Tampoco es preciso castigarse

Hoy era el día previsto para que su hija se pusiera de parto o se lo indujeran puesto que la criatura no se ha colocado en la mejor de las posiciones. Nada más despertarme escribo al padre con la pretensión de saber qué tal va todo. Hemos estado décadas hombro con hombro para que los gajes del oficio no nos pillaran desarmados. Me contesta que se dirige a un acto por el sur, mientras que el acontecimiento del que su cabeza no puede desprenderse reside en el norte. La nuestra trajo al mundo a los gemelos en plena pandemia y el padre de los mismos estuvo enviándonos crónicas como si no existiese un mañana dado que era el único que podía acceder al hospital. Cuando recibimos la imagen de la madre en la cama con uno en cada brazo en una composición llena de ternura no necesitábamos nada más para tenerlo todo. Hoy en día en que dos primos se han sumado a la filà, no pocos domingos se han convertido en un guateque donde no hace falta decir quiénes llevan la voz cantante. Con los de cinco años recién cumplidos puedes tener conversaciones de una enjundia que con ciertos gestores públicos cuando se trata de dar explicaciones sobre algo en lo que han decidido pasar de puntillas, hasta el jardín de infancia les viene grande. A uno de los hermanos mayores, de cabellera poblada y ensortijada, me da por preguntarle qué jugador de la selección española se pide, a lo que responde: «Cucurella». «¡Ah! Claro, por la melena». «¿Y tú, abuelo?». «Rodri». «¿Tiene el pelo gris?». Será canalla, pensé. Y con qué rapidez se revuelven. La misma con la que definen a Trump nada más verlo cruzarse por la pantalla, ellos que ante cualquier peli lo primero que preguntan es si el que sale es malo. En el caso del hacendado de azotea anaranjada, quienes le rodean le han dado el dilema resuelto. Pero, ¿cómo pensarán cuando cumplan la mayoría de edad ahora que ves a chavalotes elevando a los altares las marchas franquistas o en un país cercano a colegas entonando sinfonías hitlerianas? Tampoco es preciso castigarse a base de bien. Recordemos que «La bola negra» anda batiendo récords de asistencia con gente joven a raudales que salen tocados del ala al imbuirse de lo jodido que es cuando una manera de pensar te impide por la fuerza vivir tu vida. Es de esas proyecciones que conducen a quedarse en la butaca una vez terminada para repasar la historia y digerirla, salvo que se acumulen batallitas existenciales teniendo en cuenta que tras cerca de tres horas allí sentado la próstata también se las trae. Contra la polarización, sesión continua de nietos. Noto nervioso a quien está en puertas de tener el primero y le deseo que todo vaya de dulce: «Con que Supremo no meta mano a una ley global de nietos, tú tranquilo».



Un seductor errante

Rebuscando en la colección de vinilos doy con uno de Facundo Cabral. Corría el verano del 74, el del bautizo profesional, cuando el redactor jefe me encargó entrevistarlo. Estuvimos tres horas dale que te pego. Su vida cambió el registro, surgió dejar colgado lo que había empezado a plantar propulsado a seguir su gira por esos mundos de Dios. Justo antes de nacer el padre se dio el piro y cuatro de sus seis hermanos murieron de hambre y frío mientras él se quedó mudo sin pronunciar palabra hasta los nueve años. La madre le dio cuarenta pesos y lo puso en el tren. Era la manera de salvarlo de la miseria.

     Transitó hasta Buenos Aires solo durante meses con el propósito de presentarse ante Perón. Aunque parezca de novela, lo consiguió y Evita le proporcionó casa y empleo a la familia. Tras el internado en un reformatorio donde un cura lo bendijo con la lectura de Borges y alguna que otra propuesta espiritual proveniente de La India fue sacando cabeza como cantor y compositor hasta hacerse un nombre. Cafrune se empeñó en que le hiciese una letra, lo que le daba mucho pudor hasta que un día que se encontraron teniéndola ya en la cabeza, tomaron vino de más, la arrulló en un boliche medio vacío, el destinatario se la pidió al día siguiente para grabarla pero él ya no la recordaba. Unos conocidos los invitaron a cenar y la anfitriona le regaló la canción en un casete. Es la composición que le cambió la vida y lo llevó a actuar en confines impredecibles: «No soy de aquí ni soy de allá».

     Solidificado su reconocimiento internacional, cuatro años después de la entrevista que le hizo a uno quedarse prendado se enfrentó al accidente aéreo en el que se dejaron la vida su mujer y su hija de un año provocándole una depresión profunda con pérdida temporal de la vista, olvido de los ocho idiomas que hablaba y, con posterioridad, severas complicaciones de salud y una progresiva ceguera que desafió subiéndose a los escenarios hasta el final de sus días sin dejar de disfrutar de los atardeceres, los clásicos y una reunión de amigos. Para quien no lo sepa, no se lo va a creer, pero este hombre que era un pacifista, un alma libre sin propiedades de ninguna índole murió acribillado a balazos en Ciudad de Guatemala a manos de unos sicarios que buscaban ejecutar al empresario que lo contrató y que yendo al volante, en cambio, se salvó de la emboscada. A Facundo Cabral le dio tiempo a exprimir al máximo su fecunda existencia, la de un pibe analfabeto que se puso en marcha con el único empuje de evitar mirar hacia atrás. No me lo volví a cruzar y nunca he dejado de verlo.

La revuelta

Horas antes del anuncio, Ester Muñoz lo tenía claro: «No me creo las elecciones del 29N; Sánchez es un cobarde y tiene mucho miedo como el temor a perder el poder en un contexto marcado por investigaciones judiciales que afectan a su entorno y a su partido. Va a aguantar hasta que no le quede más remedio que convocar». Nada más tomar cuerpo la criatura de nombre sufragio, el jefe de la portavoz del pepé en el Congreso señaló que el eje de todos nuestros males adelanta las elecciones «por temor al calendario judicial que aún tiene por delante». Con dos vaticinios de este pelaje acierto hasta yo.

     Aunque habría que tranquilizarse, no parece que los tiros vayan por ahí. Pero el que se la juega es Feijóo; el otro se supone que está en el descuento. El viento que sacude tanto a Europa como a América ya sabemos la facha que tiene, mientras que la izquierda de la izquierda no da con su sitio salvo quizá Mélenchon que para eso describe el Mayo del 68 como el de su «alumbramiento al mundo de la política» por lo que trienios acumula intentándolo desde que dio de lado a los socialistas. Y mientras que los de su ala se entretienen en componer el puzle, las jornadas aquellas bajo el signo de «1936: La guerra que perdimos todos» de la que algunos ponentes salieron por piernas se ha recompuesto y está dando de sí todo lo que era de esperar. Ni más ni menos que Aznar abrió camino para advertir que «si la coalición de Gobierno actual repite, el sistema constitucional y la monarquía se terminan». Saleroso que es el hombre. Empresarios de alto copete se dejaron ver a través de su propio foro nada más salir el anuncio desde las escaleras de La Moncloa y alguno que otro de forma anónima aprovechó para filtrar que «de gobernar Feijóo, van a quemar las calles». La moderación, ese bien que igualmente escasea.

     El aspirante a quien se le escapó el cetro de entre la yema de los dedos en el verano del 23 se ha comprometido a aprobar en el primer mes al frente del país un plan para promover la construcción de un millón de viviendas durante la legislatura que se viene encima. Seguro que sabe que esa no es solo la cuestión, sino que ha implosionado el sinvivir de muchos de los que habitan en alguna. Dentro de un corral de vecinos, cinco se convirtieron en apartamentos turísticos de lujo hasta el punto de contar en las terrazas con jacuzzis que son sintonizados a altas horas sin que ninguna autoridad se haga cargo de la convivencia perdida. Broncano, que va sobrado, y se toma a chufla la suya con los competidores y le dio la enhorabuena a Íker Jiménez por su victoria en la franja en que rivalizan y porque «quizá en diciembre sea ministro del Interior». Pues sí, lo que nos queda por ver.

El itinerario

Ciento treinta años atrás se proyectaron en el Price las primeras imágenes en movimiento y, a los pocos días de aquel 11 de mayo de 1896, se pasaron unas de los hermanos Lumière en los bajos del hotel Rusia en la Carrera de San Jerónimo. Y a esas calendas corresponden las dos primeras películas al parecer hechas aquí. La primera es una de soldados españoles con bigotazos, muy viriles, y bailando todos agarrados, con lo cual estaríamos de alguna forma ante la primera cinta gay de la historia. No se puede negar que somos pioneros en descubrir mundos ocultos.

     La creatividad acumulada a través de los siglos no tardaría en hacerse notar igualmente a bordo del metraje. El espíritu que irradió la Institución Libre de Enseñanza en la vocación artística conduce a pensar lo que hubiera sido de partida el cine español si Buñuel no se hubiese tenido que ir y, con el cinematógrafo, el resto de áreas radiantes. Previamente, el mejicano de Calanda salvó la vida de Sainz de Heredia con lo complicado que resulta hoy en día que los opuestos lo consigan en el fragor de una simple discusión. Unos hachas sí que somos batiendo récords. Berlanga se convirtió en el director al que censuraron unos cuantos regímenes: dictadura y monarquía antes del 30; la República en el 31 despeñando «Las Hurdes» y más tarde «Viridiana». Marco Ferrari, cuando venía a España, solo caminaba por una acera de la Gran Vía porque en toda la otra debía los zapatos, un traje que se hizo, las comidas… Azcona llegó al rescate desde «La Codorniz» y juntos escribieron «El cochecito» y «El pisito». Como saben esta última trata de una pareja con 12 años de relaciones a sus espaldas, sin horizonte de encontrar casa él vive realquilado y los amigos le insisten en que se case con la inquilina a la que le queda poco de vida para de ese modo heredar el alquiler. El Gobierno ha estado a punto de sacar un tercer decreto con esta fórmula y, aunque quieren afinarla, Puigdemont se ha ido a dormir con Pikolin acariciando la mudanza.

     Dos historias estas que abocaron a Berlanga a concluir que necesitaba endosar mayor acidez a las suyas, de donde nace la sociedad con el guionista riojano y llegan «Plácido», «El verdugo» y demás hasta dar con «La escopeta nacional» donde montaba una coreografía casi musical, con la cámara moviéndose, entrando y saliendo por habitaciones sin los medios tecnológicos de la actualidad. Tras aquellas dos, Saura compone «La caza» a mediados de los sesenta, que tampoco es manca, con la impactante metáfora de los tiempos que aún se estaban viviendo, esos que hoy jalean algunos mocitos como si aquello fuera el jardín de las delicias. Cineastas concatenados que eran reconocidos en el exterior y desdeñados dentro hasta donde fuese posible. No obstante, los aldabonazos se sucedieron. Dejó constancia Cela en «La colmena» pasando la bandeja entre la necesidad que consume a los poetas y el dinero fácil que sale de los negocios ilegales a cargo del otro bando. Y qué decir tiene que, para que te estalle la cabeza, está ese laberinto rural alrededor de las insalvables clases sociales para las que el futuro es un cristo en la adaptación de «Los santos inocentes» de Delibes. A decir de Fernando Trueba, «La niña de Tus ojos» es la historia del cine español, de los que tiraron para Berlín durante la guerra y donde se demuestra hasta qué punto, con ingenio, se es capaz de sacarle la sonrisa a una aventura repleta de penuria y contrariedades.

    Desde que las populares españoladas pasaran a mejor vida hay paisanos a los que buena parte de nuestro cine se le hace bola. Y en estos días ni les cuento.  

Las ganas de vivir

La familia afronta este fin de semana un desafío. Un montón de plebe se reunirá en torno a la celebración de la unión de una sobrina que para festejarlo ha elegido hacerlo a bordo de un barco que navegará por el Pisuerga a lo largo de unas cuatro horas. Su abuela, junto a la pareja, es la gran protagonista de la cita. El 1 de noviembre alcanzará los 108 años de edad, siempre ha sido la que ha llevado la voz cantante en un entorno que continúa capitaneando pese a preguntarse a menudo en voz alta «pero, ¿qué hago yo aquí todavía?», lamento que desmiente a continuación con las ganas de vivir que exhibe a cada paso. Para salir a la calle utiliza silla de ruedas sin dejar atrás la botella de oxígeno. Cualquiera puede pensar que ese día los novios irán a verla en la previa y que ella se quedará tan campante con una cuidadora hasta que regrese la tropa y se lo cuente. Ya, ya. Esa es la cuestión.

     Y, con lo que se avecina, en nada dejará de ser una rareza. En torno a nuestras vicisitudes se hace saber que la población centenaria se multiplicará por 12 en España durante las próximas cinco décadas. De las 15.911 existentes en la actualidad, al alcanzar el año 2072 se rebasarán las 226.000, según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística. Como supondrán, el 80% de las personas que lo consiguen son mujeres. Por completar el mapa, para 2050 un tercio del vecindario superará los 65 tacos y los mayores de 50 serán casi la mitad del censo. Menos mal que para entonces los próceres ya se habrán puesto de acuerdo y el problema de la vivienda estará arreglado. Tengan en cuenta que, si decae el ánimo, no llegaremos a ningún lado.

     Vuelvo adonde pasto. Con los cien cargados en la mochila, la señora Esther vivía independiente en su casa. Los efectos de una caída propiciaron que los hijos se repartiesen el mes y que los dos que viven a seiscientos kilómetros cumplan rigurosamente con su turno. La rabia por la autonomía perdida la compensa con la presencia ininterrumpida de los cuatro, que no hace falta decir le da mucha vida. Conociéndola como la conocen, semanas atrás las hijas comenzaron a indagar sobre su pretensión de cara a la movida que se viene encima. La señal pulsada no ofrecía dudas: ella quiere estar donde estemos todos. Visto desde fuera puede parecer increíble teniendo en cuenta los inconvenientes que pueden presentarse a bordo para alguien en su estado, pero con la cabeza en una condición envidiable. Esta semana el acompañamiento recae en los hombros del hijo, de modo que todo quisque anda pendiente de la negociación. Las últimas noticias es que lleva una propuesta consistente en que venga al barco, pedirle al timonel que postergue la salida media hora hasta que ella se dé un baño de masas y que luego consienta regresar con una cuidadora. Dentro del ceremonial que aguarda a nadie se le escapa el verdadero reto de la jornada. Que lo difícil va a ser ese «sí, quiero».

También los hay así

España es campeón del mundo y tomó el relevo de una selección que fíjense por donde ahora no recuerdo cuál es, aunque por razones obvias los ingleses siempre estarán en el fondo de cualquier palmarés que se dispute. Valdano es de los que considera que en los estadios de la geografía en la que se inventó el juego es donde este se vive con mayor intensidad y pasión. El hijo con el que apenas hablo de fútbol y sí de cine sobre todas las cosas recomienda que no me pierda un documental sobre Kenny Dalglish. Lo primero que advierten sus creadores es que contiene escenas que pueden resultar angustiosas. Así que permítame, con perdón, que se lo destripe.

     Natural de Glasgow, desafiaba a las calles de tierra amansando la pelota. No existía otra distracción en su cabeza. Como buena familia protestante seguían al Rangers. El técnico del gran rival lo vio en los juveniles de un equipo de barrio, le hicieron una propuesta, creía que su padre no lo querría con la enseña católica y lo que oyó fue: «Ahora donde debes estar es en el Celtic». Con 17 años se unió al grupo. En la 67-68, los de Jock Stein venían de doblegar al Inter en la final de la Copa de Europa. Billy McNeill, el capitán, le comentó al chaval: «Te recojo por la mañana». Fue el mismo que en el primer derby se acercó a él diciéndole: «Este penalti lo tiras tú». Y como haría a lo largo de su carrera lo celebró alzando los brazos, las manos abiertas y una amplia sonrisa, a veces sin correr siquiera. Igualito que ahora, que despliegan una coreografía repleta de cucamonas en celebraciones a las que no se les ve el fin. Hay abuelos que se las esconden a los críos para que no pierdan el oremus antes de lo que corresponde. 

     Tras perder las semis con el Atleti pensó que debía irse si quería ganar «La Orejona», pero el míster casi se mata en un accidente de tráfico y con todo lo que había hecho por él decidió quedarse. A los tres años fue Stein quien le proporcionó destino. Keegan dejó el Liverpool por el Hamburgo y el escocés cogió su dorsal. Pocos daban una libra porque lograse hacer olvidar a Kevin. No le duró un asalto. Fue magnético. En la primera temporada, Copa de Europa a la butxaca con tanto de su propiedad en medio de una ciudad que a principios de los ochenta sufre lo que no hay en los escritos. El desempleo es una plaga y casi arde el Mersey. Los altercados marcaban las horas con la mitad de habitantes sin rascar bola. De haber podido, los conservadores de Thatcher habrían eliminado Liverpool del mapa. Solo había una alegría. Incluso Paul MacCartney, del Everton él, suspiraba por Kenny. Para George Best, el mejor jugador que había visto era Di Setéfano y, a su entender, Dalglish estaba a su altura, aunque nunca se le haya incluido por los historiadores en el cogollito de los súper. Cuando deje este mundo lo mismo lo revisan.

     Con 34 tacos y un contrato de cuatro más recién firmado le proponen convertirse también en entrenador una vez tenga lugar el desenlace de la temporada en Bruselas frente a la Juve. De modo que coge al equipo con la tragedia de Heysel encima y aquello no arranca. Cuesta. Queda rezagado y los tabloides lo machacan. Se lesiona el goleador por lo que el tramo final decide jugarlo, remontan y se hacen con el campeonato con otro gol decisivo de sus botas, convirtiéndose en el primero en lograrlo en la historia a lomos de la doble faceta. Por si no fuera suficiente, la angustia se multiplicaría con los 97 aficionados aplastados contra las vallas de Hillsborough. Puso a las víctimas por encima de todo, se convirtió en el estandarte y, aunque hubo más títulos con dedicatoria especial, lo ocurrido lo trastornó, no se sentía bien a la hora de tomar decisiones, pensó que no era justo para el club, llegó a su límite y lo dejó. Es el único jugador de esa época ante el que hoy se rinde la grada de Anfield.

Bajo resguardo

Mazón existe, no fue un mal sueño. Volvió a comparecer en el Congreso a fin de abstenerse de contestar algo reseñable. Bajo citación para explicar sus hipótesis sobre la gestión del fatídico 29 de octubre, todo se lo dijeron a él. La cara lo dejaba claro. ¿Qué? Interiorizado lo tendrá. Los conservadores del estado que presenta el exmandatario fijo que más o menos le dijeron: «Aguanta. Pon cara de póker. No entres al trapo. Tú, el latiguillo. Solo el latiguillo». Hincó los codos, juntó las manos, un par de dedos dispuestos bajo la barba mientras la mayoría cubría por si las moscas esa boca bien cerrada. Que todos supieran la imposibilidad de resquicio alguno por mucho que llegase el turno de Rufián, que llegó. El resuelto lanzador de partituras inmisericordes entró en escena con un par de requiebros dejando de manifiesto lo que le costaba estar allí viendo a un «tipo» que encima «luce buen color». Fue el preámbulo que dio paso a tildarlo de «inútil, negligente, psicópata, homicida imprudente que solo merece estar en la cárcel». La bancada proclive al reo de la situación se alteró contra el fustigador en plan microturba, aspecto que hubieron de reconsiderar al no hacer preguntas el portavoz más o menos independentista limitándose a trasladar aquellas proporcionadas por las víctimas. El destinatario de la angustia y el agobio que envolvían las cuestiones planteadas por los afectados siguió la retahíla imperturbable, sin dejar de clavar la mirada en quien le lanzaba todo ese quejío que era, sin duda, el despiadado de la película, El género humano cuenta con el recurso de sacudirse las culpas y hacerlas recaer sobre quienes le señalan, aunque en algunos casos debe costar lo suyo. Como el documento enviado al juzgado de Catarroja sostiene, «en cualquier caso solamente pudo intervenir a partir de las 20 horas y no hay pruebas de que evitar ese pequeño retraso hubiera salvado vidas». Cualquiera sabe si los integrantes del tesejota que descartaron investigarlo por falta de indicios seguirían la sesión de la Cámara Baja y si se alegrarían del color de cara que presenta el diputado que a día de mañana podría convertirse en senador para continuar bajo resguardo junto a quienes le amparan en este recorrido. A fin de cuentas, siguiendo el curso de su actuación durante la tragedia y el desplegado a continuación con su actual estatus, él no ha hecho nada. Efectivamente, nada de nada. 



Maneras de crecer

Con motivo de la inauguración del curso escolar me empapo de la visita realizada por Letizia a su cole de la egebé. Son las maniobras que depara el subconsciente llevándome a que pase jornadas completas del Bachillerato en el mío mientras presuntamente se soba. A la reina la reciben en la puerta las autoridades, entre las que sobresale el alcalde al que días antes se le ha visto el plumero tras desdeñar empaparse de lo ocurrido y asegurar que no son malos chicos los componentes de la peña que se lió a golpes con los nacidos para sufrir. Más tarde intentó arreglarlo sin mucha fe.

     A la destacada visitante le explicó cómo curra con el alumnado de Sexto de Primaria un nominado a mejor profe nacional señalándole que andan aprendiendo a desarrollar elementos 3D con aplicaciones como TinkerCad y a proyectarlas con ordenadores y hologramas. Madre del Amor Hermoso. Si se ha improvisado para impresionar, con este estudiante sito en la España de los sesenta lo han conseguido. A continuación, la hoy en día residente en La Zarzuela se dio un garbeo por uno de los gimnasios en el que los chavales participaban en un programa de bienestar emocional del centro como forma de alternativa al recreo de toda la vida y en el que asistió a una sesión de yoga. En el mío, que bendito sea, lo más cercano a esa secuencia era la de la parte de la tropa escabulléndose hacia el final de la cola y haciéndose el longuis con el fin de que pasara de ella el cáliz de saltar el plinto y el potro, tanto monta. Pero con la sangre periodística que corre por sus venas y de que no se le escapa una ha de estar al loro de que si alguien precisa relajación mental y paz interior es el profesorado. De alcanzar el nirvana qué quieren que les diga. Habrá que dejarlo para otra vida.

      Ya no podré cumplir la ilusión de visitar aquellas aulas puesto que no existen. De haber sido alteza igual las hubiesen recreado en 3D. Algunos fines de semana la familia recargaba pilas en playas cercanas que alcanzábamos en coches de amigos de nuestros padres, Antonio y Antoñita entre ellos. Cuando falleció, él se casó con la mejor amiga de la mayor de sus hijas y, con la herencia de fondo, no volvieron a hablarse. Se me vino a la mente al toparme con los hermanos que han terminado en el juzgado al ser arrojadas las cenizas sin reunirse ambos según el deseo expresado por la madre y tras distanciarse los vástagos con la maldición del reparto. Pero lo que más miedo me dio fue la imagen compuesta por unas manos tensionadas en disputa por la urna funeraria que venía firmada por IA. Acerca del futuro de las criaturas que están arrancando y de esas otras que observan un recuerdo más vivo de su infancia que de lo que hicieron el domingo anterior, lo único seguro es que esta mujer desdeñada por sus hijos descansa en paz. 

Abstinencia demoscópica

Borja Sémper salió al estrado montado por el partido a dar doctrina en su condición de portavoz, expandió que cuando Feijóo sea presidente ninguno de sus ministros utilizará el insulto y se detuvo ante aquello sobre lo que había asegurado que jamás entraría al trapo: «En el año 23 tomé una decisión y es no comentar las encuestas. Y tampoco lo voy a hacer en esta ocasión, pero sí quiero decir algo…». ¿En qué quedamos, hijo mío?

     Con lo difícil que resulta morderse la lengua ante salpicaduras que escuecen y más para quienes su cometido se centra precisamente en ponerla en danza y lo fácil que es izar compromisos en plan «bienqueda». Bien, pues en esto se resume -quizá no es el término apropiado- lo que Borja advirtió que nunca haría: «El Cis no es una empresa cualquiera. Es un organismo público que gozaba de mucho prestigio por su trayectoria y por lo que representaba. Es un chiste. Y es una broma que a día de hoy estemos así cuando ha quedado acreditado de manera técnica por profesionales independientes de una reconocida solvencia que el Cis está siendo utillizado de una forma partidista y no ha habido ningún cambio de rumbo. ¿Es que alguien se cree ya lo que dice el Cis? ¿Tenemos que tomarnos con seriedad, de verdad, que después de los casos de corrupción, después de lo que ha sucedido en Ceuta eso signifique que al Gobierno le va bien? ¿Es que vamos a participar todos de esta ficción? Otra de las cosas que me ha llamado mucho la atención, que acredita también que esto es una broma de mal gusto porque la pagamos entre todos, es que el Cis no ha preguntado, y he ido expresamente a buscarlo, qué opinan los españoles sobre la gestión del Gobierno de la crisis de Ceuta. Pero, ¿en qué cabeza cabe? Nuestra posición en relación con el manoseo que ha sufrido el Cis es conocida. Cambiaremos también esto. Recuperaremos el prestigio de muchos organismos públicos, entre ellos el Cis, pero no vamos a participar en darle apariencia de veracidad». ¿Seguro?

    Es una pena no recordar en qué fecha precisa del 23 dijo lo que dijo porque, como bien saben los parroquianos, en ese año se produjo la hecatombe del pesoe y la gran expansión del pepé en los tronos autonómicos, la pirueta de Sánchez convocando generales al día siguiente y el zafarrancho de sondeos en los que se promulgaba la toma de Feijóo del recinto monclovita, salvo los cálculos del Cis que fueron a la postre los que, con diferencia, más se aproximaron a lo sucedido. Jo, qué fastidio.

Cóctel explosivo

No es fácil quebrar a Óscar Puente. Muchos lo han intentado en distintos foros y pocos lo han conseguido. Cristina Pardo lo cogió por banda y se las hizo pasar canutas en Antena 3. Al ministro más sandunguero se le torció el gesto y balbuceó a su modo cuando hubo de dar respuesta sobre si veía apropiadas las prolongadas vacaciones del jefe con el país en crisis galopante por la invasión de una parte de su territorio. Debieron entrarle ganas dado el estilo molón -y faltón para los ensartados- que practica en redes, pero tampoco iba a soltar el hombre: «¿No tiene una pregunta más fácil?».

     De modo que el turista a pique de empadronarse en Lanzarote dejó atrás las fuertes corrientes marinas de algunas playas, se mudó a la meseta donde resulta que tampoco son mancas y, una vez que la naturaleza volcánica de la situación le trajo recuerdos del Parque Nacional de Timanfaya, se ha puesto manos a la obra deparando una entrevista tras otra alejado, eso sí, de territorio comanche. Cintora lo tuvo enfrente a buen recaudo y luego desplegó un «Post Mañaneros» destinado no a ensalzar al invitado, tranquilos, sino a la entrevista. Mientras tanto Ana Rosa clamaba con que en Telecinco están castigados, lo que en su caso no es sino un brindis al sol puesto que ella realizó en su día el desembarco y ahí continúa con Ceuta por bandera aunque Pedro le niegue trescientas veces. A diferencia la pública en la que Broncano espetó en la presentación de la temporada que «según lo que suceda en las elecciones el año que viene me podría reemplazar Morante de la Puebla», Mediaset ha ampliado el universo Iker Jiménez con mayor presencia, en el que uno de los cinco días irá de nueve de la noche a una de la madrugada para que haya tiempo de poner al Supremo por las nubes, supongo. Como para no ver fenómenos paranormales.

     En el otro extremo de la parrilla, Silvia Intxaurrondo ha iniciado el ciclo poniendo toda la carne en el asador. Se pierden en la nebulosa, si es que alguna vez existieron, aquellos programas en los que los conductores del espacio se dedicaban a exponer hechos, datos contrastados sobre la mesa para que los espectadores sacasen sus propias conclusiones mientras que diversos entendidos deslizaban puntos de vista. Hoy, salir indemne, requiere contorsionismo mental del bueno y ni aún así. Si estará encanallado el clima que ha echado a correr el balón y Mourinho apenas levanta la voz, No sé cómo va a terminar esto. Según la última encuesta del Cis, la toritilla de patatas supera a la paella como el plato más representativo, con un 62,7% de preferencia para el primero y un 61,1% para el segundo. Y de postre, otra de polarización.