De la sindicalista a la gran duquesa

Nunca le pregunté a mi madre a quién votaba, aunque tengo una sospecha. En casa el nombre del coronel médico del Ejército del Aire Vicente Romero era sagrado tras haberla asistido durante la llegada de su único hijo varón que no fue fácil como tampoco lo sería el post ni el niño. Al ser el alto oficial padre de Carmen Romero y encontrarse la señora Eloisa entre las personas de mentalidad abierta para la época, no descartaría que hubiese optado por el de la rosa y el capullo en señal de agradecimiento a la familia. Otra cosa es que el coronel votara al yerno.

     Carmen, que se reveló a no tardar como una persona discreta y combativa, ha recibido un cálido homenaje en Cádiz al conmemorarse el 50 aniversario de la rama de la enseñanza de ugeté a la que pertenece, ciudad en la que estuvo catorce años siendo diputada. Sí, tras llevar unos cuantos en la Moncloa fue la diputada del pesecé Dolors Renau la primera en sugerirselo y ni corta ni perezosa se fue para Arfonzo encasquetándole que le señalase en qué artículo de la Constitución ponía que no era elegible y, dado que en la Tacita de Plata quien no se ha acostumbrado a tener alma cunera es porque no quiere, dicho y hecho. Bueno por lo menos la familia del padre contaba con orígenes en el contorno. Y lo cierto es que, por lo que expusieron los anfitriones, su actuación no pasó desapercibida. Al parecer curró incansablemente para mejorar la vivienda en el casco histórico de la capital y, entre otros flancos, se puso en danza el experimento de las escuelas taller donde los chavales podían encontrar una segunda oportunidad enfocada a los oficios. Este repaso le dio pie para propinar un palo con todas las letras a la Junta que, a su entender, «no está haciendo nada con tantos pueblos necesitando la cobertura de la efepé dual al no haber suficientes centros integrados ni convenios con empresas para que así la gente tenga que formarse en centros privados cuando adolecen de recursos suficientes». Teniendo en cuenta como anda por allí su partido, como se descuide, la repescan.

     A esas horas, la plantilla de Airbus anda reivindicativa en El Puerto de Santa María y me asalta la locución de una emisora que recoge lo siguiente: «Felipe González ha calificado de inaceptable la postura de la compañía en el actual contexto económico». ¿He de revisar el oído o ha vuelto a ponerse la pana de abogado laboralista? Tiene explicación: el presidente del comité de empresa se llama así el hombre. El otro se encontraba por esas fechas departiendo con Cayetano Martínez de Irujo, Bertín Osborne y compañía en torno a la memoria de la duquesa de Alba antes de que hiciera aparición Juanma Moreno tras haber convocado elecciones y, en la previa al encuentro en Sevilla de semejante cofradía, dejar constancia de no poder entender que «Felipe González sea repudiado por el pesoe». Una en Cadiz, el otro a 120 kilómetros apenas y ya ven. Más lejos no pueden estar.

A vivir que son dos días

Al ser acuarios, a los millennials que trajimos al mundo se les acumula la faena y se las ven y se las desean para dar con el detalle de rigor. Cuando habían abierto una espita a través de un vino o un vermú en condiciones, los análisis de los boomers que le cayeron en suerte sentenciaron que, cuanto menos alcohol, mejor les iría. Así que no, no lo tienen fácil y, en general, tampoco.

     Para intentar salir del atolladero, el portavoz del tridente guasajeó acerca de si se me ocurría algo para la partenaire, en el instante en el que acababa de detenerme en el concierto de Leonor Watling en el teatro Circo dentro del festival de jazz, justo al día siguiente de la obra «El entusiasmo» del Centro Dramático Nacional en el Romea que me cayó con motivo del cambio de década alcanzado. Apunté que la cita musical salía a 19 euros lo que enseguida se transformó en un signo de admiración estampado en el receptor: «¡Uy! Pues eso nos viene fenomenal». Ni que decir tiene que transporte, hotel y comida corrían a cargo de los cumpleañeros. Con posterioridad, y después de haber dado las gracias por activa y por pasiva, comenté que había pensado con que igual nos caía el ansiado crucero fluvial por el Rin y escuché un prometedor «todo se andará». Aunque no quiero ilusionarme, lo cierto es que la cosa no está para irse muy lejos.

     Como la ida coincidió con el Consejo de Ministros en el que se aprobaron las medidas anticrisis que debían incluir la rebaja a la hora de acercarse al surtidor, optamos por la Renfe a cinco euros y pico el trayecto. No tener que coger el volante es una bendición y, poder hacer el desplazamiento absorto en la lectura, otro regalo. No si al final… El caso es que llegamos a buena hora al establecimiento céntrico en el que nos alojamos en otoño para ver a Darín en la gira interminable que viene marcándose y, mientras ultimaban la habitación, nos adentramos en el mundo de Ramón Gaya que tocábamos con los dedos antes de alcanzar la recreación de lo que fue su casa estudio entre carteles conmemorativos de sus aniversarios, precisamente, láminas repletas de tradiciones grabadas a fuego y un deslumbrante abanico para alejar el sofoco. Más doloroso debió resultar quitarse las heridas internas sufridas en el campo de internamiento de Saint Cyprien y cuántos siglos pasarían para ambos desde que retratase a Gil-Albert en el 37 con ese porte hermoso, exhibido en el Pabellón de la República en la Expo Internacional de París junto al Guernica. Aún no nos habíamos alojado y ya andábamos más que reconfortados.

     Como el texto de Pablo Remón es un viaje emocional tratado con humor e ironía del tránsito de la pareja, la llegada de los hijos, los meses y meses sin dormir apenas y la crisis de la mediana edad, lógicamente nos lo pasamos bomba, mientras que la actriz y cantante junto a su alter ego, Leo Sidran, nos mecieron en una travesía íntima de baladas y distintos sabores. Para celebrarlo al día siguiente, haciendo un escorzo por Trapería, nos sugirieron unos tomatitos dentro de una atención cinco estrellas y nos metimos un caldero entre pecho y espalda. De regreso con el depósito lleno, qué gusto da ver el coche quieto y los demonios más a lo lejos.

El mejor defensor, un buen rematador

Durante el discurso para valorar los resultados electorales que estaban a punto de certificar su reinado, el candidato republicano enfatizó en torno a las fuerzas armadas que «tenemos un ejército que no queremos usar. No voy a empezar guerras, voy a frenarlas». El pasado 5 de noviembre, justo un año después de ser izado nuevamente por una masa ingente de compatriotas, Trump certificó la tesis en un foro empresarial en Miami: «Nos quedamos en un país a lo largo de 15 años, bombardeamos a todo el mundo, hacemos que todos sean desgraciados y nadie sabe por qué estamos allí. Así que dejamos claro que los días de lo políticamente correcto en nuestro ejército han terminado. No queremos entrar en guerras». Gracias, Donald, no esperábamos menos de ti.

     Tras el estallido en Irán, el Cis ha puesto su maquinaria en marcha a fin de cotejar los «temores de la sociedad actual». Y del resultado se extrae que casi el 80% de los españoles piensa que se nos puede venir encima una contienda con armas nucleares. Lo cierto es que amanece, te conectas, compruebas cómo la destrucción no cesa, el número de víctimas se dispara y que la incertidumbre hacia donde camina la ocurrencia de un par de mandatarios ha llevado la chispa a una nebulosa que ni los que la prendieron saben qué reportará ni en qué derivará más allá del escarnio humanitario instalado. Habrán de perdonarme si, ante el panorama de dirigentes políticos que nos asola, les digo que voy a echar mano de un clásico como Cantona tras entrar a saco como es su costumbre en el programa Clique del Canal + francés. Ahí va Eric: «Habría que poner en marcha una ley internacional que obligue a los presidentes que deciden iniciar una guerra a ser los primeros en ir al frente de batalla. Y que también tuvieran que hacerlo sus propios hijos, verán cómo habría muchas menos guerras». Qué manera de rematar tuvo siempre esta fiera.

     Ya hemos podido comprobar lo que ha hecho el faro de la Casa Blanca con su anuncio reiterado de que no habría más monsergas bélicas. Junto a sus reiterados incidentes, el delantero marsellés se convirtió en leyenda por su aportación en la consecución de títulos con los red devils pese al castigo que le cayó por propinarle una patada voladora en la grada a un espectador, sancionado igualmente sin poder entrar a recinto deportivo alguno. Tras reflexionar, décadas más tarde el impetuoso «siete» del United confesó: «Patear a un fascista fue lo mejor que hice en toda mi carrera». Camino de los 30, en pleno esplendor, se retiró. Decía que no quería que su declive se viese en los terrenos de juego, sino en las playas. Desde entonces ha hecho lo que le ha apetecido, incluido cine por un tubo, ¡ah! y, durante seis años, entrenador de la selección francesa de..¡fútbol playa! En vista de las voces de dirigentes continentales capaces en medio del tremendo berenjenal de poner las cosas en sitio de aquella manera, siempre nos quedará Cantona.

Al quite desde el más allá

Lo más destacado de la reciente edición de los Óscar ha sido por dos razones los que ya no están: porque, salvo mínimas excepciones, las películas seleccionadas no son nada del otro mundo y porque se ha ido un cogollito de virtuosos de los que hacen soñar a una generación tras otra. La prueba es que el domingo nuestros vástagos cuarentones andaban viendo por enésima vez «La princesa prometida» y descorriéndoles la cortina a menores de cinco años que siguieron las peripecias de Westley fantaseando con la muerte los malos. Cuando aquel otro hombre, herido por los cuatro costados, le espetó al seisdedos «hola, me llamo Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre; prepárate para morir», explotó el gallinero.

     Quién podía sospechar que el director de esta magnética peripecia, Rob Reiner, incondicional de los cuentos de hadas, se despediría para los restos víctima de una horrible desventura, descosido por una infinidad de cortes afilados en su propia casa junto a Michele, ejecutada presuntamente por el pequeño de la familia. Para trazar los prodigios de ambos la academia escogió a Billy Cristal, probablemente el mejor oficiante que haya encontrado la ceremonia de entrega que condujo en apenas nueve ocasiones. Los caminos que se entrecruzan en el universo creativo pueden ser inescrutables. El guionista de la fábula principesca, William Goldman, es el mismo capaz de engarzar «Dos hombres y un destino», el western que puso en órbita a otro de los grandes desaparecidos tras abrir con Sundance alamedas para jóvenes promesas y lo que es más importante, un encuentro que hizo amigos para siempre a Robert Redford y a Paul Newman. Ahí es nada.

     La otra gran evocada de la sesión fue Annie Hall, perdón quiero decir Diane Keaton. ¿Se puede irradiar mayor encanto en la pantalla salvo que seas Katharine Hepburn? Arropada por sus atuendos masculinos, esta neoyorkina con el corazón californiano, se entretuvo en buscar casas a su gusto hasta que para el retiro dorado se guareció en una de estilo rústico, con cine en casa y azotea cara al océano. Esos mares en los que estos y otros engatusadores que ya volaron han ido meciéndonos a lo largo de tantas décadas para que cuesten menos deglutir los desatinos que salen al paso mientras que, con la filmografía heredada siempre a mano, ellos nos guiñan el ojo desde el paraíso.

De tócame Roque

Las comisiones de investigación previstas tanto en Las Cortes como en el ayuntamiento cercado para explorar la tropelía cometida con las adjudicaciones de uvepeó se encuentran dando los últimos pasos a fin de contar con los elementos necesarios para concretar un plan de trabajo y echar a andar. Seguro que lo consiguen. Eso es lo malo.

     El goteo de aspectos paranormales destapados en torno a las circunstancias que se dan cita entre las escaleras del residencial Les Naus resulta incesante. Al reguero de otorgamientos realizados por arte de birlibirloque, que han puesto a Alicante en el mapa de prácticas sangrientas en uno de los problemas que atenazan a miles de criaturas en el paisaje patrio, se suma por ejemplo que una treintena de viviendas conflictivas permanecían en un limbo puesto que no se sabía nada de los residentes oficiales más de medio año después de entregarse los primeros manojos de llaves. El decreto vigente del Consell sobre vivienda protegida advierte que se había podido sobrepasar el plazo previsto para la pertinente ocupación. Desde que esto comenzó a airearse han surgido desde debajo de las piedras ocho ocupantes que se suman al racimo empadronado nada más producirse el alboroto. De la ristra de pisos sin vecinos como Dios manda, en quince de ellos no hay rastro todavía de sus propietarios. ¿Qué me dicen? Al parecer se ha visto merodear por las estribaciones a Íker Jiménez. Era de temer.

     Un informe elaborado por Tinsa, empresa independiente homologada por el Banco de España, coloca la provincia en el podio de demarcaciones en que las casas de nueva construcción son más inaccesibles para los aborígenes. A la hora de rascar bola se precisa destinar dos tercios de los ingresos familiares, si no a seguir tirando como se puede. El metro cuadrado ha subido en un año un 13,2% situándose en 2.790 euros, aunque quien no se consuela es porque no quiere ya que en Málaga y Baleares es peor y en Benidorm cotizan a 4.690 euros por lo que un hogar medio de 80 metros se pone en 375.000. Respecto de la hipoteca mejor ni hablamos dado que a las fatiguitas no se les ve el techo. Del estudio se desprende que la oferta residencial en el mercado tiende mayoritariamente hacia rentas altas y turismo de poder adquisitivo guapo. De ahí el escaso abanico con el que juega el común de los mortales y, en respuesta al escándalo destapado, el presidente del Consell no se ha quedado quieto y ha anunciado un plan para construir 120.000 viviendas sobre suelo de titularidad municipal en el que dejaría a los ayuntamientos decidir si libres o protegidas. Puesto que los primeros ya van a su aire, cuanto más se reduzca el cupo de uvepeós menos hay que fiscalizar y controlar. Pues sí. Está bien pensado. 

Bola va, bola viene

Los contendientes son conducidos hacia la pista central del Indian Wells Tennis Garden, sito en Austin, Texas, en un carrito típico de los campos de golf, similar al que servirá a Donald Trump para trasladarse por Mar-a-Lago, en Palm Beach, Florida, la propiedad de ocho hectáreas convertida en cuartel general para recibir a líderes mundiales y poner atacado al resto de la humanidad, que alberga una mansión en la que predomina un diseño hispano-morisco con elementos venecianos y azulejos españoles. Tiene cojones.

     Previamente a competir contra un francés de apellido alemán, el del Palmar se enfrentó a Dimitrov. Pese a lo duro que pega, el búlgaro le duró una hora. En uno de los intercambios de misiles que tuvo lugar, Alcaraz lo liquidó con un directo descomunal ante el cual a su oponente le dio la risa floja hasta el punto de que al cruzarse para tomar asiento se propinaron risueños una palmada. El arma mortífera de este chaval no solo es que lo borda, sino que al rival suele caerle de cine por lo que resulta muy difícil ponerse farruco que es lo que te pide el cuerpo. McEnroe, por citar a uno de los grandes, se muestra rendido y eso que en esta otra faceta empática John no debe explicarse cómo es capaz de lograrlo por muchas vueltas que le dé. A la hora en que el número uno de la pista estaba pasándolas canutas con el siguiente, el tahúr de la Casa Blanca subió a la red y, a fin de tranquilizar a los mercados, desplegó su artillería: «Si Irán hace algo que detenga el flujo de petróleo en el Estrecho de Ormuz será golpeado veinte veces más fuerte de lo que lo ha sido hasta ahora». A renglón seguido dio por casi concluída historia en cuestión, para qué perder más tiempo con estos mindundis si ya no les queda de ná, a lo que, revolviéndose, el adversario de los ayatolás respondió que serán ellos quienes determinarán el final de la guerra. Me da en la nariz que Indian Wells y Miami, que viene a continuación, terminarán antes.

     El francés Rinderknech cuenta en su trayectoria con un pasaje muy singular. Es primo hermano y excompañero en la universidad de Texas de Vacherot y meses atrás se enfrentaron en la final de Shanghái, perdida por el favorito con los dos a lágrima viva y donde el monegasco agradeció el título señalando que «una familia ganó hoy». Tras ponérselo muy difícil y claudicar se fue en la red para el murciano dedicándose ambos sostenidos elogios por el juego exhibido. Habría que ver al equipo de asesores presidenciales en Washington preguntándose por cómo todo un campeón puede acabar los enfrentamientos así. No lo tienen fácil para conseguir que su jugador enderece el rumbo: muy complicado que le haga caso a alguien, golpea sin medir las consecuencias, es la antítesis de Carlitos y, a la hora de elegir primo, se decantó por Epstein.

La tormenta arrecia

Será en el Pleno de la Sala de lo Civil y Penal. Ahí es donde el presidente del Tesejota de la Comunidad Valenciana llevará la resolución sobre la exposición razonada contra quien ya se le ha echado encima la espada de Damocles, elevada por la magistrada de Catarroja que instruye la causa acerca de la gestión de la dana por llamarla de algún modo. En esas horas, una semana y un día después de que su señoría enviase la petición, el ínclito dio señales de vida en las Cortes. A la salida, las cámaras siguieron su silueta, los informadores desenfundaron preguntas alrededor del proceso en curso y el oscuro objeto de deseo repitió como única respuesta «muchas gracias a todos, muchas gracias, muchas gracias». Como diciendo… 

     El diputado del escaño 98 acude a las sesiones de aquella manera cuando se deja ver. Suele asomar el magín con el pleno empezado y en buena parte de las ocasiones lo abandona con tiempo de sobra. Es natural. Ha de atender los asuntos que llegan a sus manos en la Oficina del Expresident sobre cuyo volumen da cosa pensar. Debe resultar complicado sacárselos de encima dentro de una tarea que nadie le reconoce empezando por los suyos. No da la impresión de que el asesor que también figura de forma relevante en los pliegos cursados desde Catarroja esté por la labor de promover alguna rueda de prensa para ofrecer una relación detallada de la frenética actividad continuando la tradición marcada por sus predecesores. Ni pesoe ni pepé ni sus amiguitos están dispuestos a prescindir de la prebenda con cerca de un cuarto de siglo de antigüedad por muy sangrante que pueda resultar además según qué nuevo adherido.

     También tiene tomate que el actual presidente del Consell, para salvar la cara a alguien sin propósito de enmienda, contraponga el caso de los casos con todo lo que acarrea a sus espaldas al de Oltra. Él sabrá hasta qué extremo puede mantener esa defensa encendida sin que vaya a pesarle en el futuro como una losa difícil de soportar en medio del bombardeo incesante en la legislatura con una parte de la bancada esgrimiendo al hilo de las prebendas reinantes que «cómo se puede confundir al ausente del escaño 98 con la figura del molt honorable» y la otra tildando la recriminación de «venganza» y «cacería particular» con el sonido de fondo de los damnificados y sus voces rotas. Mientras tanto Mazón aguanta sin desfallecer esgrimiendo desde su refugio privilegiado apenas un susurro pero muy sentido: «¡No a la guerra!».

El difícil posicionamiento

Panahi rodó clandestinamente en Teherán «Un simple accidente» echando mano de las técnicas de cinéma verité mediante un equipo reducido, cámara ocultas y guiones improvisados entregados el mismo día. Agentes de paisano rodearon el set, pero lo filmado se encontraba a buen recaudo. El incorregible cineasta, que no ha dejado de jugársela, se topó con la necesidad de sacarse lo que había supuesto una segunda estancia en la cárcel, explorar sobre qué hacer si se presenta la oportunidad de devolver la violencia recibida y, cuando ocurre, hallar respuesta a si merece la pena invertir en ser capaz tú de controlarla. Una pista debió obtener cuando fue sentenciado a veinte años sin filmar y en el interrogatorio le espetaron que «una cámara es más devastadora que cualquier bomba». Y no digamos si, una vez exhibida, la obra recibe la Palma de Oro.

     En el arranque del año, coincidiendo con la represión de las manifestaciones, el director iraní invocó el apoyo de la comunidad internacional para poner fin al gobierno actual y esgrimió que «el silencio hoy, en cualquier parte del mundo, algún día tendrá que responder ante la historia». Al igual que en la fábula plasmada sobre el terreno en la que merodea el círculo de odio que atenaza su país, ese apoyo solicitado ¿es con violencia a tutiplén o sin ella? ¿Su comprensible deseo coincide con el alcanzado en la filmación por una parte de los protagonistas tras darle un porrón de vueltas a la decisión que había que tomar? Una vez llevado a cabo el ataque urdido por Estados Unidos e Israel he buscado su interpretación de los acontecimientos pero yo al menos no he dado con visión alguna al respecto ni acudiendo a la Inteligencia Artificial. Seguramente porque no es fácil posicionarse cuando el panorama está hecho unos zorros. Ni Dios ni Alá ni la Virgen Santa saben cómo puede acabar esto.

     ¡Ay la religión y las religiones! Si los profes de la materia están quedándose en los centros públicos de nuestro asentamiento con una pila de horas libres por la falta de alumnado, ¿qué futuro inmediato aguarda en la uni a quienes imparten el derecho internacional asentado en normas para evitar precisamente el camino decretado? El descoque no es que Trump envíe a Melania a presidir el Consejo de Seguridad de la Onu, sino que los representantes diplomáticos ensalcen una iniciativa de la primera dama en la que se ignora la que hay armada en la región alrededor de Irán y que el portavoz del secretario general remate la faena ensalzando tal aparición consorte como «una señal de la importancia que Estados Unidos concede al Consejo de Seguridad». Menudo montaje. Un arte en el que la realidad, Panahi, también supera a la ficción.