Fuera de catálogo

Cuando en 2002 Ikea incluyó Alicante en sus planes, escribí: «Pobretes.¿ Pero estos suecos conocen el patio?». Pasados 16 calendarios, la multinacional del mueble, que dispone de 328 grandes superficies en 28 países, lo que ha logrado es recuperar 41 millones que adelantó a Ortiz y sus socios para el macrocentro, que es para darse con un canto en los dientes. Después de que el tesejota anulara el Plan Rabasa, en el que se debía instalar el enorme chisme y de que el Supremo lo ratificase, el asunto anda inserto en el seno de la Actuación Territorial Estratégica sobre el que el Consell, a pesar del desmarque del constructor infeccioso, sigue sin pronunciarse.

Si el gigante nórdico, que abrió su primera tienda en el 58 y que en la actualidad cuenta con 4.600 curritos de 50 nacionalidades para unas ventas anuales de 31.900 millones de euros, se hubiera encontrado con procesos similares allá donde ha ido, hoy con dos quioscos y un par de encargados tendría de sobra. No nos engañemos. Lo peculiar de Alicante es que a lo largo de su reciente historia no precisa de agentes externos proclamando «me instalo ahí o ahí» para que proyectos presentados como beneficiosos queden suspendidos en el aire. Ahora se estima que la presencia del imán de los precios asequibles estrangularía la zona, pero hubo un alcalde que planteó levantar el palacio de congresos en el Benacantil y, sin embargo, ni él ni los sucesores se han movido lo suficiente para, en una pila de años, seducir a un polo de atracción así y no perder una inversión de tal envergadura. Mientras tanto a Ikea le ha dado tiempo a abrir su museo, viejo sueño del creador Ingvar Kamprad. Lo ha hecho en Älmhult, donde empezó todo, y ha puesto el pueblo patas arriba. Aunque dispone de objetos por un tubo, no sería extraño que piensen en abrir una sala para dejar a los paisanos con la boca abierta al plasmar el tiempo que llevan con lo de Alicante y donde se expondría a nuestros clásicos. Lo que ocurre es que pueden encontrar inconvenientes. Al parecer los originales figuran ya en el de cera.

Castillo de naipes

Se ha reabierto el Watergate. Alguno dirá: «Pues tal como está el periodismo de investigación, menos mal». Cómo andará que lo recuperado para interesados en rastrear de cerca unas huellas tan celebradas no es el caso sino el hotel en el que se alojaron el 17 de junio del 72 los cinco mendas que de noche irrumpieron en las oficinas del Comité Nacional Demócrata. Al igual que ahora, aunque por motivos diferentes, en España se había hecho de noche desde mucho antes en lo que a ese tipo de denuncias se refiere, lo que trajo la fascinación a los periodistas jóvenes y menos jóvenes por comprobar la manera en que, capítulo a capítulo, se iba viniendo abajo el castillo de naipes del inquilino de la Casa Blanca. A los inasequibles hubo que recalcarles que los artífices de la epopeya no eran Robert Redford ni Dustin Hoffman y sí Bob WoodwardCarl Bernstein, el dire Ben Bradlee y la editora Katharine Grahan, que aguantó el tirón de una manera difícilmente reproducible en unos tiempos en los que gran parte de las cabeceras han caído en manos de fondos de inversión y cosas peores, encargados de señalar claramente quiénes son molinos y quiénes gigantes. De ahí que Jacques y Rakel Coen, de Euro Capital Properties, se hayan inclinado por reflotar el lugar de autos en vez de hacerlo, si tanto les va la historia, con diarios capaces de levantar escándalos nuevos. Los dueños del Watergate son un joven matrimonio judío de Nueva York, los Coen, que saben de qué va la película. Y eso que el hotel que antes de junio del 72 albergase a Liz Taylor y Ronald Reagan entre otros, no es que tenga unas perpectivas muy halagüenas para remontar al haberse quedado en el flanco menos esfervescente del Potomac pero, aún así, los inversores saben que, del otro lado, donde hoy se pongan 140 caracteres que se olviden de alimentar dos años a un garganta profunda. Eso sí, en las llaves electrónicas de las habitaciones reza la inscripción «No hace falta entrar por la fuerza». Es lo que nos queda de todo aquello, un souvenir.

El tiempo del otro

Nada más concluir el último recuento, el pesoe constató que había quedado en una posición jodidamente estratégica. Contaba con dos posibilidades: pasar a la acción jugando sus cartas o enrocarse y esgrimir por activa y por pasiva que era el tiempo del otro, que fue lo que hizo. El resultado salta a la vista: sólo se habla de Sánchez y yo no diría que para bien.

Su tendencia como dandydato del partido ahí está: ha roto dos veces seguidas el récord de peores cifras y no ceja. También ha logrado que se convierta en fugaz el paso de Patxi López por la garita de la Cámara Baja y que sea manifiestamente mejorable el empeño mostrado por las huestes que aglutina(?) para intentar atraerse a algunos grupos en el afán de mantener a un buen centinela en lo más alto del hemiciclo y hacerle pasar las de Caín al gran contrincante en el caso de que se haga con las riendas. Pero como era el tiempo del otro… pues ya lo tenemos dejando a la presidencia del Congreso convertida en mono de feria, cachondeándose del paisanaje y poniendo en solfa algo tan íntimo como el «vuelve a casa por Navidad», convencido de que a diferencia del del no, él sí se come el turrón.

Con López al frente de las maniobras y diseñado un buen plan de operaciones en la Carrera de San Jerónimo, el escenario no era manco para conminar al candidato designado por el rey con un decálogo ante el que se tuviera que mojar, que arrancase con el adiós de la reforma laboral y terminara con todo lo demás que ha contribuido a alcanzar las mayores cotas de miseria moral que se recuerda. La prueba es que los otoñales intentos de salir investido vendrán acompañados de los juicios por las tarjetas black, Bárcenas… El no por el no del pesoe él sabrá dónde conduce porque, al ser el tiempo del otro, lo que vemos de éste es que mal no lo lleva. Felicita en Marca a los olímpicos al tiempo que se suceden imágenes exhibiendo sus caminatas, con las que acompañantes y oponentes permiten que se cuelgue medallas a pesar del estilo. No sé, ni que fuera tongo.

Adivina, adivinanza

Veo en teuveé una promo para ir a votar. Me quedo a cuadros. ¿Han saltado los plazos por los aires? ¿Forma parte de la maquinaria de presión orientada a Sánchez? Compruebo que no, que se trata de las vascas previstas para el 25-S. Tomo aire. Pasadas unas horas acudo a yutube para repasar el espot y no lo encuentro. ¿Lo habré soñado? ¿Tengo visiones? ¿Padezco eleccionitis? ¿Y usted? Pues bien, de esta guisa, sin saber si el día de Navidad habrá que elegir entre tomarnos el besugo en familia, a cientos de kilómetros de distancia de la residencia en muchos casos, o acudir a las urnas en vivo y en directo para en el recuento quedarnos seguramente con el besugo congelado, millones de españoles tendrán que afrontar en breve la «operación retorno» con la votación de la sesión de investidura dando vueltas sobre sus cabezas. Esto es ya demasiado. Como quien cuenta con la potestad de arbitrar un calendario mortal de necesidad ha tenido que quedarse sin sus semanas sagradas de vacaciones en la Galicia profunda, se ve que ha dicho: «Ahora os váis a acordar, guapitos de cara». Quiero suponer que la Casa Real fijará una visita urgente a la degeté, sabedor del gachó al que el monarca ha encomendado que nos conduzca. Cuando a final de mes la gente vaya encajonada en su auto y no solo deba aguantar al de atrás, que no respeta la distancia ni a tiros, sino que se le suba Mariano a la chepa diciéndole desde el hemiciclo por enésima vez que el volante es suyo, pero que el que tiene que meter las marchas es Pedro, el personal se percatará de que no es necesario que ningún otro automovilista se le eche encima porque tiene a los pilotos de las escuderías representativas de todos los paganos dándole por detrás tanto tiempo que hasta el retrovisor se muestra incapaz de registrar lo que se acerca. Resulta inverosímil que nadie sepa a ciencia cierta si el que se presenta desea que lo elijan o que no. Es de su embrujada tierra hasta la extenuación. Y si hay que esperar al 25 de diciembre, él tranquilo. Dada la tradición, vislumbra que habrá más pavos.

Causas para el gozo

El perenne Gobierno en funciones cuenta ya con dos ministros menos. No, si a lo tonto a lo tonto… El último en batirse en retirada ha sido Alfonso Alonso, valga la redundancia, y la cartera de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad ha pasado a manos de Fátima Báñez por lo que, madre de Dios, a la Virgen del Rocío se le amontona y de qué forma la faena. Con anterioridad, como es bien sabido, las competencias de Fomento fueron asumidas tras la renuncia de su responsable por el ministro de Justicia, lo cual tiene todo el sentido del mundo puesto que el inmejorable funcionamiento de tremebunda parcela te permite eso, estar a la que salta y entrar así al trapo de la campañita culé pro Messi para dejar caer que él no come- te en cambio delitos bajo manga por si acaso alguien lo pensó cuando poco an- tes de las elecciones aseguró que Panamá no es ningún paraíso fiscal sino que posee una «cultura tributaria distinta»; tener el cuajo de exigir una rectificación al colectivo gay por no invitarlo a celebrar el Día del Orgullo ya que su partido patrocina un sinfín de carrozas desde el primer día y anticipar que lo de Otegi en las listas, tururú, en un claro síntoma de que como el mismo Catalá advierte, los jueces son de una independencia a carta cabal. A lo que no hay derecho, sin embargo, es a que unos acaparen tanto y otros u otras, tan poco. Es el caso de Ana Pastor, la que no es de La sexta y ni siquiera presenta la fecha del debate de investidura, que es la única faena encomendada. ¡Qué gozo tan enorme debe reportar llegar a esa alta magistratura para ser la chica de los recados! Después de una prolongada carrera de estudios y servicios, ¡ qué íntima satisfacción! Más o menos la que debe venir sintiendo la sin par Soraya, quien vio tintinear tanto su nombre como alternativa al jefe que, conociéndolo, puede andar barruntando que éste, llegado el trance de perpetuarse, la cambie por un plato de Rivera. La situación es desesperada, pero no grave. Más seguros no podemos estar. Alborócense paisas. El de Interior sigue.

Maneras de viajar

No hay forma de ponerse de acuerdo ni para la distribución de escaños en el Congreso. Sus señorías todavía no saben cómo van a sentarse. Me lo vi venir en un reciente viaje en ave. Al adquirir el billete anticipadamente, hice constar que quería el asiento en dirección a la marcha y, sien-do aún responsable del ministerio, de adif y sus consecuencias la hoy presidenta de la Cámara Baja, al final me colocaron al revés. El galimatías está servido. Hay formaciones que ya saben que han perdido la portavocía del mixto hasta abril cuando la legislatura aún no ha roto aguas. Es que es todo muy difícil de entender. Nada más emprender la marcha pusieron los auriculares al alcance de los viajeros y, como la peli era francesa, no me pude resistir. Con el déficit de salas en versión original del que disfrutamos, en el tren en cambio sí que se pone en práctica con un tamaño de letra que llegas a la estación término tarareando el «Aranjuez» del maestro Rodrigo, sintiéndote vamos parte de él. Con tanta presunta trama suelta en la adjudicación de algún que otro tramo de la alta velocidad, no van a detenerse a cuidar encima los detalles por lo que es normal pues, que los chismes para el oído sean del Rastro por lo menos. Y hacerse así con el guión tiene su aquél. Entre los receptores de las condiciones exigidas por Rivera hay división sobre si aceptarlas o plantear alternativas. Desde el interior del pepé abogan por el debate. A ver si vamos a perder la perspectiva, por Dios. Fue durante otro trayecto, esta vez en preferente, cuando alguien que andaba perjudicado por una noche movidita y, tras dos horas en las que los ocupantes del asiento de atrás no habían parado de hablar ni un segundo, se volvió y les dijo: «Si no les molesta, voy a echar una cabezadita». Era un humorista muy conocido, pero no Rajoy. La única certeza con la que se revolvió éste a la propuesta recibida fue deslizar que se iba de puente a Galicia, instante en el que me limito a constatar hechos se desataron innumerables incendios. Afortunadamente, el resto solo echa humo.

En estado de alucinación

De la ceremonia inaugural se resaltó la apuesta por la conservación, en contraposición a la exhibida hacia los ciclistas que se tragaron los gases que el tráfico de Río les soltó desde el carril contiguo. Me impactó la delegación de Bermudas, compuesta por ocho deportistas con prendas rojas del mismo nombre. Una identificación identitaria de cajón e inofensiva y en la que no hay más que fijarse para intuir que media humanidad tendría por estos pagos la doble nacionalidad a huevo. Tal como sigue el patio, desechable no es.

Fue al paso de Botsuana, república parlamentaria con un 70% del territorio desértico – aquí es mayor políticamente hablando–, cuando empecé a tener visiones al distinguir a un blanco que, por el desparpajo, debía sentirse rey. Tanto es así que iba dándole la barrila a un jefe bosquimano con que «lo que te digo es que, con el niño al frente, aquello no se pone en marcha. Tampoco es que reniegue de haber abdicado, pero es lo que comento que, el ángel, no se hereda. Por lo único que me alegro es por lo contenta que anda la nuera con el veranito que está tragándose. Al parecer va diciéndole al partenaire que, la abulia de Mariano, le dura a ella media audiencia». Por las trazas de la excolega, incluso menos, majestad.

La alucinación alcanzó su mayor intensidad al divisar a Aznar situado entre el blo-

que de estadistas. Creí grillarme y, Rajoy, más. Sin relaxing cup o café con leche que valga, el maridín se cogió al interesado, le preguntó que cómo es que estaba pensando ya en las navidades y el otro le aclaró que en éstas no; que, en las de 2017, quizá. Me sobresalté entonces con la caña de la policía militar. Es tanto al afecto al interino de Dilma Rousseff que cazaron a alguien que se acercaba al palco temiendo que portara un libro bomba. Lógicamente era nuestro Pablo Iglesias, que así reaperecía. A Albert Rivera se le sorprendió a medianoche ante el espejo, en la cita sin duda más tentadora para él. El desfile resultó de lo más completo. Es lo menos que se puede esperar de este sueño olímpico.

Y la paciencia a flor de piel

Estoy en el pueblo, es la una de la madrugada y en la cadena que ofrece los Juegos anuncian el Corea del Sur–Islas Fiji de fútbol masculino. Aunque la tentación es enorme, todo no se puede tener. Y eso que cinco días en el interior de este páramo dan como una quincena completa en Benidorm, con la diferencia de que cuando te tienes que ir del bullicio festivalero es cuando de verdad aquello acaba de empezar. Los tiempos tan dispares, las necesidades tan distanciadas que siempre han existido entre lo rural y lo urbano. En el fondo, otra manifestación más de las dos Españas sin la que no nos encontramos. Dirá alguien: «No exagere, ahí está el ejemplo reciente de Inglaterra». Ya, pero por eso tampoco vamos a tirar cohetes.

La primera vez que apareció por este pueblo un urbanita y a mucha honra como yo fue cuando una hornada de socialistas respingones apoyados en el entusiasmo de profesionales progresistas de todas las ramas se puso a diseñar la España moderna. Hoy, en este pueblo perdido de cien habitantes hay un güifi que funciona con el culo, del mismo modo que lo hace una parte nada desdeñable del diseño que se implantó. Después de tanto pelear, no puede ser que con Franco cualquier criaturita pudiera ponerse enferma donde fuese porque en todos los sitios iban a cubrirla y que ahora con la cartilla, aunque lo que tengas sea leve, se termine de los nervios por lo que puede costar que te extiendan una receta. Y como ésta, cien mil. Algo no hemos hecho bien.

Además de responder a las consignas de Europa, que también tiene lo suyo, anda pendiente eso que atañe a nuestra propia identidad y que cada día que pasa se halla en mayor ebullición. Si sobre la base de lo que la inmensa mayoría cree que supuso un avance decisivo no se produce una revisión a conciencia y se zurce con tino y delicadeza, esto puede deshilacharse. Urge dentro de las urgencias. Pero como dijo hace nada el galán, «hemos dado el primer paso de una larga caminata». Job, por favor, recógenos en tu seno. Pero ¡ya!

Los estragos del converso

Los que siguen el avatar están pendientes de cómo va a resolverse el papelón, de quiénes están dispuestos a apoyar lo que hay que apoyar aunque sea dándole clandestinamente el plácet al pastel como ya ha ocurrido para enaltecimiento del ideario que representan y, por si todas las acrobacias no fueran suficientes, yo me siento abducido por las continuas apariciones de Verstrynge. Madre mía. Aprovechando la visita al médico mencioné el asunto y me dijo que, por mucho que la ecografía desvelara algo en torno a presuntas anomalías, lo que acababa de contarle sí que podría acarrearme consecuencias imprevisibles. «Ya lo sé, doctor, pero es que no puedo desengancharme».

Supongo que la mayoría se halla al corriente pero, por si hay gente que se cura en salud, diré que el que fuera secretario general de apé se ve a sí mismo como el verdadero tótem de Podemos para cuyo ejercicio empezó a acumular méritos haciéndole un escrache a Soraya en el barrio de Salamanca. Después de estar a las órdenes de Fraga todo es posible. Lo último que le oí al avieso analista tras el estruendo en Niza fue que, para que en España pudiéramos andar algo más tranquilos, Aznar debería seguir la senda marcada por su amigo Tony Blair y pedir perdón. Cada vez que lo escucho tiendo a resintonizar el aparato por comprobar si es que la fibra óptica ha hecho una de las suyas, y qué va. Es Verstry, que ahora que falta don Manuel, ya no hay nada que lo detenga.

Quien está contento con el ínclito es Llamazares. El que fuera coordinador general de Izquierda Unida -al ser lúcido en esa banda, lógicamente es ex- cometió la insensatez de cuestionar la fusión en frío de su formación con la de Pablo Iglesias por carecer del «calor de la gente»… ¡y qué ha dicho! A la vuelta de los resultados, el tótem denunció que había habido consignas en IU para votar al pesoe en Andalucía a lo que Zares respondió cuestionando el nivel profesoral del de la Complutense. Ya, pero, por las trazas, su magisterio persigue un solo objetivo: ser el otro Belén Esteban.