Una de las maldiciones mundialistas más flagrantes fue la sufrida por Di Stéfano. Tras anotar seis goles en el Campeonato Sudamericano del 47, La Saeta Rubia -apodado de esta guisa en esa década por el periodista Roberto Neuberger– se le caía la baba pensando en la que podía armar tres años después en la gran cita de Brasil. Pero la Federación argentina cogió un empute por distintas cuestiones que tampoco eran para morirse y renunció. Le cogió el gusto y, como la siguiente Copa del Mundo le fue concedida a Suiza mejor que a ella lógicamente, se ausentó otra vez. Y qué voy a contarles, bueno era don Alfredo. Tramitó la nueva nacionalidad, debutó con la selección en un amistoso contra Países Bajos en el que hizo tres tantos y, bueno, España no se clasificó para Suecia 58. Con la camiseta roja hizo 23 de los suyos en 31 partidos, llegaba con tres años menos que Messi a su postrera posibilidad en Chile y en el último choque preparatorio se lesionó. Luego decían que tenía mal humor.
El campeonato más largo al que asistimos en estos días demuestra que las estrellas intentan reservar unos buenos chutes de energía para percutir en la mirada de cientos de millones de seguidores. Ahí está la cantidad de dianas que los artilleros más sobresalientes se restriegan entre sí. Pero si eso que a Di Stéfano se le escamoteó hace subir como la espuma la consideración del acontecimiento, una de las circunstancias que más llama la atención es que se hayan reunido 102 futbolistas nacidos en Francia distribuidos entre trece selecciones. Ahí es nada. La actual subcampeona de la competición se nutre de talentos con raíces foráneas, aunque el colonialismo hizo tanta mella que da pie a que un buen porrón de aquellos territorios aproveche para repescar el sentimiento que significa representar la herencia cultural de padres y abuelos: La inclusión de verdaderos atletas provenientes prioritariamente del continente africano en plantillas de clubes potentes ha redistribuido la competitividad llevando a que las fuerzas estén más igualadas que nunca al menos en este terreno. Menos da una piedra.
En medio de esta palpable realidad, con Lamine ahí como estandarte y todo quisque suspirando porque no deje de ser quien es, hay que ponerle mucha afición para colocar la prioridad nacional en primera línea de salida y que los de la formación anexa también la abanderen. ¿Hacia dónde miran, en qué mundo viven? ¿No se han percatado de que el guardameta de Japón es negro? El padre de Ghana; la madre, nipona y el chaval, que por cierto para un motón, nacido en Nueva York. ¿Saben quién ha sacado la mejor nota en la Pau de la Castilla y León donde ya se aplica la doctrina de marras? Pues una hija de inmigrantes chinos, que tuvo dificultades en Primaria con el español y que en la prueba de acceso a la universidad ha sacado un 10 en Lengua Castellana y Literatura. Sería para recurrir la nota. Venga fieras.