El factor optimista

Es de esas mañanas que, al igual que un porrón de plebe, quedas huérfano por la muerte a los 51 de alguien a quien, a pesar de no conocer personalmente, lo has presentado a gente cercana para que disfrutase con su presencia vía youtube de la misma manera que tú. en una vida anterior, Carles Capdevila fue periodista de machaque diario y de ahí que tuviera una exigencia suprema para una profesión que, desgraciadamente decía, se ha acercado más a las elites y a los poderes que a las personas y que se mueve mejor por los cenáculos que por las salas de espera de hospitales y por aquellos barrios a los que no se acerca ni Dios. Al recibir meses atrás el Premio Nacional de Comunicación, dentro del agradecimiento, soltó: «Me han felicitado algunos de los que, siendo director, me hacían la vida imposible y conspiraban para que no fuéramos independientes». Lo a gusto que se quedaría.

Tras detectársele un cáncer de colon y sin dejar de poner el foco en los anhelos de la vida cotidiana, se cogió del brazo del toro educativo de nuestras criaturitas con una gira de charlas repletas de sentido común e ingenio y pasajes memorables. Uno de tantos que sonará a no pocos es ese en el que revela que, tras 19 años casado y cuatro hijos en la butxaca, reinventaron en casa la teoría de la relatividad: «Con el primero esterilizábamos el chupete cada vez que nos parecía que a lo mejor podía haber rozado el suelo y había un bote de agua hirviendo sin parar. con el segundo, si el chupete había caído en un sitio claramente sucio, lo pasábamos por debajo del grifo. con el tercero decidimos que si caía en un lugar muy, muy sucio y había al menos tres testigos, lo pasábamos un poco así por la camisa. Y a nuestro cuarto hijo nunca se le cayó el chupete».

Se ha ido transmitiendo buen rollo a los que andan hirviendo agua todo el día y a los que dándose quimio agradecen infinito la mano en el hombro de la enfermera. La fórmula no es otra que disfruta con fruición lo que tienes que esto, queridos, no es para siempre. Parece sencilla. Ya, ya.

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