La tormenta arrecia

Será en el Pleno de la Sala de lo Civil y Penal. Ahí es donde el presidente del Tesejota de la Comunidad Valenciana llevará la resolución sobre la exposición razonada contra quien ya se le ha echado encima la espada de Damocles, elevada por la magistrada de Catarroja que instruye la causa acerca de la gestión de la dana por llamarla de algún modo. En esas horas, una semana y un día después de que su señoría enviase la petición, el ínclito dio señales de vida en las Cortes. A la salida, las cámaras siguieron su silueta, los informadores desenfundaron preguntas alrededor del proceso en curso y el oscuro objeto de deseo repitió como única respuesta «muchas gracias a todos, muchas gracias, muchas gracias». Como diciendo… 

     El diputado del escaño 98 acude a las sesiones de aquella manera cuando se deja ver. Suele asomar el magín con el pleno empezado y en buena parte de las ocasiones lo abandona con tiempo de sobra. Es natural. Ha de atender los asuntos que llegan a sus manos en la Oficina del Expresident sobre cuyo volumen da cosa pensar. Debe resultar complicado sacárselos de encima dentro de una tarea que nadie le reconoce empezando por los suyos. No da la impresión de que el asesor que también figura de forma relevante en los pliegos cursados desde Catarroja esté por la labor de promover alguna rueda de prensa para ofrecer una relación detallada de la frenética actividad continuando la tradición marcada por sus predecesores. Ni pesoe ni pepé ni sus amiguitos están dispuestos a prescindir de la prebenda con cerca de un cuarto de siglo de antigüedad por muy sangrante que pueda resultar además según qué nuevo adherido.

     También tiene tomate que el actual presidente del Consell, para salvar la cara a alguien sin propósito de enmienda, contraponga el caso de los casos con todo lo que acarrea a sus espaldas al de Oltra. Él sabrá hasta qué extremo puede mantener esa defensa encendida sin que vaya a pesarle en el futuro como una losa difícil de soportar en medio del bombardeo incesante en la legislatura con una parte de la bancada esgrimiendo al hilo de las prebendas reinantes que «cómo se puede confundir al ausente del escaño 98 con la figura del molt honorable» y la otra tildando la recriminación de «venganza» y «cacería particular» con el sonido de fondo de los damnificados y sus voces rotas. Mientras tanto Mazón aguanta sin desfallecer esgrimiendo desde su refugio privilegiado apenas un susurro pero muy sentido: «¡No a la guerra!».

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