El signo de los tiempos

Lo que habrá tenido que currarse el cuerpo de asesores y el plantel de contactos de alto standing la recepción en la Casa Blanca, nada menos que en la recta final de la escasamente espiritual cuaresma que se oficia en la sacristía de esta vieja nación a fin de hacerse la pascua. No hace falta ser un lince para barruntar la de hilos movidos con tal de alcanzar ese posado ante la fachada de la residencia presidencial por la que pasaron grandes estadistas desde Lincoln, que abolió la esclavitud, hasta Obama, con cuya llegada se le propinó una admonición guapa a la discriminación, tanto que ahora pulula por ella un okupa. Bien, pues a pesar de todos esos esfuerzos de enaltecer los parabienes hacia un primer ministro hispano cualquiera a ojos del anfitrión, el signo de los tiempos ha querido que la imagen más comentada del emisario gallego sea la del meme en el que se ve al coreano favorito de Trump empuñando unos catalejos, con sus armas bien dispuestas alrededor, mientras Rajoy le señala arriba a la derecha: «Aquellos de las esteladas te han dicho gordo…». Pero no solo del coreano vive este filón. Huelva y otros rincones patrios han registrado despedidas del envío de guardias civiles en las que, entre cánticos de rigor a la salida de los efectivos, la turba se encendía entonando el «¡A por ellos, oé!». Por muy ancestrales que sean nuestros orígenes, por mucha diversidad de pueblos que hayan dejado su huella, que poca no ha sido, lo primero para reconocerse es admitir que somos como somos. Admitámoslo. Y con esas últimas escenas a las puertas de las comandancias solo se puede concluir que, en el supuesto improbable de que Berlanga estuviera deseando desaparecer el día que ocurrió, es imposible que muera, no hay manera. Tanto, que el festival de San Sebastián se ha unido a la celebración trayéndose a Chuarzeneguer y debe haber habido soberanistas que exclamasen: «¿¡Lo véis!?». No es el término medio lo nuestro. Y cuando al fin le da por anunciar al Gobierno la bajada del iva para el cine, ésto ya es jólivu.

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