Que sea lo que Dios quiera

Durante los primeros meses de papado León XIV permaneció alejado del mundanal ruido. La verdad es que el hombre después del periplo de su antecesor -argentino- lo tenía chungo a la hora de perfilar su identidad, mientras que un porteño la trae ya de fábrica. El pontífice actual, natural de Chicago, ha ido con pies de plomo lanzando poco a poco píldoras sibilinas como la de no prestarse a formar parte de los fastos urdidos por la Casa Blanca para la celebración del 250 aniversario de Estados Unidos, a la que se sumó Ayuso concediéndole la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid. Pero, miren por donde, eso a Trump no le compensa y tras percibir la tostada que se le venía encima se lanzó al cuello del compatriota. Es la ventaja de su existencia: que resucita a un muerto.

     De manera que, tras deshacerse de los pies del plomo, el obispo de Roma ha desenfundado su «no tengo miedo a Trump, seguiré hablando contra la guerra» en respuesta al bombardeo por redes marca de la casa en el que el presi le llamaba de todo, desde «débil y nefasto» hasta advertirle que debería «dejar de complacer a la izquierda radical». En fin, lo típico. El caso es que esta salida del armario reflexivo y prudente en el que se encontraba instalado ha pillado a la iglesia española preparando la visita del soberano en junio nada menos que a Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife. Es decir, un tour con la agenda sin cerrar y con todo este intercambio de golpes recién estrenado, provisto de una intensidad inusual, contribuyendo a que la expectación se desborde conforme evolucionen los acontecimientos. Aunque con el ínclito neoyorquino en danza siempre subyace la quimera de la distensión.

      Antes del choque entre estos paisanos amos del universo, cada uno en su especie, ya habían aflorado cositas en torno a la preparación del viaje. En concreto respecto del recibimiento mismo. Están quienes apuestan porque Su Santidad atraviese la Puerta de Alcalá acompañado por una gran comitiva en una entrada digna de un monarca absoluto al estilo de las protagonizadas por Benedicto XVI y Juan Pablo II y, frente a una pretensión de este tenor, los integrantes del comité de recepción que quieren verlo aparecer por Carabanchel dando prioridad de ese modo a los habitantes de las periferias.Yo no digo nada, pero en el contorno de la Puerta de Alcalá andan ampliando el diámetro florido y la Cibeles aguarda entre vallas lo que se venga encima. Dios dirá.

      Queda por cerrar igualmente si acudirá al Congreso y dará un discurso tal como solicitó en su día la propia Conferencia Episcopal. Pero, claro, con el rumbo de los acontecimientos aumenta el temor a que los ultras no acudan o monten el numerito ausentándose. Y, en otro plano, también está la posibilidad de que Rufián lo retenga hasta que no otorgue a su plan la bendición.

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