Mazón saca pecho

Carlos Mazón sale del hemiciclo y esta vez sí que le apetece pararse ante los medios para lanzarle un recadito a la jueza de la dana: «Quiero saber si se me investiga o no; creo que tengo derecho». Lo repite varias veces soltando una sonrisa. Sí, se le ve satisfecho.

     Llegados al extremo adonde ha ido a parar la tragedia ocurrida tiene motivos. El recorrido sufrido por la causa lo ha puesto negro sobre blanco Laura Ballester aclarándole los conceptos al lector uno por uno. Efectivamente, de la investigación judicial se deduce que quien estaba al frente del territorio en aquel día fatídico se desentendió de la emergencia durante la jornada del 29-O en la que compareció a las 11,47 a fin de minimizar los efectos de las lluvias torrenciales, un vídeo emitido en sus redes sociales que luego fue borrado. Por la noche, cuando en el Centro de Emergencias se enfundó el chaleco rojo y abrió el pico parecía tomar el mando de las operaciones, pero en realidad nunca lo hizo. Es a lo que se acogen los cinco del tesejota para advertir que el ínclito no se constituyó en garante de la emergencia y de la protección civil el día de autos y de ahí que no se le pueda exigir responsabilidad alguna en la toma de decisiones o en la ausencia de ellas. Es decir que, en cuanto se percató del percal que se había formado mientras disfrutaba de la vida apartado del mundanal ruido y una vez asesorado convenientemente por los expertos en derecho que pagamos entre todos, a lo único que se dedicó con los cinco sentidos fue a que a él no lo arrastrara la corriente. Y a eso permanece agarrado y dichoso, complacido por el rumbo de los acontecimientos.

     Ahora todo parece indicar que tendrá que verse las caras con la jueza de sus pensamientos y, al hacerlo como testigo, deberá responder sin apoyo jurídico y obligado a decir la verdad, que es lo suyo, en este caso ante todas las partes personadas, magistrada instructora incluida, Fiscalía y cuarenta letrados de las acusaciones más los dos de la defensa. ¡Ojo! Al concurrir en la condición que va se abre la vía de hacerlo por escrito o telemáticamente, aunque con tanto interviniente no sé cómo se la maravillarían. E incluso existe la posibilidad de tomarle declaración en su domicilio o en el despacho oficial. Dado su volumen de trabajo, este último recurso sin duda gana enteros.

     En vista de lo visto, más de uno se preguntará qué pensará cuando se mira al espejo. ¿Se arrepentirá de algo?, ¿Le vendrán las imágenes de los seres que vieron cercenada la existencia porque el sistema de protección que debió ponerse en marcha permaneció en el limbo? ¿Por qué habría de darse por concernido si en ningún momento se hizo cargo de la situación? ¿Solo porque era presidente de la Generalitat? Pues, vaya argumento. Lo que sostiene es que no ha incurrido en ningún cambio de versión en todo este tiempo y que son otros los que tienen que ofrecer explicaciones porque nadie ha dado tantas como él. ¿Lo ven? No hay más que añadir, salvo que por lo que parece dormir, debe dormir como Dios. A pierna suelta.

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