Camino de Ankara, Trump se ha hartado de mandar puyas: «Los españoles pertenecen a la Otán, pero no son muy buenos miembros. Ni están portándose bien ni juegan en equipo. Pronto se arrepentirán». ¡Peeeedro, tranquilo! ¡Por lo que más quieras!
Si te desprecia como a Meloni, que lo tendrá en agenda, no entres al trapo. Comprendemos la dificultad porque ir al choque con este sujeto es de las pocas balas que guardas en la recámara para recomponer la desgastada figura. Que el perenne manual de resistencia no te nuble la vista. Piensa que los tenemos a todos en la costa oeste haciendo tiempo para jugársela contra los belgas y que no queremos que le ocurra ningún imprevisto a Lamine ni al pequeño Keyne. Recuerda que el Ice también existe y no repara en barras. Es verdad que la directora general de la Guardia Civil y Leire descolocan, pero dan para lo que dan. Los que han dado hasta en el cielo de la boca desde que se produjo la intervención en la Fifa del jefe supremo de los negocios han sido los clásicos comentaristas de las cadenas británicas compuestos en su mayoría por ex jugadores de relumbrón como Thierry Henry y otros coincidentes en el diagnóstico: «Apesta por completo». Investidos de analistas introducen el bisturí en el juego que se practica en el mundo mundial, geopolítica incluida y de las Jons si nos lo traemos a nuestro terreno que está que arde como en Andalucía, que ya quema.
El encuentro en tierras turcas ha quedado constreñido a una cena de gala y media jornada escasa de tarea con tal de que al magnate de los ejércitos le dé el menor tiempo posible a montar el número y mandar el invento adonde le apetece, que para eso Estados Unidos es el campeón. Teniéndolo grabado en la frente estaba convencido de que se llevaría como trofeo hasta el cónclave castrense al delantero indultado, un chaval al que la forma de proceder de este troglodita lo abrumó dejándolo sonámbulo y sin respuesta sobre el césped a la hora de la verdad. No debe ser fácil quitarse al magnate de la cabeza tras alardear de su actuación desde los despachos igual que para los amantes del «jogo bonito» da grima contemplar en qué ha quedado el despliegue de La Canarinha. Viéndola certificas que Pelé ha muerto, mientras que Trump hace lo que quiere en cualquier estadio que se le antoje. Así es la vida. Lo malo es que va a ser el encargado de entregar la copa el 19 en Nueva York. Como tenga que dársela a España igual se la cambia por el Nobel.