La desenvoltura

Al día siguiente y mientras el secretario de Comunicación y jefe de la campaña del pesoe estaba tragándose en una comparecencia pública en el patio central de la sede el marrón de hacer frente a su penar, La sexta obtuvo las imágenes de María Jesús Montero saliendo escoltada por la puerta trasera alejándose de la quema. Los contertulios coincidieron en que no hacían falta palabras y no es fácil conseguir la unanimidad dentro del revoltijo habitual. Mujer, algo es algo.

     Sí, son tiempos convulsos. Tanto que en el momento de ser emitida la escena me encontraba enfrascado en el hallazgo en Cartagena del cañón de 1873 utilizado por Eastwood en el rodaje de «El bueno, el feo y el malo». Asistir a descubrimientos de esta naturaleza remueven recuerdos dormidos cuando Clint todavía da guerra. Hombre no estamos ante un descubrimiento del alcance de los registrados en Atapuerca, aunque ha sido el integrante de una asociación de aquellas mismas tierras burgalesas donde se rodó el «spaghetti western» quien ha removido cielo y tierra hasta dar en el Museo Histórico Militar con el Whitworth de calibre 75 mm y ánima hexagonal, fabricado en Manchester y utilizado durante la Tercera Guerra Carlista, en el que Blondie (El bueno) prende la mecha con su habitual puro para que El feo no escape a caballo y encuentre la tumba que esconde el tesoro en el cementerio de Sad Hill, nombre adoptado por la agrupación que ha galopado lo suyo hasta alcanzar el objetivo. Montero, pero Diego, que así se llama el gran artífice siente al igual que sus compañeros una sensación similar a la de Indiana cuando se planta ante el Arca de la Alianza. Cada historia tiene un calibre.

     Pero Cartagena no descansa. Sin que ninguna autoridad atribuya lo ocurrido a un sabotaje o ataque deliberado, el buque ruso hundido frente la costa en 2024 resulta que llevaba componentes para un rompehielos nuclear según un informe de la Armada. Y, claro, en medio de toda esta munición en danza ha estallado un verdadero terremoto en el ayuntamiento. Un par de exconcejales de Vox, que se la tienen jurada a sus antiguos compañeros, han promovido una moción de censura contra la alcaldesa para la que han reclutado al resto de la peña opositora, entre la que sobresale la presencia del pesoe como si los promotores hubiesen dejado de ser ultras por ensalmo. Una forma de hacer patente que, tras los varapalos recibidos en las recientes elecciones, la formación fundada por Pablo Iglesias nada menos que un 2 de mayo de 1879 en la madrileña Casa Labra va recomponiéndose con esmero en una latitud tras otra. Estos ediles en cuestión ni siquiera se esconden. Desde luego van superándose. 

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