La desmemoria

Son las diez y, en lo que llevamos de día, no he pillado nada con Juan Luis Cebrián. Tras el éxito obtenido, igual es que se  ha retirado a los cuarteles de invierno.

Fui comprador de El país desde el día en que salió. Es verdad que llevaba dentro el deportivo porque, para ligar, cotizaba ser intelectualoide. También había que retratarse con las cintas de Arte y Ensayo y cualquiera era el guapo que las cuestionaba pese a no haber entendido ni papa, lo cual resultaba por otra parte una ventaja para asentir de todas, todas sobre la joyita.

Lo que se captó enseguida es que aquella cabecera llegada a los quioscos a los pocos meses de moquear Arias Navarro había venido a perpetuar con más medios el cuerpo de Informaciones apostando porque España dejara de ser diferente. Para unos puede que fuese la biblia, pero en lo que sí se convirtió para los del gremio fue en una referencia solvente, moderna y creíble de hacer periodismo que conectaba con aspiraciones y ansias soterradas.

Convencer de eso, como de tantas historias, a las nuevas generaciones no es moco de pavo y más después de ver pasearse al ínclito por diversidad de plataformas pretendiendo hablar de su libro y constatar qué queda del espíritu de mayo del 76 en el que fuera su primer director y el más carismático con diferencia. El mismo al que, como presidente del grupo, le preguntan hoy por los papeles panameños en los que figura su ex y responde que «ella es responsable de sus actos», aunque los bienes gananciales también existan y el mismo al que le inquieren por el presunto regalo del 2% en Star Petroleum del magnate de origen iraní Zandi y se despacha con «no me regaló nada; me pidió un favor y se lo hice…además no he venido aquí a dar explicaciones de mi patrimonio personal… me puede preguntar cuántas veces me masturbo, pero no le voy a contestar tampoco a eso». Es posible que las pajas mentales que se hará en esa posición le impidan recordar que el derecho a preguntar cuanto se estime oportuno sobre todo lo noticiable era sagrado en aquella biblia.

Deja un comentario