuando aún le queda un mundo para que le cuadren las cuentas, comienza a restar por su entrega al coleguete gallego. El estado de la nación hoy en día es un acrónimo de nada con sifón en el que Rivera engorda gracias a que la pertinaz estrategia de Rajoy no es otra que santa Rita lo que se da, no se quita. Y para que resulte difícil mirar hacia algún lado, ahí está Podemos empezando a descalabrarse. Es el riesgo de partir de esa forma la pana. Aunque lo que tiene a la gente en un sinvivir es saber qué ha sido del bebé de Bescansa. Pues debe estar donde la inmensa mayoría nos encontramos: en otro sitio.

Movilidad «A» y movibilidad en «B»

Tras ver Brooklyn, hermosa película basada en la novela de un autor irlandés, un director de Cork y una portentosa actriz estadounidense de idéntico origen al de los anteriores, me vino la escena de la mañana en la que dejé atrás mi ciudad. Mis padres hicieron los 120 kilómetros hasta Córdoba en el coche para volverse por su cuenta mientras yo seguía rumbo al Mediterráneo, no sin antes propinarnos abrazos y advertir a continuación por el retrovisor cómo les caía lagrimones en descarnada y armoniosa competencia con los míos. Me fui porque llevaba un tiempo en paro, acababa de aprobarse la Carta Magna, vivíamos en plena ebullición, corría el riesgo de tirarme por otros derroteros seductores cuando lo que perseguía era seguir siendo carne de Redacción e irme con el ejemplar recién salido a la cama –si además venía alguien más, ya ni les cuento– y, periodísticamente, lo que había por allí era aún menos atractivo que Donald Trump. Al segundo día de insertarme en el paradero escogido supe que era mi sitio y el llanto se borró del mapa.

Años después, la papelera Holmen invitó a componentes de esta casa a ver sus instalaciones en Estocolmo y a pescar cangrejos. Otros tiempos, sin duda, en los que hasta los animalitos estaban convencidos de que andaban p ́alante. El relaciones públicas, que parloteaba lo escandinavo como Abba, era de Málaga. En su caso se dio el piro por un amor de otro tipo. Se ligó a la famosa sueca de los sesenta, se casa- ron y, a los nueve meses de comer espetos, soltó ella que hacia los fiordos o nasti.

En la necesidad de comprobar si uno es capaz de salir adelante por sí mismo, de montarse su propia vida reside el meollo de lo que soñamos ser. Por eso cada día que pasa resulta más sangrante tener chavales desparramados en destinos forzados, mochileros diplomados que pelean con amiguetes por ver si consiguen servir y limpiar la cocina en cualquier Burger de Londres o de Dublín. Es lo que la galana llamó movilidad exterior. Esperemos que, a la mayor brevedad posible, lo pruebe.

El que ampara los incendios

Cuando se refieren a él,buena parte de los simpatizantes del pepé no lo pueden disimular: Pablo Iglesias les cae de fábula. Mejor que Willy Toledo posiblemente. Y, lo que sí es significativo, tampoco ocultan cierto hastío, una porción de vergüenza y la fatiguita que les provoca esos chanchullos que han perforado la moral de la plebe. Aunque con la de escándalos que llevamos, la perforación se antoja blanda.

Dos escenarios con sesiones paralelas nos han llenado la vista. Uno en Palma, el otro en la carrera de San Jerónimo. Y las consecuencias son de lo más divergente. Para el cuñado y yerno de reyes, la senten- cia está echada. En adelante no podrá salir a la calle, salvo en Ginebra y si anda deprisita, curiosamente el mismo país en el que anida el factor Bárcenas para los restos. Y sin embargo el máximo responsable de la organización, en la que los tesoreros han sido contables al estilo Rus y en la que una pléyade de figuras a los que el ungido por Aznar se comprometió a emular andan en la trena o camino de ella, no solo sale a la calle tan campante sino que amenaza con la renovación de su contrato al frente del combinado nacional. Cuando los creyentes de la formación suspiran porque Soraya, Feijóo, alguno de los novísimos –sin contar a Arenas, que ahí seguirá– o el sursum corda giren el rumbo para que se transforme la atmósfera reinante tan irrespirable ella, el ínclito pregona que es un activo a mucha honra y que, de aquí hasta que el nudo traiga el desenlace, será un moscón que revolotee sobre el resto de moscardones del espectro viviente. Ha anunciado que estará al acecho y que in- cluso no piensa ni dejar a Sánchez a su aire. Los suyos, en cambio, sí que parecen dispuestos a continuar en primer tiempo de saludo, saludando con aspavientos su socarronería desde el escaño y perpertuando de ese modo la presencia de quien por ignorancia o por todo lo contrario ha contribuido a atizar los incendios que nos rodean y a que las especies autóctonas estén buenas. De acuerdo, vale que su cohorte no intervenga. ¿Pero y el Seprona?