En un lugar de La Mancha

Acudo de acompañante a unas oposiciones que tienen lugar en Ciudad Real. El primer test, el del madrugón, se saca con nota. La convocatoria es para las nueve, pero a las 7,30 el coche queda aparcado a cien metros del objetivo. Hay quienes se nos han adelantado. Se distingue a esforzados quitándose las legañas y dando un último repaso al temario sobre el volante mientras sus progenitores dormitan derrengados en los restantes asientos. Pese a la avalancha por desembarcar, los bares de alrededor permanecen con las persianas echadas como diciendo crisis, qué crisis. Es lo atractivo de este país: que en no pocos casos resulta incomprensible. Alcanzamos un hotel donde tienen la gentileza de dejarnos pasar al self-service que, tomado por clientes cargados de apuntes, apenas da más de sí. Una vez reconfortados enfilamos el camino de la verdad. Los accesos de entrada al centro en cuestión son una romería. Pocas matinales de sábado se habrá visto Ciudad Real en una de éstas. Me percato en vivo y en directo de que el invento de las oposiciones es un mundo. Al tratarse de 106 huecos para Educación Infantil, el 97 por ciento de aspirantes son féminas. Suenan clarines y los adláteres configuramos la espera por los alrededores. Se trata de gentes llegadas de Extremadura, Comunitat Valenciana, Murcia… entre las que los comentarios se centran en los catalanes –aunque el resto de territorios bilingües no se libran–, aspirantes también. Si tocara algún tema en torno a la igualdad en la Constitución sería para jartarse de reír, esgrime uno de Jaén. Claro, las plazas que salen en los diferentes boletines se convierten en una obsesión y, ahora que nacionalistas e independentistas van de allá para acá sin hacerle ascos a sacar cuartos del manejo de la nave común, nadie entiende por qué jóvenes del Berguedá tienen las mismas posibilidades de coger cacho en La Mancha que el resto de paisanos y que, a la recíproca, éstos lo lleven claro si no cuentan con el nivel ce que s ́anomena. Por mucho que digan que lo hablan en la intimidad.

Bienvenidos al desconcierto

Se ha convertido en la canción del verano. «En el envejecimiento, la genética cuenta solo un 25 por ciento; el resto depende de lo que cada uno decida hacer con su vida. Podemos cumplir 125 años en plena forma con una dieta sana, ejercicio físico adecuado a la edad, una intensa gimnasia mental, más de seis horas diarias de sueño y una rica vida social rodea- dos de familiares y buenos amigos». Quien así se expresa no es ningún vendedor de enciclopedias, sino la experta en neurodegeneración del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Barcelona, Coral Sanfeliu. Pues bien, pásmense. A pesar de unas cuentas aparentemente tan optimistas, la bióloga no es más una moderada en sus predicciones. José Luis Cordeiro, licenciado en Ingeniería Mecánica, profesor y fundador de la Singularity University en Silicon Valley ha asegurado que en 2045 la muerte, agárrense, será opcional. «La prueba de que curar el envejecimiento resulta posible es que ya existen en la naturaleza células que no envejecen. El fin de la muerte tendrá lugar en menos de tres décadas. Pero como no vamos a vivir 140.000 años viejos, los humanos seremos capaces de rejuvenecer». Si a usted todo esto lo abruma y desconcierta, permítame que le diga que no se pre0cupe demasiado. Como sabrá, acaba de conocerse que Donald –no el pato– ha superado por primera vez en las encuestas a Hillary tras la convención republicana y no solo eso sino que en casa de los demócratas tienen montado un buen pitote. La razón es que el incendiario Güiquilís ha publicado correos en los que se evidencia que la central del partido actuó a favor de la candidata y en perjuicio de Sanders. El efebeí no dejará de investigar la filtración y pedirá «cuentas a quienes supongan una amenaza en el ciberespacio». Lo chanante es que se habla de la agencia heredera de la kagebé como cerebro de la operación, puesto que Putin y Trump se admiran y aspiran a repartirse el pastel. Lo que les decía. Tranquilos con aquellos otros avances, que pueden quedarnos dos pelás.

Modelos por alcanzar

Aunque hayan pasado 26años, seguro que no se ha olvidado. Está un grupo de adolescentes enfilando el potro, saltando a la comba en el instituto cuando un señor trajeado –el director o el jefe de estudios por los menos– entra, el profe de gimnasia desenfunda el silbato, los alumnos se acomodan en el suelo, el visitante inesperado blande un preservativo y los chavales sonríen entre giros de cabeza hasta que el que ostenta mando en plaza pregunta de quién es. Aún escapándose alguna sonrisa, se hace el silencio y se corta el rollo. «¡Que de quién es esto!», vuelve a oírse. Alguien se levanta, dice «mío» y de inmediato otra voz más ronca entona «¡mío!». Y así

ellos y ellas, todos, asumen y comparten la responsabilidad de utilizar ese medio tan eficaz para la prevención que se fundió en el hallazgo del «póntelo, pónselo».

El entonces obispo de Valladolid advirtió a los ministerios socialistas implicados que, en lugar de educar en el autodominio, incitaba a la irresponsabilidad y el de Madrid calificó la iniciativa de autodestructiva. Es justo reconocer el mérito de la cúpula eclesiástica en los últimos tiempos, sobre todo, que no ha dicho ni mu ante los juegos de manos desplegados por miembros –con perdón– destacados del establishment que, aún violando la confianza del personal y las normas más elementales de un comportamiento como

Dios manda, se ve que para ella esta práctica resulta en cambio de todo menos destructiva. Eso es autodomio y, lo demás, cuento.

El «póntelo, pónselo» fue de los inventos más ruidosos que, una vez salvados múltiples escollos intransigentes, tuvo la virtud de darle un buen empujón a aquellos ideales que perseguían convertirnos en un país normal. Sin embargo, dentro de este frenesí de campañas electorales con sus post en el que hemos desembocado hoy, no solo ignoramos adónde nos conducirán, sino que igual no quedan modelos por alcanzar porque de esto se trata un país normal. Por tanto, tranquilos, monseñores. Que de orgasmos ya ni hablamos.

El muro de Morella

Habré hecho ya mención pero, como me viene bien, qué hostias, lo retomo. En la campaña del 82 debían publicarse entrevistas con los cabezas de lista, de menor a mayor representación, hasta finiquitar la serie en domingo. A la hora de negociar inserciones el problema surgió porque aunque le correspondía poner el broche a ucedé, dado que el pescado estaba vendido con la victoria cantada de sus rivales, fue cuando el interloculor de los socialistas entonó con años de antelación «yo por cerrar, mato». Al final Jesús Prado, dire a la sazón, arbitró la solución salomónica de que los dos partidos compartiesen edición dominical aunque tuvo que lidiar horas para llegar a un acuerdo sobre quién aparecía en la página ocho y quién en la diez. Debió pasárselo pipa.

De ahí que, dentro de las jornadas impulsadas por Transparencias Alcaraz en las que el Consell está respondiendo a las inquietudes de la plebe, lo que me ha llamado la atención no ha sido lo que ha dicho Ximo Puig, que tampoco es que haya descubierto el Mediterraneo, sino que abra el ciclo y que la que le ponga el lazo a la iniciativa sea la vicepresidenta. A pesar de que a ciertos mozos de su formación les encantaría preguntar al president si se ha hecho de Compromís, no resulta descabellado que, estando en coalición con el 82 tan lejano, haya que resituarse. Y como no se priva de nada ya que encima es periodista, no parece muy agudo pensar que ese patio no se lo tenga trillado.

Tras el arranque un año atrás hay quien pronosticó que Oltra se lo comería crudo y no da la impresión. Le ha dado cancha puesto que Mónica preside un acto de homenaje y, aparte de hablar más que nadie, hasta el final no se sabe si también recogerá el premio. Ximo ha salido indemne del oltrazo y ahora sólo le queda lo importante. Saber cómo se gestiona el valenciano en las zonas castellano parlantes, cómo llegarán las diferentes ayudas, los recursos hídricos, el relanzamiento de la Comunitat, ver todo reflejado en Canal 9 y constatar lo más básico. Si se transparenta, claro.

Manifiesta vecindad

Nuestros vecinos son franceses. Completan ciclos vacacionales porque donde residen es en Niza. Suelen desayunar al aire libre, más que risueños. La mañana siguiente al nuevo sinsentido no ofrecieron señales de vida. O no estaban o, dando igual que estuviesen, solo emergía de la vivienda un potente silencio. El choque era mayor porque en esta ocasión el número 2 se ha trastocado en una crèche con un contingente nada despreciable de nietos e infantes a tutiplén. En los prolegómenos de la final de París, la chavalería entonó canciones dirigidas a nuestro sector y, como Dios me puso en este mundo para picar a los congéneres, respondí al grito de «¡Purtugal, Purtugal!», lo cual llenaba de excitación a la estancia blue. El resultado final hizo que cada uno se refugiara en sus posiciones sin alardes de ningún tipo.

Pero la vida no es un juego y tiende a trastocar esquemas. Pese a estar más viajados que los baúles de la Piquer, la incursión de nuestros pimpollos –treintañeros, eso sí– por el sur galo hasta recalar en la capital de la Costa Azul para ver las dos victorias a la postre del combinado nacional, me llenó de tal zozobra que, cada vez que recibía algún mensaje, lo celebraba como un verdadero triunfo. La visión el 14 de julio del Paseo de los Ingleses que tantas veces atravesaron conmocionó a ambos. Contemplarlo, con la gente en desbandada dibujando expresiones de horror al poco de haber disfrutado de una sesión de fuegos, situaba dramáticamente en no pocos lugares de nuestro litoral. La vecindad de un aliado tan culto, soberbio, exquisito e ilustrado ha hecho que nos crezcamos a lo largo de la historia y que mantengamos un buen caudal de pelusa. Oyendo La marsellesa, como para no tenérsela. Su hoja colonial, que nadie puede ocultar, ha dado paso a monstruos del pensamiento más lúcido. Camus, poseedor de una buena gama de atributos, alertó de los peligros: «Nada es más despreciable que el respeto basado en el miedo». Es como se interpreta algún texto sagrados, que no hay manera de comprenderla.

Y eso que fue fugaz

Después de hacer autocrítica y reconocer que igual adolecieron de «exceso de lucidez», Pablo Iglesias, conocido en el mundo entero por los presentes con los que acude a las citas, regaló a Obama The Lincoln Brigade con una dedicatoria casi tan extensa como el libro antes de dejar patente que el bueno es Sanders y no Hillary a la que apoya su interlocutor. Tras despedirse sonriente, la organización del siempre espléndido en detalles obsequió al visitante a base de mensajes en los que se pone de manifiesto «el intervencionismo belicista de su política exterior, que ha generado consecuencias desastrosas». Qué grande. Tanto que los telespectadores estadounidenses, al ver las ráfagas informativas que llegaron, se preguntaban quién era ése que estaba junto a Pablo.

Con el regalo del jamón, el jamonero y el cuchillo de cortar proveniente del inquilino en funciones de la Moncloa, quien tuvo que emitir un comunicado fue la embajada norteamericana para recordar que a los pasajeros particulares les está prohibido introducir la pata del cerdo -del cuchillo ya ni hablamos- por lo que subirla a bordo del Air force one dejaba patente los privilegios del comandante en jefe. Y, sin embargo, ni que decir tiene que el que hizo el ridículo para los restos fue Zapatero.

El ilustre visitante se acercó a Rota y, a pesar de los pesares, en lugar de decirle a las tropas allí formadas «¡Siií! ¡Vamos a invadirlos!», les trasladó que «los españoles son más educados que nosotros, que gritamos mucho». O Barack aspira al Nobel del Saber Estar o, con su viaje de los años mozos en la mochila, le falta patearse bien esto para empezar a captarnos un pelín. En Sevilla cuentan que fue el equipo de asesores de la Casa Blanca el que llamó en la víspera de la anunciada visita al alcalde y que cuando éste les confirmó la temperatura, advirtieron que entonces iría Tarzán. Y con el fiasco sobrevino igualmente la típica reacción popular: «Se acabó el simulacro; planten los veladores, retiren la seguridad y ensucien las calles». Creíamos que sí pero es Berlanga, que no ha muerto.

Sacándoselo de dentro

Después de siglos sin coincidir, me encuentro por Calderón de la Barca con José María Vilaplana, fotógrafo de esta casa hace tiempo, demasiado tiempo. En menos que canta un gallo hacemos un recorrido por la fibra que más importa, se interesa por éste y aquél dado que se descolgó de las vicisitudes propias del gremio y me traslada que en el 14 murió su mujer pero que el renacuajo que parió la nuera lo mantiene a flote. Debió ser la imagen reconfortante de la criatura la que le recordó la realidad de Andrés Aberasturi sobre la que acababa de tener conocimiento ahora que éste lo ha reflejado en el libro en torno a Cris, su vástago paralítico cerebral.

Aberasturi arrancó la carrera profesional en esta cabecera y Vilaplana rememora no ya la época sino el preciso día en que llegó de prácticas y se fue de su mano a la playa para hacer ese reportaje del no nos hemos librado nadie. Con el hambre que arrastraba, propio de la época y de la profesión, Andrés terminó la recogida de datos a duras penas pero la terminó. En el 91 lo llamé con motivo del 50 aniversario de este diario para que se marcara lo que quisiera y, antes de responder, casi lo había enviado ya. Cómo no va a tener claras las prioridades alguien que, junto a su mujer, ha afrontado cuatro décadas de lo más intensas a raíz de que, como rememora, «hay un silencio raro en Neonatología. Allí la gente no nos hablábamos; una suerte de respeto, una forma de no querer saber».

Cris, Cristóbal, es uno de los 120.000 paralíticos cerebrales que hay en España. El padre daría la vida por escucharle una palabra, aunque él no sepa a quién se la dirige. Tampoco conoce a los Reyes Magos, mientras que los que lo rodean se agarran a la sonrisa que emite. Pese a que quienes lo trajeron al mundo se debaten entre continuas contradicciones, Andrés ha llegado a una conclusión: «Mi hijo es como debería ser Dios, pero yo no querría que lo fuera, claro… Yo querría que llegara a las cuatro de la madrugada hasta arriba, con una copa de más». Como la que el testimonio recaba. Por tí y que Cris te bendiga.

Pues sí, somos de cuidado

El dirigismo en el estado chino llega hasta el siguiente extremo. En el espot de la campaña donde se anuncia el fin, se ve a una joven llorosa que cede ante los papeles que le han puesto por delante: «Muy bien, voy a firmar. Pero tengo una última condición. ¿Me puedes abrazar una vez al día durante el resto del mes? Y envuelto en una música zen, lo cita en la terraza del rascacielos donde le pidió que se casaran; junto al lago en el que le dijo que la quería; en el rincón del primer beso… un martirio, vamos, que da paso al mensaje gubernamental: «No dejes escapar el amor. Tres millones de personas se divorciaron el año pasado en China, casi cien mil volvieron y se casaron nuevamente».

En la Comunidad Valenciana se cae como chinos al ser una de las que mayor índice de divorcios presenta: 73 por cada cien bodas frente a los 46 de media europea. Luego nos sorprendemos de que los británicos se quieran marchar o que en una formación novísima como Podemos se detecten crisis guapas de convivencia. ¿Pero es que hay algo más complicado que llevar adelante un proyecto común siendo cada uno de su padre y de su madre? Si no, que se lo pregunten a Sánchez que ha sido avistado en plan gran Gatsby para no ser reconocido ante el temor de que los suyos le digan tenemos que hablar. El pepé, llegado el trance del reparto, se convierte en una balsa y, si se avista que alguien está a punto de saltar, se le envía un Luis, sé fuerte y a vivir que son dos días.

Comparada con la realidad asíatica, a nosotros es que nos va la marcha. No lo podemos evitar. Oía el otro día lo ocurrido en un banquete nupcial. Ella se pira al servicio; ante la tardanza, él se acerca y la descubre dale que te pego con el ex. Se lía la de San Quintín y, en pleno fragor de la batalla, la orquesta irrumpe con la canción del verano para intentar distender pero lo que consigue es que la familia del novio le lance los platos, la tarta…Casualmente era El venao. Que es como nos pondríamos por una campaña como aquélla. Y con Mariano de Celestina, lo que nos faltaba.

La que le espera al huésped

Si no me equivoco, el primer presidente estadounidense que visitó España fue Eisenhower. Fiel al estilo, Naciones Unidas permitió la entrada de España en su seno por lo que el inquilino republicano de la Casa Blanca no tuvo más remedio que acercarse aquí donde sus bases mili- tares ya contaban con trienios; Luis María Anson se marcó un artículo titulado «Americano estás en tu casa» y varias fuentes coinciden en que el general del Ferrol recibió al mandatario con un chiste: «A un oficial herido en la cabeza al que van a operar le llega un despacho comunicándole el nombramiento de general. Cuando se dirige a ponerse al frente de sus hombres, el médico le recuerda la herida, a lo que el aludido contesta que, para ser general, no hace falta cabeza». Los nacionales más recalcitrantes, que no han dado tregua a Obama poniéndolo verde, son los que celebran por todo lo alto la visita de la mano de un Ejecutivo en funciones y, por contra, movimientos izquierdosos andan preparando protestas ante la presencia del más progresista de los dirigentes de su nación desde hace la tira. Efectivamente, a chistosos no hay quien nos gane.

El huésped, no obstante, también tiene su particular sentido del humor. En abril mismo decidió aplazar el viaje hasta que formáramos Gobierno y, antes incluso de que empezase la campaña del 26J, se confirmó que vendría. Esa velocidad a Rajoy no le va. Por eso la noche electoral Barack debió llamar a Margallo mejor para que le hiciera la disección: «Pues mire, desgraciadamente ha salido todo mejor de lo esperado». Y eso no es nada. En cuanto toque el pelo de la dehesa percibirá que el candidato del pesoe se altera al despidirse de él para irse a Sevilla y que, desde Podemos, han concluído el autoanálisis verificando que lo que le ha cortado las alas ha debido ser esta visita, puesto que es a lo único que aún no le han echado el muerto. Por lo demás, también encontrará a Mariano fastidiado porque, con la ilusión que le hacía, parece que no va a poder hacerse cargo. De la selección, naturalmente.