En el espacio destinado a la Biblioteca de los Libros Felices se ha abierto paso un israelí afincado en estas tierras, empresario y compositor, dispuesto a exponer su visión en torno al ahogo que nos invade. Sus tesis no calaron y el personal lo dejó patente dentro de la pretensión de parlamentar que auspició el coloquio. Tanto es así que al artífice del encuentro y de tantas y tantas propuestas constructivas, Manuel Desantes, no le quedó más remedio de cara a promover nuevas citas que llevar a cabo un referéndum entre los asistentes: «¿Continuamos?».
Continuemos. Miles de personas desayunaron el Lunes Santo con las imágenes de Baqa al-Gharbiyah, al sur de Líbano, una de las ciudades más bombardeadas por los israelíes, en la que una reportera entrevistó a un conductor de ambulancia que recibió un aviso horas antes. Se desplazó a las inmediaciones del cementerio donde hizo que trasladaran a dos heridos al hospital y después se dirigió a inspeccionar los cuerpos de cinco paramédicos asesinados, algunos de ellos con la cabeza separada del tronco y también las manos. Rescató a todos y, con el rostro curtido por los rayos de sol, contestó una y otra vez que no, que ellos no tienen miedo porque es mucha la gente a la que hay que asistir. Por la tarde, en una tele local de Sevilla que retransmite en directo las procesiones, se recibió un mensaje de uno de los cerca de 700 soldados en misión de paz, a menudo refugiados en búnkeres, con tal de dejar constancia de que estaba viendo San Gonzalo, enclavada en el Tardón el barrio que cubre la espalda de Triana, una de las hermandades que mejor lleva el paso de Misterio, en la que el chaval salió el año pasado y que, con la lluvia encima, tanto el Señor ante Caifás como el palio de Nuestra Señora de la Salud tuvieron que refugiarse en la catedral hasta el Jueves Santo que pudo regresar al templo. Lo difícil que debe ser sentir al nazareno ausente para la familia de quien se halla bajo el fuego cruzado, no digo ya que la torrija te sepa dulce.
Y para que no perdamos las perspectiva de a lo que nos enfrentamos, en el pórtico del Domingo de Ramos salió a la luz un podcast con JD Vance, vice del otro, cristiano hasta la médula se confiesa, que ha mantenido un silencio estruendoso sobre la guerra del jefe en Oriente Medio y, mientras el infierno bélico se propaga, pasó de la cuestión y sobre lo que prometió tiempo de investigación mostrando entusiasmo es, pásmense, a su «obsesión» con los ovnis y los visitantes extraterrestres. «Bueno, mira -le dijo al entrevistador-, no creo que sean extraterrestres, creo que son demonios, pero ese es un debate más largo. Uno de los grandes engaños del diablo es convencer a la gente de que nunca existió». Para echarse a temblar.
Si es que, como cualquiera ve si abre los ojos, el mundo ahora mismo no hay quien lo entienda por mucho que se esmere Desantes, que mira que se esmera.