Los contendientes son conducidos hacia la pista central del Indian Wells Tennis Garden, sito en Austin, Texas, en un carrito típico de los campos de golf, similar al que servirá a Donald Trump para trasladarse por Mar-a-Lago, en Palm Beach, Florida, la propiedad de ocho hectáreas convertida en cuartel general para recibir a líderes mundiales y poner atacado al resto de la humanidad, que alberga una mansión en la que predomina un diseño hispano-morisco con elementos venecianos y azulejos españoles. Tiene cojones.
Previamente a competir contra un francés de apellido alemán, el del Palmar se enfrentó a Dimitrov. Pese a lo duro que pega, el búlgaro le duró una hora. En uno de los intercambios de misiles que tuvo lugar, Alcaraz lo liquidó con un directo descomunal ante el cual a su oponente le dio la risa floja hasta el punto de que al cruzarse para tomar asiento se propinaron risueños una palmada. El arma mortífera de este chaval no solo es que lo borda, sino que al rival suele caerle de cine por lo que resulta muy difícil ponerse farruco que es lo que te pide el cuerpo. McEnroe, por citar a uno de los grandes, se muestra rendido y eso que en esta otra faceta empática John no debe explicarse cómo es capaz de lograrlo por muchas vueltas que le dé. A la hora en que el número uno de la pista estaba pasándolas canutas con el siguiente, el tahúr de la Casa Blanca subió a la red y, a fin de tranquilizar a los mercados, desplegó su artillería: «Si Irán hace algo que detenga el flujo de petróleo en el Estrecho de Ormuz será golpeado veinte veces más fuerte de lo que lo ha sido hasta ahora». A renglón seguido dio por casi concluída historia en cuestión, para qué perder más tiempo con estos mindundis si ya no les queda de ná, a lo que, revolviéndose, el adversario de los ayatolás respondió que serán ellos quienes determinarán el final de la guerra. Me da en la nariz que Indian Wells y Miami, que viene a continuación, terminarán antes.
El francés Rinderknech cuenta en su trayectoria con un pasaje muy singular. Es primo hermano y excompañero en la universidad de Texas de Vacherot y meses atrás se enfrentaron en la final de Shanghái, perdida por el favorito con los dos a lágrima viva y donde el monegasco agradeció el título señalando que «una familia ganó hoy». Tras ponérselo muy difícil y claudicar se fue en la red para el murciano dedicándose ambos sostenidos elogios por el juego exhibido. Habría que ver al equipo de asesores presidenciales en Washington preguntándose por cómo todo un campeón puede acabar los enfrentamientos así. No lo tienen fácil para conseguir que su jugador enderece el rumbo: muy complicado que le haga caso a alguien, golpea sin medir las consecuencias, es la antítesis de Carlitos y, a la hora de elegir primo, se decantó por Epstein.