Con «El factor humano» John Carlin trazó un perfil de largo alcance de Nelson Mandela, ese con el que el activista de activistas se las ingenió para evitar que los dos bandos irreconciliables de su país se molieran a palos y que, inspirando el más difícil todavía, avanzaran unidos con un mismo objetivo hasta convertir el ensayo primordial en un cambio social inimaginable. Morgan Freeman y Matt Damon hicieron el resto.
El nieto del prisionero más icónico de finales del XX, embutido en un terno azul impecable compuesto de chaqueta cruzada, pasó por España un mes atrás. Es el encargado de divulgar su legado estando como está al cargo del Mandela Institute for Humanity entre cuyos objetivos figuran empoderar a las nuevas generaciones, transformar los sistemas educativos que en aquellas latitudes es básico -como nos descuidemos en las nuestras, tú verás- y erradicar la desigualdad trazando para ello alianzas globales por un tubo. Ndaba visitó por primera vez en la trena al yayo con ocho años y dijo que de mayor le gustaría vivir en una de ellas porque se había topado dentro con una piscina que habían colocado al alcance del interno estrella del centro a ver si de ese modo se reblandecían sus principios distanciándose del movimiento que representaba, pero pincharon en hueso. No era fácil dársela con queso o igual no había aprendido a nadar, vaya usted a saber.
Cuando Madiba salió en el 90 se fue derecho a casa del hijo, mandó a la pareja talludita a estudiar tanto como tenían colgando y esbozó que, de la descendencia, se encargaba él. El crío abandonó el sueño ilusorio de residir en prisión, pero se enteró de lo que vale un peine porque, al contrario de lo que suele ocurrir durante el jubileo con los retoños, al presidente en ciernes le dio por ponerse de lo más estricto con lo de hacer la cama, el cuidado de las prendas y demás hasta el punto de pergeñar meter en cintura a Sudáfrica empezando por las criaturitas a mano: «Con la habitación limpia podrás hacer los deberes». El apartheid no era moco de pavo, pero que los mocosos no dejen el piso hecho unos zorros tampoco está al alcance de cualquiera. Ahora que inaugurada la temporada veraniega los gemelos de cuatro años largos se han instalado aquí, negro sí que anda uno.
«Sí, los negros tenemos hoy dignidad gracias a Nelson Mandela. Trajo la libertad y sobre todo impidió la guerra civil, que es su verdadero legado», en la voz del continuador familiar, que en su infancia se encontró con que quien le cuidaba era una de las mayores referencias de la historia de la humanidad que no le pasaba una a la hora de poner su cuarto en orden. De ahí que a día de hoy pregone que los jóvenes han de soñar a lo grande, tanto que sus propios sueños les asusten. Como la presencia del hombre aquel, que fue mucho abuelo.