Javier Krahe, que en gloria esté aunque ya la saboreara a raudales, lo calificó de «hombre blanco hablar con lengua de serpiente; cuervo ingenuo no fumar la pipa de la paz con tú, ¡por Manitú!», cuando el aludido se encontraba en la cima a pesar del trastorno que supuso el embarque de la Otán. Hoy en día el papel que juega como referente de un modo de pensar reclamaría de esa lengua señalada por Krahe una versión actualizada pero mucho más loca, sin descartar el heavy metal. Lo cierto es que tantos años después, Felipe –ahora González por méritos propios– ha conseguido el más difícil todavía: que los felipistas no sepan de entrada si lo son siquiera. De esta guisa dio por inaugurada la nueva carrera de sus correligionarios hacia cualquiera sabe dónde al son aproximadamente de «no voy a hacerle a nadie la putada de decir que lo apoyo porque, con todos los que lo hice, perdieron». ¿Y qué esperabas, miarma?
Fue decir unos añitos atrás que la persona seria, cabal y coherente era Almunia y dispararse Borrell entre la militancia. A Josep le cuesta poco dispararse porque se gusta lo que no hay en los escritos. Se cree el más listo y es posible que lo sea porque derrotó al oficialista en la contienda. Duró al frente el tiempo justo invertido por los tontos en rearmarse y encontrar la percha hasta lograr que diera con los huesos en
tierra. El hombre reapareció en la penúltima feria montada por la basca y, como de salida es brillante, hubo gente que lo escuchó y empezó a sugerir que se presentara. Pensé: ¿a que lo hace? pero, no. Como él mismo dice, es inteligente.
Los que no lo son tanto se han echado ya a la carretera a emprender el desafío de recomponer la maltrecha partitura. Susana lo ha hecho lanzando un mensaje de unidad, con lo que al menos demuestra que conoce la de jirones que son capaces bajo estos acordes de proporcionar entre todos al instrumento. Tantos que, como se lo propongan pueden lograr que las diferentes sintonías no enganchen al auditorio ni por asomo. Y así hasta dejar de sonar.