Los jubilados encendidos

Un jubilado ha sido detenido por quemar 16 contenedores cuando paseaba a su perro. Habría venido haciéndolo desde noviembre, no en una sola noche dado que los chuchos también tienen un límite y no suelen aguantar que se les dé la murga con un itinerario extraño contra su voluntad. aún resultando llamativo, el problema es lo que podrían llegar a hacer no ya los jubilatas sino los que, a medio plazo, contaban con poder echarse en brazos cómodamente de la pensión después de toda una vida dale que te pego. He tenido la paciencia de recopilar lo que ha venido publicándose desde el mes de los difuntos del estado en el que boquea la hucha de todas las huchas y del panorama que se cierne sobre los que alcancen la edad establecida y te pones a rezar por los vueltazos que en el futuro puede esperarle a los pobres pastores alemanes.

Ya en ese tramo archivado pudieron verse titulares anunciando que la leche de la susodicha se agotará a finales del año en curso. Hasta hace nada, cuando unos pocos se lo llevaban calentito y el resto nos creíamos que vivíamos en el mejor de los mundos en lugar de en la inopia, buena parte del personal soñaba con jubilarse a los 61 y hoy, la mitad de los que se hallan en edad de merecer el cambio de chip, están convencidos de que no les quedará otra que acceder con fatiguitas al retiro sino es que les toca pasarlas putas.

Yo observo al presidente del Gobierno y lo noto estresado con este asunto. sin parar de ver a expertos, tomando la iniciativa, buscando consensos, explicándole pormenorizadamente al personal por dónde está pensando que tiremos para hacer frente al perfil canallesco de las cotizaciones, a la baja tasa de fecundidad y al incremento de la esperanza de permanecer por aquí. la verdad es que debería descansar ya un poquito y dejar de tranquilizarnos con tantas medidas que, quieras que no, te terminan abrumando. Y no solo los perros, hasta a los gatos se les ve fuera de sí. con siete vidas, quién no.

Lengua de serpiente

Javier Krahe, que en gloria esté aunque ya la saboreara a raudales, lo calificó de «hombre blanco hablar con lengua de serpiente; cuervo ingenuo no fumar la pipa de la paz con tú, ¡por Manitú!», cuando el aludido se encontraba en la cima a pesar del trastorno que supuso el embarque de la Otán. Hoy en día el papel que juega como referente de un modo de pensar reclamaría de esa lengua señalada por Krahe una versión actualizada pero mucho más loca, sin descartar el heavy metal. Lo cierto es que tantos años después, Felipe –ahora González por méritos propios– ha conseguido el más difícil todavía: que los felipistas no sepan de entrada si lo son siquiera. De esta guisa dio por inaugurada la nueva carrera de sus correligionarios hacia cualquiera sabe dónde al son aproximadamente de «no voy a hacerle a nadie la putada de decir que lo apoyo porque, con todos los que lo hice, perdieron». ¿Y qué esperabas, miarma?

Fue decir unos añitos atrás que la persona seria, cabal y coherente era Almunia y dispararse Borrell entre la militancia. A Josep le cuesta poco dispararse porque se gusta lo que no hay en los escritos. Se cree el más listo y es posible que lo sea porque derrotó al oficialista en la contienda. Duró al frente el tiempo justo invertido por los tontos en rearmarse y encontrar la percha hasta lograr que diera con los huesos en

tierra. El hombre reapareció en la penúltima feria montada por la basca y, como de salida es brillante, hubo gente que lo escuchó y empezó a sugerir que se presentara. Pensé: ¿a que lo hace? pero, no. Como él mismo dice, es inteligente.

Los que no lo son tanto se han echado ya a la carretera a emprender el desafío de recomponer la maltrecha partitura. Susana lo ha hecho lanzando un mensaje de unidad, con lo que al menos demuestra que conoce la de jirones que son capaces bajo estos acordes de proporcionar entre todos al instrumento. Tantos que, como se lo propongan pueden lograr que las diferentes sintonías no enganchen al auditorio ni por asomo. Y así hasta dejar de sonar.

Sucumbir a la fascinación

Durante el juicio que se sigue por el barcenazo ese con el que ni Rajoy ni nadie de la organización que preside tiene por supuesto nada que ver, faltaría más, a la primera persona que nombró la mujer de Luis, sé fuerte conforme relató su acceso a la ancestral apé fue a Jorge Verstrynge. «sí, por allí estaban el secretario general del partido…», recordó en este caso con precisión, Rosalía Iglesias, amantísima esposa y seguidora acérrima del ejemplar maridín. Pocas horas después de la declaración, el que se ponía delante del juez era Verstrynge pero no por nada relacionado con la manera de producirse que ha desplegado la caterva de tesoreros seleccionados, sino por agredir a un poli en una historia callejera a favor de la república coincidiendo con la proclamación de Felipe VI. La fiscalía solicita tres años y medio de prisión para el menda al considerarlo autor de un atentado contra la autoridad, tras el empujón que le provocó al agente algunas lesiones por cortarle el paso mientras el manifa de postín le espetaba «yo paso por mis cojones». Habrá a quien le parezca exagerada esa petición de pena pero es probable que, sin necesidad de hacerlo constar, el fiscal haya incluído sus continuas apariciones con García Ferreras en Al rojo vivo, que también tienen delito. Desde luego, yo lo entiendo.

Y es así porque no todo el mundo está en condiciones de digerir los récords que sigue batiendo el politólogo, con perdón. igual alguno no lo recuerda y, sin embargo, antes de convertirse en consejero aúlico de Pablo Iglesias, el señorito se hizo militante socialista por lo que el pesoe todavía debe darse por satisfecho porque, de haber hecho carrera, en estos momentos cruciales no le faltaría ya ná de ná.

Resulta fascinante aquellos que cambian de adscripción porque su evolución ideológica los va volviendo loquitos. De producirse, suele ocurrir que a los dieciocho se es revolucionario y, a los sesenta y tantos, de orden. lo de este caso tiene muchísimo más mérito si no fuera por lo que es.

Año de nieves, año de bienes

Es un tipo que no va a misa y, en las tres semanas de 2017, ha estado en cuatro de difuntos, uno de ellos muy próximo. Eso unido a que tuvo que desconvocar la cena de nochevieja de la bronquitis que agarró y que aún no ha soltado, lo tienen sin salir prácticamente de casa y, como es de imaginar, con la moral por las nubes. De hecho, él que no perdona el concierto de año nuevo desde Viena, acaba de rescatarlo porque hasta ahora no tenía cuerpo y la Marcha Radetzky le ha parecido la fúnebre de Chopin. Al menos no es valencianista, algo es algo.

De lo que no se ha librado ha sido de acudir a urgencias enviado por su médico de cabecera. Siete horas de espera hasta oír su nombre y no es que pueda decirse que la epidemia de gripe sea la única razón puesto que no se trata de la primera vez ni del mayor retraso. A pesar de estar ante un gran creyente en el sistema público de salud, no se puede ocultar que le sacuden ciertas crisis de fe. Profesionales sanitarios vienen advirtiéndole que se posterga y adelanta la edad de jubilación de los galenos según le da al mandamás de turno y que determinadas plazas han empezado ya a amortizarse. antes se atracaba al son de la bolsa o la vida, pero ahora… Cuando uno choca con las prioridades que se establecen desde los gabinetes para rescatar lo irrescatable con tal de ponerse una flor de pega en el ojal y se permite que lo básico, lo sustancial se deteriore de modo alarmante es que sus componentes están menos en contacto con la calle que este hombre mientras la bronquitis le acompañe. Y al final, cuando los especialistas lo cogen por banda, vuelve a reconciliarse con el mundo porque la atención es de chapó y eso que los doctores han de hacer el electro con un trasto del pleistoceno y han de aguantar el humor de quienes vienen de sufrir una demora indigna a pesar de que pacientes ya lo eran al registrarse para ser atendidos.

Con Donald suelto por ahí, lo único que suplica el tipo es poder acabar el año como Walt Disney. Congelado, efectivamente.

Qué historia la nuestra

Por necesidades del guión tuve que realizar y escribir las dos últimas entrevistas con los cabeza de lista de las elecciones del 82 del tirón. A Luis Gámir, que en paz descanse, se la hice en un restaurante repleto y, entre el incesante murmullo y el tono de voz más bien intimista del candidato de ucedé, las pasé canutas para traducir una exposición de un calado intelectual y científico al que no estábamos acostumbrados y que encima se entremezclaba con la exigencia cercana y constante de «¡una de chipirón plancha!». Para continuar con el cartel, Antonio García Miralles, El Sordo. Convencido estoy de que si me tocara afrontar esa tarea en la próxima convocatoria, completaría por fin el cuadro. Observando el espectro actual, la verdad es que por ciegos no iba quedar.

Y a pesar del contrarreloj conservo de aquella jornada un recuerdo muy grato, por la sencilla razón de que los presentes nos lo creíamos. Gámir era todo menos un hombre de partido, por eso anidaba en ucedé. Y sin embargo, demócrata fetén, sentía la tarea de transformación y de modernización que quedaba por delante como un militante acérrimo de la formación más revolucionaria que pudiera presentarse pese a su aire tímido, centrado y profesoral. Yo no sé cuántas personas de su preparación están hoy en día por la labor de aparcar la cátedra y darlo todo por uno de los proyectos políticos que hay sobre la tapete, pero me lo temo.

Muy distinta había sido la trayectoria de García Miralles, cuyo pesoe estaba cantado que se disponía a arrasar en las urnas y a devolver a la izquierda al poder tantos años después. anfitrión desde la clandestinidad del secretario general salido de suresnes, las históricas siglas se habían convertido en un partidazo con una maquinaria que lograría la ingente tarea de hacer de españa un país europeo más hasta que, gracias a ciertos elementos incrustrados, se pasó de frenada. Y ahí está. Con tal capacidad de análisis de la realidad que no le llega a la suela del zapato a los que aún realiza El Sordo. Es lo que hay.

Lo que cuesta dejar de respirar

Antes de que la inmensa mayoría sepa siquiera cómo se llama, la ministra de sanidad lanzó lo del copago por ver qué efecto causaba. se trata de una táctica que hizo fortuna en época de vacas gordas cuando daba igual ocho que ochenta. La peculiaridad de esta mujer ha sido ponerla en danza dentro de unos ejercicios rebosantes de zozobra. se ve que quiere que aprendamos pronto su nombre por si cotiza poco en el cargo, que pinta lleva.

Algunos iban acordándose de ella dentro del grupo del imerso que tomó el tren en león, camino del Mediterráneo, sobre todo cuando a media hora de Madrid se registraron unos gritos en el vagón nueve, donde un integrante de la expedición, de 82 años, acababa de sufrir un infarto. Hay quien se acordó de la ministra sobre la marcha, aunque no tuviese ni pajolera idea de su nombre, y se empezó a comentar por lo bajini si en el futuro y, según lo que esté por venir, a un infartado le revisarían antes las características de su pensión que las arterias. afortunadamente viajaba una joven médica unos asientos más atrás que la mujer que dio la voz de alarma y para allá que se fue la chavala pidiendo tender al enfermo en la pasillo, pero ¡ya! lo mismo que lo de la ministra diciendo a las pocas horas que a quién se le ocurre asustar a los pensionistas, no se puede ocultar que el resto de componentes de la expedición se agolpó sobre la escena por mucho que los monitores se desgañitaran pidiendo aire. este es un país en el que cuesta dejar respirar, se tenga el decreto ley a mano o el morbo de a quien le ha tocado la china ante los ojos. Menudo espectáculo el nuestro.

Al hombre lo evacuaron, el vagón acogió una ovación para la doctora, se formaron corros y, aunque la gente reconocía estar agotada, no dejaba de hablar ni estaba dispuesta a perdonar la pista nada más llegar al hotel. A la ministra, que también baila, igual le da por anunciar la inserción de los grupos del imserso en los vagones silenciosos. la reacción sería atroz: «¡copago y lo que quiera, pero eso sí que no!».

En el origen de la meca

Nada más saltar de la cama, Trump comprobó lo que Meryl Streep le había dedicado en los globos, desenfundó el chisme y fue a por ella: «es una de la actrices más sobrevaloradas». en esta ocasión tuvo mucho mérito el hombre. aunque no era fácil, fue capaz de dar con lo único que nadie ha dicho de él.

Quien se presentó sobre esas horas por los dominios del presidente electo fue el encargado de exteriores del reino Unido, Boris Johnson, el mismo que tiempo atrás aseguró que evitaba ciertos lugares de nueva York para no cruzarse con el propietario de torres y casinos, que la ignorancia de éste le hacía «no apto para la presidencia de estados Unidos» y que uno de los peores días de su vida fue aquel en el que, por esos pelos, una niña lo confundió con él. Tras el Brexit y… Boris ha soltado a sus colegas europeos que «dejen de lloriquear» por la victoria del capitoste norteamericano. Teniendo en cuenta que el canciller no está sobrevalorado ni para la primera ministra británica, debe ser solo el principio de lo que le queda por purgar para que al otro se le vaya el globo.

Antes de convertirse en amo del universo, el sucesor de Obama no deja pasar una. al pelirrojo que ha osado invadir su territorio, solo lo ha despreciado y ni siquiera le ha escupido de momento. De Serge Kovaleski, el periodista que sufre una discapacidad y que fue la base del alegato de la actriz, Trump dice que nunca se metió con él aunque llegó a imitar su voz para hacer más patente la burla. a la hora de denunciar escándalos, el comportamiento del magnate le sirvió a Streep para enaltecer la necesidad del papel de la prensa. También es mala suerte. Para alguien que lo hace en momentos tan crudos del oficio, la tildan de sobrevalorada. Claro que el hilo conductor de su discurso fue el de resaltar que el origen de quienes componen jólivu es cada uno de su padre y de su madre, con la pléyade de directores europeos que protagonizaron el blanco y negro. ahora, sin embargo, sobresalen los mejicanos. Ya está bien de provocar.

Por la gracia de Federico

Cuando presidía el congreso, Trillo imitaba al amigo de Bush en la intimidad, ahora que ya nadie va a castigarlo puesto que ha prescrito al igual que Aznar aunque él no lo sepa. pues sí, por mucho que cueste creerlo Federico se las ha dado de chistoso y vaya puta gracia la suya.

El cartagenero que ingresase como número uno en el cuerpo Jurídico de la armada fraguó en perpétuo diputado cunero por la sencilla razón de que los paisanos con mando en plaza, pertenecientes al mismo barco, querían verlo a cuantas más millas de distancia, mejor. Ni Zaplana se fió nunca de él, lo cual es un grado.

El supernumerario del opus estuvo dándolo todo hasta las tantas en un tablao la víspera de que Fraga traspasara el timón al discípulo, una entrega de diplomas que el cristiano de la rama aflamencada estaba convencido de que le reportaría misiones que solo alguien con piel de elefante sería capaz de llevar a cabo. Y así fue. El autor de El poder político en los dramas de Shakespeare se encargó no tanto de tareas legislativas como de iniciativas soterradas en situaciones molestas que llevaba al límite sirviéndose de su ascendencia en el laberinto judicial, da igual que estuviese Gürtel por medio o el incendio catalán.

Pero uno de los cometidos más exigentes fue el de meterse en la cabecita de Paco Camps para lograr destornillarla. Tom Cruise hubiese renunciado a la saga ante algo así, pero Federico no. por eso quería Washington como recompensa y acabó a su pesar en Londres tras no recibir el plácet norteamericano. Si la administración Obama hubiera recabado informes y llega a barruntar que éste es el hombre que no hizo nada por impedir que 62 militares del ejército aliado se estrellaran, seguro que le da el okey y, en cuanto pisa suelo, lo envía a Guantánamo. Buenos son. ahora bien, dado que, pese a tanto footing, Rajoy cada vez suda menos los asuntos espinosos, Federico habría contado con su bendición para el gran desafío que hubiese sido convertir guantánamo en un resort. Todo no se puede acometer, pero ya pensarán algo.

El abrazo sentido

Restan pocos días ya para complementar la exposición sobre «Valencia, capital de la II república» con la antológica del equipo Crónica que se encuentran a unos cuantos pasos. Por el claustro de la universidad se accede al 36 y en la Fundación Bancaja se alcanzan los setenta largos en lo que no es sino, consecuencia de lo anterior, una denuncia del golpe que tanta sangre y represión trajo, justo cuando se nos volvió a parar una vez más el reloj. Hay casualidades, como la de esta coincidencia de meses, que son en sí misma un regalo para los interesados en hacer una introspección nada desdeñable de nuestro cuerpo serrano. no dejen pasar la oportunidad. Les queda poco y las tienen ahí mismo.

La primera muestra recoge un rosario –quizá no sea el término más adecuado, pero los intransigentes eran los otros– de carnés, cartelería, pasquines, proclamas, publicaciones a espuertas de una caravana de miles y miles de refugiados dispuestos a morir con las ideas puestas y, si podía ser con las botas, mejor. ante el asedio que sufría Madrid, el Gobierno, el resto de instituciones y tantísimos seguidores creían ver en la ciudad del Turia su tierra prometida, convencidos aún a esas alturas de que se le podía dar la vuelta a la situación. el mayor alimento fue el de la solidaridad, el mismo que le procuró un retiro acorde a

sus necesidades a Antonio Machado, quien tuvo una actividad frenética para lo que eran sus tiempos pausados. editó la revista «Hora de España», anduvo de allá para acá y por la casa pasaron León Felipe, Alberti y María Teresa León. el autor de «Juan de Mairena» debió ser de los que más estiró la estancia y cuando puso fin lo hizo transmutándose para los restos en el caballero de la triste figura.

No podía haber nadie más adecuado que dos niños de la posguera, Solbes y Valdés, los que con sus metáforas llevaran al exterior la certeza de que, bajo los escombros, no había dejado de latir la pulsión de una mirada de vanguardia, esa que se cercenó el día que los milicos cantaron victoria.