Dada la pasión por la lectura que profesan es natural que, en un trance así, se te vengan encima las peripecias del para la posteridad «matrimonio literario más duradero del siglo pasado». Sí porque, al igual que con Nabokov y Véra, el destello prendió en el primer encuentro. No se produjo en Berlín pero, por los efluvios, podía haber sido igualmente en París, en Salzburgo o donde el azar se lo hubiese propuesto a pesar de que la verdad del barquero es que el régimen imperante resultaba tan abierto que el erasmus era cosa de hombres y podía destinarte a los regulares de Melilla. Las notas que sonaron en el casorio de amigos comunes salieron de los dedos de aquella risueña pianista partidaria del romanticismo de Schubert y, tras el instante en que tocó separarse, no dejó de acompañarla con cartas que compusieron desde los albores la sonata de una relación tirando a eterna. Es posible que el joven intrépido estuviese empapado de una de las innumerables misivas en la que el prestigioso escritor ruso le decía a su ángel de la guarda «esta noche he soñado contigo; he flotado en una especie de nube de ternura por ti; siento tus manos, tus labios, tu pelo, todo y, si fuera capaz de tener estos sueños más frecuentes, mi vida sería más fácil». Pero, en el fondo, lo mismo daba. Menudo es, menudos son. Nada podía detenerlos: ni la distancia ni las escalofriantes pagas ni el paisaje sombrío. Juntaron luz de sobra apuntando en dirección apropiada, se metieron en ruta pegados a las señales que la enriquecían, plantaron la semilla y no tardó mucho en brotar las primeras ramas. En cuanto quisieron darse cuenta el compromiso germinó en roble. Y de modo natural lograron transformarse en ellos mismos a la vez que en otros: su gente, los amigos, el tronco que los mantiene entrelazados a esas raíces sanas, fecundas que, tras extenderse serena y pausadamente, envuelven a cuantos han atesorado la tremenda suerte de compartir buena parte del viaje al lado de los mozos. Es lo que tiene sumar y sumar sabiendo querer.
Mes: octubre 2016
Alicante tiene un color especial
En el preámbulo del primer contacto con la pintora Mira Perceval para configurar el logo del 75 aniversario, María comentó cuánto le había gustado Sevilla, de donde acababa de volver, comentario al que tembloroso de placer apostillé «si es que mi pueblo…». entre sorprendida e incrédula, la integrante de una familia tan arraigada en estos contornos repuso: «¡Ah! ¿Pero tú no eres de aquí?». No podía haberme hecho un elogio mayor. el propósito de cualquier desplazado es el de confundirse con el paisaje que lo acoge y, de dedicarse a lo que nos dedicamos, se convierte en obligación. Desde el día en que llegué 37 años atrás tuve la suerte de contar con guías de primer orden. Jesús Prado, Vicente Peris y Antonio Vivo me ayudaron a situarme a una velocidad de vértigo, radiografiando a los clásicos y desvelando claves esenciales, lo que me posibilitó reemprender sobre una red mullida la carrera con la que siempre soñé.
Tuve la potra de entrar a los 18 añitos en El Correo de Andalucía que, en la antesala de la muerte de Franco, no era un sitio cualquiera. Se trataba de una guarida combativa. Tras haber contado con el cura Javierre al frente, fue accediendo a material diseñado en habitáculos clandestinos que iban haciéndose su hueco en las páginas para asombro de la concurrencia. Un director terminó detrás de los barrotes después de haberlo hecho su segundo de a bordo por firmar una entrevista con Isidoro a la vuelta de Suresnes. Al entonces abogado laboralista trastocado a día de hoy en jarrón chino de los que también causa sensación, lo dejaron ir. Dado que los informes secretos confluían en que aquel joven seductor jugaría con sus morritos un papel determinante a la vuelta de la esquina, la brigada no le echó el guante. Así se escribe la historia y quise seguir haciéndolo en un emblema como el vespertino Informaciones que se bajó de La Castellana al Guadalquivir para rociar sus páginas de embrujo. Con vistas a ello sedujo a renombrados colegas esparcidos por el territorio y no dudé en irme de aprendiz insolente, pero la ilusión duró apenas nueve meses y tocó abrirse en canal para buscarse las habichuelas.
Al cabo de un tiempo de vivir como Dios con los dividendos del desempleo, me hablaron de un periódico por Alicante y no lo dudé. A nada de hacerlo, noté la molla que contenía. Pese de las apariencias descritas, las embarcaciones precedentes estaban bastante lejos de desenfundar los planteamientos de vanguardia que bullían en el laboratorio sito en la calle Quintana: continuas puestas en común; análisis a conciencia de los textos que habían salido; radiografía de la competencia; pirámide invertida; preocupación por pulir textos y por acceder a historias con tirón; cruzada contra el abuso del teléfono y apuesta por pisar la calle al paso de Tom Wolfe; inquietudes a babor y estribor, pasión por el oficio y criterio, mucho criterio. el incesante soplo de toda aquella concienciación emergía del despacho del director. Por fin me tocaba en suerte alguien que no estaba loco ni era un temerario ni más escritor que articulista ni un politicastro de tomo y lomo, sino un periodista desde que se levantaba hasta que se acostaba. Aunque a estas alturas sé que no destapo noticia alguna, Jesús Prado es de esos seres que ya no se fabrican. No lo recuerdo nunca por medio. Trasladaba su visión de la jugada, expandía el germen en los términos que requería cada situación y dejaba hacer trasvasando a los discípulos dosis de confianza con la dimensión apropiada para que cada uno fuera labrándose su diagnóstico y tallándose una personalidad de paso. Apoyado en el sentido común resultaba tan indestructible que alguno, con excesiva prisa en ocupar su demarcación, conspiró y conspiró hasta salir trasquilado. Incluso en época plagada de sobresaltos domésticos, el dire no dejó de señalar que nuestro único norte era el interés de los lectores.
Tanto sedimento requería de un nuevo impulso que no podía propiciarlo el estado como empresa ya que, para cambiar de Olivetti, los servicios centrales demandaban no sé cuántas instancias con los consiguientes meses de espera. Bien adentrados en los ochenta, esta casa necesitaba de una buena movida. Y la tuvo, vaya si la tuvo. La cogió por banda un editor treintañero que era toda una incógnita y que, no obstante, fue poniendo en órbita al diario y a sus hermanos de estación. De cada reunión con Javier Moll salíamos molidos. «Nos va a matar», decíamos sotto voce lógicamente. La demanda era constante: mejora de contenidos, nuevas secciones, hay que mojarse, más ediciones, intenso contacto con la sociedad, abrir foros, coleccionables, historia y tradiciones locales al por mayor, iniciativas editoriales de todos los colores… y un axioma que les sonará: por encima de todo, el interés de los lectores.
Tuvo ocasión de demostrarlo y lo demostró. La prueba de fuego llegó a manos de la manera de entender el poder de una autoridad –civil, en este caso– y el editor la superó de tal modo que, a resultas de aguantar el pulso, es posible que en ningún otro grupo de comunicación se disfrute de la independencia y libertad que en éste. Los profesionales entendieron lo que había en juego y, gracias a su convencimiento, solidificaron frente a peligros de esa naturaleza una cabecera en Alicante poco menos que indestructible. Siento orgullo, para qué voy a engañarles.
Pues eso, a las tres, las dos
Ya la tenemos liada parda con lo del cambio horario. Que si quieres arroz, Catalina. Y como aquí, cuando cogemos un temita por banda no nos andamos qué va con tonterías, tampoco habría que descartar que la diatriba llegase hasta el Constitucional. El que avisa, no es traidor.
Unánimemente, el parlamento balear ha votado una resolución para que el domingo a las tres no sean las dos. La propuesta, presentada por los econacionalistas, sostiene que la luz solar es «clave para nuestra salud y estado de ánimo» y otras instancias han advertido que las competencias para llevar a cabo dicha pretensión son del Estado y los husos y el
horario se hallan regulados por la normativa europea. La verdad es que ambos, España y Europa, están como para ponerse a hablar del tiempo más o menos. Eso sí, no hay un comité federal por medio para decidir si deja más franja de luz solar o se abstiene porque se sabría de antemano la respuesta: «A mi, plín; como Sevilla tiene un color especial…».
Pero, ojo, porque ignoro si los impulsores y defensores de la eliminación de esta medida conocen nuestra peculiar situación horaria, que acumula un desfase de dos horas puesto que Franco decidió sincronizarse con la Alemania de Hitler, ordenó atrasar una hora el reloj y esos 60 minutos no se recuperaron a diferencia de lo hecho por Gran Bretaña y Francia. No habría que descartar pues que, en medio de la refriega, alguien pusiera en danza la Ley de Memoria Histórica. Hay gente p ́a tó.
El caso es que, frente al ahorro energético esgrimido para esta yenca horaria, el sector turístico apoya la iniciativa balear al recalcar que no es de recibo arrebatarle sacudidas al bronceado. Y en el fiel de la balanza también se coloca el aumento de las ventas y, por tanto, la reducción del desempleo debido a la ocupación de todo el año; la reducción del consumo de electricidad y hasta que cuanta más luz tengamos, más se activa el deporte al aire libre. No, si al final va a ser de las pocas disputas en la que no estamos perdiendo el tiempo.
Ni nostalgia ni esto, joder
No soy nostálgico, que conste. No echo de menos estar por cumplir los veinte y andar otra vez con las inseguridades alborozadas invadiendo hasta las zonas más íntimas, de modo que quita, quita por Dios. Ahora bien, los que nacimos al debate político en plena reconstrucción por coger las riendas de nuestro destino una vez superado lo más duro del oscurantismo, lo tenemos jodido para hacernos un hueco en la dimensión actual. Aparte del ansia por tocar cuantos más palos mejor y de robustecernos intelectualmente para estar en condiciones de que ningún listillo nos comiese el coco, ¿se acuerdan de La clave? Cinefórum casero, con una peli de postín como preámbulo, para que invitados con cuajo, sólidamente formados debatieran hasta las tantas hacia dónde nos encaminábamos cuando cayera el Telón de Acero o qué medidas reconstituyentes necesitábamos a fin de convertirnos en una sociedad avanzada donde las desigualdes fueran menguando. Ponentes del pensamiento conservador y del otro que daban pistas y hacían pensar. Una exposición tipo Gómez Llorente, poco felipista, podía presagiar que el camino emprendido por la socialdemocracia no parecía el más instructivo, que era precisa una reflexión antes de que el revoltijo la dejase sin hueco, pero lo que no te provocaba era afán incendiario por asaltar la universidad e impedir que el protegido de Willy Brandt disertara en sus aulas. Pese a las profundas diferencias de criterio, no recuerdo bronca intempestiva entre los participantes. Los espacios herederos se basan precisamente en ella porque buena parte de los convocados son lo peor de cada casa, aprovechados que no tienen nada que mostrar salvo arrojo a espuertas, aunque no haya asociación de espectadores alguna que alerte del desvarío. Yo no sé si aquellos análisis reposados y productivos los he soñado porque, soñar, soñábamos, ¿pero alguien imagina a La clave introduciéndose hoy en el prime time del ente público que tenemos? De lo que le entra al Pirulí hay que llevarlo al urólogo.
En el salón de la fama
Al caerme de la cama, al meter la llave para regresar a casa, nos encontremos en el otoño tristón o en un domingo luminoso, es muy raro que en el salón no me encuentre sonando a Leonard Cohen que, la alegría de la huerta, precisamente no es que sea. Así que, como comprenderán, agradezco de corazón a la Academia que no le haya concedido el premio. No creo que hubiera podido resistirlo.
Sí, porque previamente ya me puse de los nervios en cuanto vi, no que estaba a punto de sacar un nuevo disco, que bendito a sus 82 tacos, sino que de camino al lanzamiento había confesado hallarse «preparado para morir». Si años atrás en Old ideas reflejaba «no tengo futuro, sé que mis días están contados, no es tan amable el presente, pensé que el pasado me sobreviría, pero la oscuridad era esto también», ¿qué nos esperaría ahora tras su fúnebre confesión? Como los excelsos creadores suelen ser ciclotímicos, el día de la presentación del trabajo coincidió con la concesión del famoso Nobel de Literatura y cambió el chip. Puso al colega por las nubes, rectificó los pasos prematuros que había dado hacia el camposanto y expresó su intención de «vivir para siempre». Eso lo tiene al alcance, al igual que otros ilustres del planeta creativo en el que habita. A pesar de los bajones, el músico canadiense aún comparte y se deja ver pero, como sabrán, la Academia sueca ha desistido en su intento de contactar con Dylan para comunicarle la distinción. Quien lo ha perseguido ha sido la secretaria que fue la que recomendó al comité del premio el Blonde on blonde del 66 para entender la poesía del autor y, una vez captada, la subieron a los altares. El antimarketing que despliega es la prueba fehaciente de la consistencia y el valor de su obra. Y también es llamativo cómo han celebrado los seguidores el Nobel cuando, desde medio siglo atrás, el trovador de Minnesota al que idolatran desdeña cualquier flujo procedente del exterior por lo que, en su honor, permítanme para epatar que añada solo una cosita: ¡Viva Leonard!
Somos unos monstruos
No seré yo quien me queje de que al director de «El orfanato», «Lo imposible» y «Un monstruo viene a verme» le hayan dado hasta en el carné de identidad y lo enaltezcan a partes iguales. Que si la del monstruo es tramposa por los cuatro costados, la llorada del año, vamos, y que si el viaje emocional es notable, con un Bayona que demuestra su capacidad para sugerir terror y efecto balsámico a la vez convirtiéndose en la prueba fehaciente de que el cine –la cultura, el arte, vaya– cura. Cada uno es muy libre de vivirlo a su manera, estaría bueno. Para más espectáculo, la recién estrenada está batiendo récords de taquilla. Malo. Ni el fútbol, ya saben. El deporte nacional es el que es. Almodóvar ha acabado siendo infinitamente más reconocido fuera que dentro y hablo de Estados Unidos, Reino Unido, Francia… no de Suiza ni Andorra, donde los que tienen la ficha hecha pertenecen a otras familias. Tanto meterse con la de los Bardem mientras el patriarca de los Pujol continúa asistiendo a recepciones como si tal cosa y los demás departiendo con él como si tal otra. Pero vuelvo a la historia, que me pierdo. En el caso de que las tres películas mencionadas se hubieran producido en jólivu, los de siempre dirían que nuestro cine es incapaz de rodar algo así ya que solo gira sobre la guerra. Hay gente que se ha quedado anquilosada, que acude muy poco a las salas y que desprecia el catálogo hispano aunque se le llene la boca con Es-pa-ña sin que, oiga, nadie se atreva a tocársela. Pues que sepan que, a pesar de los pesares y de que también participan de esa línea quienes no deberían permitirse el lujo, el paisaje anda repleto de creadores como Trueba, Amenábar, Cesc Gay, Alberto Rodríguez, más los mencionados y otros que son comparados a Spielberg, Scorsese, Wilder por estrellas… de otros países, claro. Para Sigourney Weaver, lo que encumbra al realizador de la cinta que tanto hace llorar «es esa gran visión para combinar lo fantástico y la realidad». Sí, lo siento, pero lo que tenemos es un sueño. Y manque joda, real.
Lo del bosón es pan comido
Hay esperanzas para el pesoe. Si de aportaciones de baronías, virreinatos, corrientes, agentes clientelares y grupúsculos es difícil esperar que se ilumine el cónclave para que una organización perdidilla sea capaz de saber hacia dónde se encamina, la física abre, en cambio, un portón. Michael Benedikt es el jefe del Estudio del Futuro Colisionador Circular, algo así como encontrarse al frente de la gestora. Aquél es el responsable de proponer el diseño de una máquina capaz de chocar partículas con diez veces más energía de lo que lo hace la actual que permitió el hallazgo del bosón de Higgs. Ya sé que, al lado de la fórmula para que el partido centenario salga de ésta dar con el bosón es pan comido, pero los planteamientos científicos están enfocados de modo que pueden servir para un roto y un descosido en sendos campos magnéticos. Y si no, fíjense. Según Benedikt, el problema del modelo que viene aplicándose es que sólo explica el 5% del universo –en la órbita socialista, el tanto por ciento sería inferior– y, al tener que avanzar, «la gran cuestión que aún tenemos es, por encima de ninguna otra, la materia oscura». Y el universo Ferraz ahí es ilimitado. Yo aprovecharía la estancia del investigador del laboratorio europeo de física de partículas, radicado en Ginebra, para pedirle que acuda al próximo comité federal porque, si él y el equipo que lo construyen están pensando en un artefacto que proporcione diez veces más de energía en las colisiones de las que suministra el aparato en funcionamiento, puede que en cuanto a colisiones se refiere tenga la oportunidad de encontrarse con todo un granero. Tengamos en cuenta que los físicos necesitan instrumentos capaces de imitar lo más posible las condiciones que se dieron instantes después del Big Bang, o sea la noche en que Sánchez saltó por los aires. El mayor inconveniente para esta asimilación radica en que las decisiones que determinarán el diseño del futuro acelerador se tomarán en 2019 y 2020. Y, claro, eso es muy pronto para que el pesoe se pronuncie.
No perderse en la travesía
Tras verse forzado a dejar el cetro, el hombre que rigió los destinos de esta tierra durante un tramo nada despreciable leyó su tesis doctoral, la blindó y exigió que fuera custodiada para que nadie tuviese acceso a ella. Lo hizo dos semanas después de ser absuelto del delito de soborno y un día antes de que entrara en vigor una disposición que obligaba a los doctores a colgar sus investigaciones en pedeefe para la consulta pública de cajón. El autor del mamotreto en torno a Propuestas para la reforma del sistema electoral ha sido acusado de plagio por un profesor de Navarra, en su día diputado autonómico socialista. Va de retro, Satanás. Si se añade que el antecesor al frente de la nave tampoco fue manco a su manera, los sucesores de este mandatario iluminado, que al salir de la sesión en la que el tribunal le otorgó un sobresaliente cum laude llegó a asegurar que le encantaría «enseñar todo lo que he aprendido durante años», no solo no quieren que la tesitura en la que se encuentra el mundo al que representan permanezca bajo llave sino que se muestran dispuestos a llegar a los confines para exponer que así no vamos a ningún lado. Y aunque cuesta explicar cómo, la rueda gira… sin llantas, radios ni apenas aire. A los ojos de cualquiera se trata de un misterio y no digamos si quien observa el fenómeno que tiene lugar por estos confines es tirando a cartesiano. A García Márquez le ocurrió que hasta que no se distanció de Aracataca una eternidad no se percató de que allí habitaba su Macondo. Pese a las posibilidades que él albergaba, eso no le impidió dar palos de ciego. Pero durante una escapada vio lo que pronto se convertiría en Cien años de soledad, se lo transmitió a la compañera de viaje, ésta negoció la deuda que iba a impedirles mantener la casa al regreso y, como Gabo renunció a lo banal, olvidó a quienes le ignoraban, fue derecho a por lo más vital y dio con la tecla, en nada se acabaron las penalidades. No sé si aquí es más fácil acabar con ellas o que, dentro de este realismo mágico, nos salga un Nobel.