Lo que se transmite

El día de las elecciones dormí fatal, lógicamente. Me levanté chungo prontísimo y no sabía qué hacer. Puse el canal 24 horas y, de modo inopinado, colocaron en medio del torrente informativo una entrevista reposada con Ricardo Darín que, jugosa ella, disfruté de principio a fin. En la misma contó el estrecho vínculo con su padre, ese tremendo grado de influencia que ejerció sobre él, lo agradecido que le estará de por vida y, dada la inteligencia que le caracteriza, concluyó con lo satisfecho que se halla igualmente de que, con respecto a su hijo, éste haya ido por libre, el patrón no se repita en absoluto y la relación, no obstante, siga siendo más que fructífera. Habló con humildad de su ascenso en el escalafón, de la de papelazos que ha terminado interpretando aunque en principio no estuvieran destinados para él, del estupor interior que todavía le inflige recrear para la pantalla asesinos de uniforme durante la represión militar en su país, del sosiego que le causó contemplar que el vástago era capaz de darle la réplica en su debú teatral a colegas consagrados y, como quien no quiere la cosa, de todo lo que la vida nos ofrece. Me quedé tan satisfecho que, completamente imbécil, se me dibujó una sonrisa hasta que dije: ¡Pero éste no se presenta..!

Al contrario que el seductor porteño, los que encabezan el cartel del elenco que nos representa están convencidos de que el papel no lo ostentan por chamba sino que los afortunados somos nosotros de contar con ellos sobre el escenario. La prueba es que sea cual sea el refrendo obtenido, sea cual sea el grado de insatisfacción que se palpe desde el patio de bu- tacas al gallinero, nunca se cuestionan asimismo. Jamás. Puede que lo aprendieran de sus tutores y que así se lo transmitan a quienes cojan el relevo para que repitan esquemas, dado que vienen haciéndolo de lujo. Lejos queda cierta capacidad de análisis, la exigencia moral, el afán por el trabajo riguroso, el poso ideológico bien cultivado y alguna que otra propuesta motivante. Pero todo no lo vamos a querer.

En el punto de mira

A la hora en que mi equipo se jugaba la vida, la chavalita con la que empezaba a salir propuso ir al cine de arte y ensayo a ver Cuerno de cabra, una peli dramática búlgara. En la entrada coincidimos con uno de mi quinta que, por el pinganillo en la oreja, debía llevar más tiempo festeando. Me las ingenié para, en la oscuridad de la sala, tenerlo en el punto de mira y poder seguir así los dramas. El búlgaro, desde luego, se las traía. Pero por lo que no he olvidado la sesión es porque, mientras el padre planeaba en la montaña la venganza contra el grupo de turcos que los desgració, se oyó ¡Gooooooool! La chavalita vio cómo me caían dos lagrimones y me dijo:«Sabía que iba a conmoverte». Además de sufrir, a los hinchas con otras inquietudes no nos ha quedado más remedio que defendernos constantemente del por qué de esa imbecilidad. De tal suerte que, cada vez que un intelectual del corte de Vázquez Montalbán, Galeano, Villoro o Javier Marías salían en auxilio, nos tirábamos en plancha. No obstante, hay algo aún peor para la salud mental del incondicional y es acceder al mundillo por dentro. Es como cuando tienes que decidir a quién votar y encima conoces el paño de primera mano. Resulta necesario tener una fe a prueba de bombas para no quedarse en casa. De la pléyade de protas que compone el invento que gira en torno a la pelota he tenido la oportunidad de tratar a una cantidad representativa de ellos y, entre todos, consiguieron retirarme del vicio durante una temporada. Que recuerde, sólo ante Di Stéfano, Luis Aragonés, Joaquín Sierra «Quino» –hijo de poeta y primer presidente de la afeRafa Marañón, Daniel Solsona, Quique Hernández… he sentido que me interesaba lo que contaban. Y, aunque hoy en día es más difícil saber cómo va a tirar el penalti Sergio Ramos que por dónde saldrá la UE, lo que identifica al central y a buena parte de su profesión es la forma en la que sorprenden al respetable con el modelo de peinado elegido para lucir en esa jornada. ¿Lo ven? Por fin utilizan la cabeza.

Cómo están los pollos

Se agolpan las imágenes y los mensajes postreros. De cara a lo que se avecina, Cristina Cifuentes, ariete peperil en alza al ser amiga confesa de Albert, acusa a Sánchez de xenófobo por limpiarse la mano tras habérsela estrechado a un chavalín negro y, ante el amargor del candidato sufriente, le replica la mu echá p’alante que quien se dedique a esto ha de tener cintura. El sucesor de Pablo Iglesias, tipógrafo, aventura que el de Podemos «no va a ser de ninguna manera presidente del Gobierno» y, para proporcionar mayor contundencia al aserto, lo completa asegurando que «ahora mismo se siente absolutamente apoyado por los compañeros». Claro que con Rajoy danzando al unísono no es fácil convertirse en líder de llamar la atención, puesto que el presi en funciones de natural ni siquera ha tenido empacho en cargar contra «esa gente que no ha dejado de pisar la moqueta en toda su vida». Por cuajo no será. La verdad es que en ese aspecto es difícil quejarse. El que Errejón tiene por encima pisándole la cabeza ha advertido que «lo que llevo planteando varias semanas es que la construcción de un nuevo espacio socialdemócrata lo tenemos que hacer con la vieja socialdemocracia, el pesoe». La unanimidad en torno a la forma en que rebosa misericordia es de casi mayoría absoluta. Rivera, en cambio, va a alcanzar el tramo final en la consulta del psicólogo ya que, tras admitir que «mi palabra ha perdido valor», remarca que «hemos demostrado ser los más útiles». No he hecho más que terminar con este desfile cuando leo que el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria se encuentra trabajando de lo lindo junto a otros centros periféricos en evitar el sufrimiento de los pollos antes de ser sacrificados. Tiene mérito el empeño a pesar del caso que algunos pollos le han hecho a la investigación en los últimos tiempos. No obstante, es lógica la preocupación. Por la de vueltas inútiles que le han dado al patio parece cantado cómo acabará un buen número de ellos el domingo. Asados, claro.

Margallo presidente

No es nuevo. Ya en enero se deslizó que el propio interesado se había postulado llegando a presentar en la pseudo intimidad del palacio de Viana un programa de Gobierno, compuesto por cinco grandes reformas: Constitución, Administración Pública, modelo económico, Educación y Hacienda. Se apuntó incluso tras el 20D que al cuerpo diplomático le habría llega- do una misiva con la posibilidad de un «Margallo presidente» si los opositores al cargo no lograban los apoyos. La bola se hizo tan grande que el propio ministro de Exteriores –no quedaba otra con lo largo que resulta– salió a pregonar que Rajoy es innegociable. Sí, tanto como que Podemos e Izquierda Unida fuesen juntos…

Y ya, ya. Meses después vuelve a agitarse el canto de sirena por una sencilla razón: las perspectivas para el pesoe pintan tan excitantes que según se cuenta, antes que abstenerse para que continúe el baranda actual o tener que apoyar al puñetero que viene como una moto, rezan en sus sedes para que pepé y Ciudadanos sumen 176. Se apiade o no la Providencia de ellos y, como algo que sí une al resto es que Iglesias no se empadrone en la Moncloa –que es lo que mejor le viene al bicho para asentar el invento–, Mariano es el otro que lo tiene crudo por mucho que obvie el asunto. Sí, según las encuentas un 57 por ciento de votantes del pepé ve bien formar Gobierno sin él. O sea que, aún siendo innegociable, qué se le va a hacer.

Y ahí entra el mismo que viste y calza porque Rivera no iría a darle un cheque en blanco a la vice para que ésta se consolide y Susuna, tampoco. Ahora bien, a un democristiano leído y con poso, cuyo plan económico incluye hasta una ley de compensación social, bien visto por los que manejan los hilos, que se entiende con socialdemócratas de pedigrí –ni Pablo… ni Sánchez, claro– de cara a llevar el timón un par de años, se podría estudiar. Ya veremos. La verdadera campaña de Margallo culmina con la visita de Obama, ante la que no hace falta incidir en que quien lo ha traído es Mariano. Por eso no se incide.

Una miradita en el espejo

Nada más dejar atrás la oscuridad a mediados de los 70 e inmerso todo quisque en la ardua tarea de recuperar el norte, desde el pecé se miraba por encima del hombro a los sociatas y se hacían cruces –conciliación nacional– preguntándose con toda la razón dónde estaban éstos durante los duros años de la clandestinidad. Y mientras seguían dándole vueltas a que era el partido quien representaba las esencias de la lucha antifranquista, sus reconstituidos oponentes del flanco izquierdo lograron, desde los iniciales 118 escaños al récord de 202 cuando la toma del poder, poner a Carrillo en la cifra de cuatro diputados contándose él y sin cejar de preguntarse qué había pasado. Pues que aquella hornada de jovenzuelos provenientes de una uni contestataria, a la luz de profesores hartos de estar hartos, se ramificarían en despachos laboralistas, movimientos ciudadanos, librerías comprometidas, ambientes de teatro independiente y demás conectando con grandes capas ansiosas de un tiempo nuevo a través de un socialismo suavecito, mucho aire fresco y el inmenso carisma de un Felipe que, cual Serrat, cautivaba desde el escenario.

Hoy es el partido que más ha gobernado España desde el empute que se cogieron los comunistas el que, mirando con complejo de superioridad, se pregunta de dónde han salido éstos de Podemos. Pues de la uni, con prácticas en Latinoamérica como parece claro; algún coqueteo en IU donde no les dieron bola porque muy marcados ideológicamente no parecen; tele a babor y estribor; capacidad para encauzar en un movimiento representativo el malestar reinante y conexión instantánea con el personal que habita en la red, donde con iniciativas han atrapado a millones de entusiastas que andan jodidos.

Ya en junio del 86 los socialistas pidieron que los siguieran tras haber hecho trizas a no pocos de la cuerda con lo de la otán. La socialdemocracia a la que sí pertenecen pervive entre el anquilosamiento y la complacencia. Por pedir que no quede. Pero, en fin, mucho no es que ofrezcan.

La fiera de mi niña

Cumplida la edad a la que ella se encamina, mi único viaje al extranjero consistió en dos horas de trayecto a Faro. Puede que ahí virara el en ciernes corresponsal de guerra hacia la de nuestros próceres, que incruenta tampoco es que sea. Mi hija está cerca de convertirse en treintañera con una mochila pelín diferente. Tras el bautismo en interrail con el que llegó a Praga y se trajo de regalo unos mejicanos potentados que era para verlos, ha vivido en Bamberg, otra temporada en Leipzig, un lustro en Edimburgo, trimestre pleno en Montevideo con previa descomunal en la que atravesó lo que no hay en los escritos Machu Pichu incluído y, después de un ciclo para despistar en el madrileño Barrio de las Letras, se halla analizando una propuesta a fin de dar clase a críos en Zurich. La abuela andaluza –y la castellana– está loca por ella pero, con sólo escuchar el tute, ha de sentarse para no desfallecer. Es muy difícil que usted no conozca a alguien que acumula descendencia desparramada por un motivo u otro. No hay más que ver cómo se descojona la hucha de las pensiones después de que el 36 por ciento de la población asalariada cobre en la Piel de Toro menos de 600 euros, que se dice pronto. Y, como el cuerpo lo tienen habituado, no es que los de estas quintas se flagelen a diario, pero frustra. Una legión que está hasta ahí mismo de bandeárselas en Londres y no poder plantearse retorno alguno porque las condiciones no alcanzan ni el trastorno que supone vivir en semejante selva. Mi niña es una fiera y lo saben hasta en Pekín, donde una amiga suya –argentina, claro– se ha encargado de divulgarlo. Tiene dos carreras y he perdido la cuenta complementaria. Nadie la achanta y, dándole valor a aquello que realmente lo tiene, no se deja impresionar. Sin embargo, cuando le han dicho salario y pese a que Suiza engañe, quiere verlo en la cuenta junto por una vez. Es lo que hay. Y eso que ella es un ciclón y que consciente –la madre, claro– de cuál es la locomotora, se licenció en Traducción e Interpretación de alemán. Si llega a coger griego…

Llega la hora del disfrute

Pese a que puede albergar la impresión de llevar varios cuatrimestres en campaña, oficialmente está usted a punto de ingresar en ella. Mayor satisfacción no cabe, lo sé. Los cruces dialécticos calientan motores con el claro objetivo de alcanzar todo su esplendor y la gente se muestra ansiosa por asistir al fragor del y tú más en torno a relucientes promesas. Es lo que ahora mismo la plebe necesita. Y el impasse institucional por el que se ha transitado ha coincidido además con predicciones científicas como la realizada por la directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, María A. Blasco, según las cuales –«Morir joven, a los 140», es el título de una última publicación– las criaturas que nazcan hoy van a vivir más de cien años. ¿Qué me dicen? La de ciclos de campañas electorales que van a tener la fortuna de empaparse las generaciones venideras. Si las actuales ya estamos disfrutando lo nuestro, lo que tiene que ser con 122 tacos cumplidos esperar a que se repitan los comicios por ver si se alcanza un acuerdo para la financiación autonómica y a los municipios se los tiene más en cuenta. Tales descubrimientos a fin de alargar la vida de la célula coinciden con los recortes drásticos en actividades de tubo y ensayo y ahora vemos que tiene un sentido. Si no es fácil conciliar los avances tecnológicos con la mayor creación de empleo; si son demasiadas vueltas las que hay que darle al coco para lograrlo, frenemos al menos el frenesí investigador hasta saber adónde nos dirigimos. Pero teniendo de nuevo una campaña encima, ¿quién se preocupa de tirar millas para poner cimientos acorde con lo que se vislumbra en el horizonte? Ni que fuéramos futurólogos, por Dios. Junto a la dialéctica merengue/reguetón, lo fetén es quién cuenta con el copyright socialdemócrata y el entusiasmo que se palpa en los bares al asomar por la tele un elegido. Es bestial el hambre que hay de todo esto. Diría que hasta algo más que en Venezuela.

Puedo morir tranquilo

En mi barrio siempre andábamos a porfía. A mediados de los 60 estaba sin urbanizar aún por lo que la calle era nuestra entre un par de ejes de enorme rivalidad: los equipos de la tierra y los conjuntos extranjeros que nos tenían sorbido el seso, Beatles y Rollings. El más afín a mis colores era en cambio de Jagger&Richards. Tanto rollo que se tiran desde el laboratorio ahora y, sin embargo, nosotros ya éramos transversales como se aprecia. Con el Marcador simultáneo dardo resultábamos despiadados, pero la salida al mercado de cada sencillo traía consigo la batalla de las Termópilas. Sí, los de Londres habían roto la pana con Satisfaction, a la que intentaron estirar alrededor de un siglo pero, cuando los míos sacaron el Sgt. Pepper ́s, la otra banda y sus seguidores empezaron con los palos de ciego dándose por concluido el debate. Y eso que, antes de que George Martin los pusiera en orden en el estudio, aquellos cuatro melenas habían sido rechazados por todas las compañías inglesas. Discográficas, ojo. Como admitió Ringo, «con un nombre escarabajiense y siendo de Liverpool, nadie se arriesgó». Y ya ven, jamás un grupo ha generado esa influencia con tan pocos años reunidos.

Cerca de cincuenta después de quedar traumatizados con la separación saboreo al n a uno cantando y tocando a dos palmos de mí. Yesterday había revoloteado tanto tiempo por su subsconciente que Paul estaba convencido de haberla robado. Tras flipar con ella, Martin le propuso introducir el cuarteto de cuerda aun- que el nene se resistió al retrotraerlo a Beethoven, Mozart y a «música para intelectuales». Lo que hay que oír a los genios.

Antes de montarnos a miles en un Let it be y un Hey Jude descomunales, había advertido sobre que «cuando tocas en recintos tan grandes tienes que imaginarte que estás actuando para una sola persona». Junto al reciente subidón por otro título éste ante el Liverpool sé que, tras llevarlos toda la vida ahí dentro, el guiño final del concierto no iba para nadie más que para mí. Es que el granuja es del Everton.