Atravesábamos por primera vez España, camino de Cataluña. El tren al que nos habíamos subido en el puente de Triana con cuarenta grados a la sombra llegaría en veinticuatro horas. De madrugada paró en Albacete y mi padre bajó a tomar un café en la estación pero, del biruji, se volvió pitando nada más poner el pie en el andén. La patente diversidad. Alcanzamos Comarruga, hoy Coma-ruga, en El Vendrell, entonces Costa Dorada como mucho. En la playa sonaban Los payos con María Isabel, nombre de una rubita de Huelva que me llevaba a mal traer. Estábamos en una residencia del Hispano, ese acorazado del que quién podía barruntarse que acabaría sumergido. Si la pétrea banca ha derivado del modo que lo ha hecho, ¿cómo no va a tener que adaptarse la Carta Magna a los tsunamis? En otra estancia similar conocí a una inquieta chavala de Castellón que, a mediados de los setenta, me metería en vena el Viatge a Ítaca de Llach después de que me hubiera enganchado con ardor guerrero a la nova cançó a través del disco que recogía el recital de Raimon en la facultad de Económicas de Madrid. Unos a lomos de Carlos Cano, Gerena, Lole y Manuel y otros junto a los mencionados más Pi de la Serra nos retroalimentábamos en conciertos y festivales reivindicativos como las madre que los parió. Para alimento, el que proporcionaba Vázquez Montalbán en cuanto lo cogía de la mesita de noche y me dejaba con ganas de comerme el Raval entero. Y quien dice «Carvalho», el resto de escritores, periodistas, cineastas, apuestas teatrales hasta el extremo de utilizar La hora violeta de Monserrat Roig para conquistar a una chica de Valladolid y, si tendrá magnetismo, que la pobre cayó en la trampa. La seducción mutua. Y por supuesto, Serrat. Siempre. Desde la exhumación de los poetas hasta su contagiosa amplitud de miras: «Pare, que estan matant la terra; pare, deixeu de plorar que ens han declarat la guerra». O lo que es lo mismo, el gran valor de poner los puntos sobre las íes. Pero, ahora, ¿dónde vamos?
Mes: septiembre 2017
El signo de los tiempos
Lo que habrá tenido que currarse el cuerpo de asesores y el plantel de contactos de alto standing la recepción en la Casa Blanca, nada menos que en la recta final de la escasamente espiritual cuaresma que se oficia en la sacristía de esta vieja nación a fin de hacerse la pascua. No hace falta ser un lince para barruntar la de hilos movidos con tal de alcanzar ese posado ante la fachada de la residencia presidencial por la que pasaron grandes estadistas desde Lincoln, que abolió la esclavitud, hasta Obama, con cuya llegada se le propinó una admonición guapa a la discriminación, tanto que ahora pulula por ella un okupa. Bien, pues a pesar de todos esos esfuerzos de enaltecer los parabienes hacia un primer ministro hispano cualquiera a ojos del anfitrión, el signo de los tiempos ha querido que la imagen más comentada del emisario gallego sea la del meme en el que se ve al coreano favorito de Trump empuñando unos catalejos, con sus armas bien dispuestas alrededor, mientras Rajoy le señala arriba a la derecha: «Aquellos de las esteladas te han dicho gordo…». Pero no solo del coreano vive este filón. Huelva y otros rincones patrios han registrado despedidas del envío de guardias civiles en las que, entre cánticos de rigor a la salida de los efectivos, la turba se encendía entonando el «¡A por ellos, oé!». Por muy ancestrales que sean nuestros orígenes, por mucha diversidad de pueblos que hayan dejado su huella, que poca no ha sido, lo primero para reconocerse es admitir que somos como somos. Admitámoslo. Y con esas últimas escenas a las puertas de las comandancias solo se puede concluir que, en el supuesto improbable de que Berlanga estuviera deseando desaparecer el día que ocurrió, es imposible que muera, no hay manera. Tanto, que el festival de San Sebastián se ha unido a la celebración trayéndose a Chuarzeneguer y debe haber habido soberanistas que exclamasen: «¿¡Lo véis!?». No es el término medio lo nuestro. Y cuando al fin le da por anunciar al Gobierno la bajada del iva para el cine, ésto ya es jólivu.
Trabajarse la empanada
Paso la tarde con Luis Landero pero no al modo habitual sino con el escritor ahí, en carne y hueso. Es la fortuna de contar con todo un clásico que bebe de las fuentes del Quijote, Joyce, Flaubert, Kafka y que es de los que no ha pasado, mira por donde, a mejor vida. Con lo que normalmente se disfruta –o no– es con la obra y más si se trata de un esmerado orfebre de la palabra como es el caso. Sin embargo, procuro no perderme las contadas apariciones públicas del autor de «juegos de la edad tardía» y «el balcón en invierno». Noto que la reposada manera de ser que irradia contagia serenidad. En medio del inevitable star system en el que figurillas de medio pelo provocan por las redes para lograr así estar en boca de todos dándoselas de súper cuando su producción apenas si se sostiene en pie, Landero agranda la naturaleza exprimiendo ideas en el salón de casa con la duda permanente en el cuerpo sobre qué cojones hace ahí. Pero dónde está la acción –ha venido preguntándose con insistencia–, ¿en la calle o en esta cabecita loca que me lleva a mal traer por vericuetos que nunca sé si conducen a algún sitio? La angustia perpetua del novelista se convierte encima en analogía precisa del trance por el que transita toda una legión que, en vista del ruido exterior producto de la creciente deriva, se entrega a diario con sumo deleite a la ficción en cualquiera de sus vertientes. Como reconoce el ingenioso extremeño recriado al igual que tantos en un barrio castizo de Madrid, «somos una tribu que no hay modo de cohesionar y llevamos cinco siglos intentándolo. Existen motivos para no amar a España, que ha sido gobernada por clérigos, militares y aristócratas, pero hay otros que conducen a lo contrario: Cervantes, Jovellanos, Machado, Azaña… A pesar de esa historia descarriada, a España siempre la tengo en el corazón». Hombre, claro, y tanto que lleva adelantado. La otra tarde confesó que, para el lector que es, el Ulises resulta intragable pero que, en su faceta de escritor, sí que le interesa. Como para no entender a España.
No es sencillo irse de rositas
Para la sucesión de esa luminaria llamada David Cameron había una terna suelta: May, Boris –no Izaguirre– y alguien más salao incluso que Bertín, el tal George Osborne. Éste, por entonces secretario del Tesoro, era delfín del primer ministro y, por tanto, a quien se cepilló doña Theresa nada más entrar por el 10 de Downing Street. Aún sin contar con experiencia periodística, George aceptó ponerse al frente del vespertino londinense gratuito de más pegada a los diez minutos de producirse el deceso político. Los editores no tienen remilgos. Sobre el oscuro objeto de deseo por excelencia del Evening Satandard ya podrán imaginar de quién se trata. Lo más suave que llama el rotativo a la primera ministra es muerta andante. Algunas criaturas públicas de por aquí debería hacer el erasmus en plazas de este corte para dejarse de monsergas. Como entre las cabeceras además no se dan tregua, otra que tal baila ha filtrado, a falta de nada para la conferencia anual de los tories y en medio de la marejada por la salida de la UE, que el primo con estirpe irlandesa del conductor de Mi casa es la tuya ha trasladado a sus colaboradores que no parará «hasta ver a May despedazada en bolsas y en mi congelador». Hace tiempo que nos rendimos a la evidencia de que la objetividad es una quimera, pero… eso sí, a diferencia de la reacción oficial por estos lares que en el
mejor de los casos no existiría, la que ha surgido de la residencia de la aludida es heredera de la mejor escuela británica ya que un portavoz ha sentenciado: «el con- tenido del congelador del exsecretario del tesoro no es asunto mío». Boris Johnson, el tercero en discordia, ha escogido The Daily Telegraph para lanzar un manifiesto contra su jefa con un plan propio para el Brexit. Al igual que Puigdemont, el autor es periodista y hay posibilidades de que se le caiga el pelo puesto que ¿será por mata? En medio de ciertos pelajes, la UE ha empezado a valorar las ventajas que acarreará el bye, bye de un componente que solo ha puesto trabas porque nunca ha creído en el proyecto común. Yo no digo nada.
Sensabilidad a flor de piel
En su estreno, la película que representará a España en los Oscar se distribuyó en una parte irrisoria del territorio lo que no obsta para que, de llevarse la estatuilla, se celebre como otra gran victoria por parte de los por siempre victoriosos. Como encima la historia está rodada en catalán, qué voy a contarles. a raíz de ser seleccionada por la academia ha podido reestrenarse cristianamente traducida y llegar a…¡16 salas! Qué arte más grande.
La perversión alcanzada en éste y otros campos donde se destila creatividad, esfuerzo e investigación individual inmersos en un páramo institucional e industrial es tal que Carla Simón, la directora, se siente contenta. Aunque se especializó en la materia en la universidad de California y en la London Film School está claro que el alejamiento no le hizo perder perspectiva alguna sobre su origen. Y a eso se ha enfrentado al abordar con un cuarto de siglo de perspectiva Verano 1993, el estiu en el que la guionista y Frida, su alter ego de seis añitos en la pantalla, se quedaron sin madre por el azote del sida, tras haber perdido al padre por la misma razón algo antes. Con unos antecedentes así, a más de dos les costará trabajo acercarse a la sala ante la perspectiva de hartarse de sufrir. aún siendo comprensible, el cálculo es radicalmente erróneo. La obra está llena de vida, mantiene en vilo al espectador y rebosa por los cuatro costados sensibilidad. Los ojos, la mirada de la cría lo son todo y, el ejercicio de introspección, una garantía de que detrás de la ópera prima de esta treintañera se encuentra una mujer con todas las de la ley sacándose en su lengua materna lo que lleva dentro, que no es poco.
Una propuesta realizada con los medios justos, premiada desde Berlín a Buenos Aires pasando por Estambul, que la hemos mandado Los Ángeles y que aquí solo ha podido verse con cuentagotas. Cualquier día de estos nos sorprende y España se somete a una instrospección, bien sea para dar calor a sus creadores o para evitar la previsible extensión de los incendios. Joder, que nacemos ya con sofocones.
¡Qué mundo tan feliz!
Me asaltaron imágenes del despliegue de un típico especial informativo. ¿¡Otra vez, virgen santa!? Pues, anda que no hay motivos para el sobresalto. es bien sabido que amenazan tanto las catástrofes naturales como las antinaturales. Compruebo en un primer vistazo que, se trate de lo que se trate, han desplazado intrépidos reporteros a las puertas de donde, al parecer, se encuentran los protagonistas. Voy enterándome a retazos de lo ocurrido. Si no he entendido mal el espectador se halla ante la cuarta jornada de seguimiento intensivo tras el pelotazo de share alcanzado por lo sucedido en la tarde del sábado que, con cerca de dos millones de fieles, dejó al siguiente de la competencia a unos diez puntos de distancia. Mi cabeza se fue veloz a esa jornada pero, por muy artero que sea por parte de Puigdemont desplazar la responsabilidad de lo que ocurra el día de autos a los alcaldes, no me figuro a semejante cantidad de seres siguiendo al instante las ocurrencias de cuantos manejan el procés a pesar de permanecer convencidos de que es lo único que existe a día de hoy. Yo tampoco es que estuviese al quite de las historias patrias porque mi preocupación en esas horas consistía en no perderle la pista al Irma, ya que parte de mi gente podía llegar a tenerlo a tiro de piedra. La cabeza retornó a lo que emanaba la pantalla y entonces recibí la pedrada: la enorme cobertura venía a cuento porque Belén Esteban destapó que María José Campanario la había llamado para decirle que quería presentarse en su casa. Éste es el último eslabón de la realidad a la que multitud de hogares llevan enganchados una eternidad los siete días de la semana en los que Tele 5 no ceja de ordeñar la asimetría y, en esas salas de estar, no interesa nada más. Lo mismito que en el otro territorio. Parece que, en medio de la revolica, ya no hubiese ni fatigas ni desahucios ni necesidad de exigir la restitución del rescate a los bancos. Con el share así, para qué contarles. La única política es la que no se le escapa a nadie. Obviamente, la de campanario.
El desparrame
De las cadenas generalistas, Cuatro y no hace falta decir que La Sexta estaban retransmitiendo la diabólica puesta en escena del parlament salpicada como supondrán de comentarios para todos los gustos dicho en plan suave, mientras que el Canal 24 horas se abstuvo de hacerlos aunque ni por un instante se permitiese el lujo de pensar siquiera en la desconexión. El procedimiento elegido por los prebostes de la cámara para dar el golpe de gracia derrama zozobra por las esquinas. Cuando decretaron un alto con tal de reponer fuerzas o cualquiera sabe para qué, la pucelana vice tomó la pantalla y, con los ojos saliéndosele de las órbitas, completó el estupendo panorama. Siguió rato con su formal y desgarradora alocución y, entretanto, dio inicio «Corazón» que abrió en la 1 con la reclamación de paternidad por parte de presunto noveno hijo de Julio Iglesias. Admitámoslo: una réplica más internacionalmente carpetovetónica que ésta a tanta acaparación de la mano de Forcadell no es fácil de encontrar. A pesar de que resulte duro escucharlo, ver a ese esperma ya talludito persiguiendo su Gwendolyne supuso a esas horas todo un alivio. Una vez en el telediario nocturno, las violentas escaramuzas entre independentistas y lesionados de la otra zona se alternaron con el dictamen en el que se hacía constar que el adeene de la susodicha no se corresponde ni de broma con el de Dalí. Por muchas excentricidades que acumule su biografía, el maestro de Figueres andará de los nervios. debe pensar: «si a don Antonio Machado, que de bueno que era hizo harapos su salud defendiendo los valores propagados por la república, han querido despojarlo de una calle en el corazón del Vallés occidental, ¿qué me pueden hacer a mí que ni yo he sabido nunca si estoy de acuerdo con lo que pienso? ¿me subirán en consecuencia a los altares o, al ser vidente ella, le darán cometido en el procés?». Ya lo dijo Josep Pla: «la patria es dicha, dolor y cielo de todos y no feudo ni capellanía de nadie». Otro que tampoco puede descansar en paz.
De aquí a la eternidad
En petit comité, el president de la Generalitat dejó caer que acariciaba la idea de que la nostra tele volviese a revivir con la retransmisión del Hércules-Barça de Copa. Ni reparó en el asunto de los derechos, o sí, pero le parecería menor comparado con lo que tiene entre manos. Como Luis Enrique sacó a los de acompañamiento –Aleix Vidal, André Gomes y Alcácer titulares, con eso lo digo todo–, la cita acabó en equis. Y aunque en la vuelta a los del Rico Pérez les cayó la del pulpo, Ximo Puig permanece en la prórroga.
Ahora se ha calmado el patio pero, con la que tenían formada entre primaria va/pri- maria viene, hasta hace una ronda había quien apostaba porque la prórroga duraría más que el partido. Para que el procés –cada uno se busca su anhelo– se aleje de la celeridad del torneo del ko, la Unió de Periodistes y la Asociación de la Prensa de Alicante se muestran decididas a presentar un recurso a raíz de publicarse las bases para cubrir los curros en danza. Están los que van a denunciar la reapertura en las condiciones anunciadas pero que por razones obvias son partidarios de cuantos más medios mejor y los que, aún dando el efecto de que no paran de impulsarlo, les supondría un alivio que la jugada quedara en nada. Cualquiera entiende algo. Y eso que barato no es porque supongo que los 55 millones consignados en su día irán quedándose de modé. Esto trae a colación lo que se dijo en un debate de enjundia sobre la cosa a una semana del señalado desafío copero. Andrés Boix, profesor de Derecho Administrativo, expuso su «escepticismo» respecto a la necesidad imperiosa de abrir un ente público audiovisual: «tuvimos oportunidad para explorar otras vías. Sin nuestro modelo, en EEUU es donde más producción se hace y envían al resto del mundo. Cuando hay que mirar al futuro estamos volviendo al plan de los 80». Hombre, los 80 tuvieron su punto y luego vino Punt 2. Ya puestos, al president no le importaría hacer coincidir la llegada de Àpunt con la final de Copa. Ni que decir tiene que cuando la juegue el Hércules.
La maldad, en acción
No sólo Elda, todo dios está conmocionado con lo descubierto en el número 26 de la calle don Quijote teniendo en cuenta que, cuando un niño se convierte en víctima del terror más horrendo, una daga se incrusta hasta el fondo y muestra la enorme vulnerabilidad ante un espanto de esta naturaleza. Nadie, creo, compren- de que la maldad sea capaz de alcanzar estos límites. Y, sin embargo, los rebasa.
Aparte de no llevarse nada, no parece lógico que para un simple robo sea precisa tanta crueldad. No seré yo quien especule. El chavalín formaba parte del equipo de Paratriatlón y, si no tengo mal entendido, había días que entrenaba con su padre de acogida, preparador el hombre y vinculado a distintas causas sociales. La pareja, que fue golpeada en el asalto a la vivienda y que apareció maniatada y con una bolsa en la cabeza, se encuentra embarazada de cuatro meses. El cuadro no parece el más proclive para desatar semejante furia, pero lo sucedido no deja lugar a dudas. Las relaciones humanas esconden unos entresijos que solo el que la lleva está en condiciones de sopesar hasta dónde puede alcanzar la tormenta. Recuerdo una tarde en la que empezó a correrse de pronto que habían secuestrado en la puerta del trabajo a Pepe. Y así fue. Unas cuantas horas después apareció con signos evidentes de que le habían cruzado la cara. Al parecer, allegados a su ex le dieron un paseo a modo de advertencia por determinadas cuitas pendientes. Pepe no hizo ni mención, se reincorporó de inmediato a la tarea y acabó la jornada como si tal cosa.
A raíz del éxito de la serie «Narcos», en Medellín se crearon rutas turísticas tras las huellas del capo de la droga Pablo Escobar. Los narcotoures se han impuesto de tal modo que 7 de cada 10 visitantes no se priva. Familiares de las víctimas andan sobrepasados y quieren crear itinerarios para contar los hechos. ¿Quién no habría querido meterse en «Los Soprano»? Una ficción tan bien hecha endiosa monstruos. Pero las sacudidas de la vida real son las que de veras cortan la respiración.