No dirán que no es el colmo

Vi a Zapatero y Mas entorno a la mesa que preparó Jordi Évole. Aunque prefiero otros tridentes, tal como está el patio no parece fácil completar uno redondo compuesto por políticos y periodistas me refiero. Más que interesante, el encuentro resultó significativo. Era impensable que no fuese así si se tiene en cuenta que las correrías de ambos expresidentes contribuyeron de modo decisivo al embrollo ante el que hoy nos encontramos. Y, sin embargo, ninguno de los dos admitió haber cometido error alguno; en todo caso habrá sido el tengo enfrente coincidieron en indicar y, por supuesto, sobrevoló en el ambiente que los que han venido después son los que nos han traído hasta aquí, ya que tampoco es que comentaran que estamos fenomenal. Habrían dado el golpe.

Puede que los representantes públicos anden en la media del resto de compatriotas a la hora de dar la talla. Si están más expuestos es porque la pretensión de permanecer en el candelabro lo precisa. Y puede que haya que exigirles responsabilidades en una medida similar a la que a cualquier profesional. Pero en lo que se parecen como gotas de agua quienes toman el relevo expuestos en el escaparate es en aceptar haber cometido un error. Son contados los gobernantes que, a lo largo de la historia, demuestran humildad para reconocer que no estuvieron a la altura. A ese respecto es como si llevaran escrito en la frente: ni hablar del peluquín.

Pero además están los casos extremos. Trillo, claro. el cartagenero ha presentado alegaciones al oponerse a la retirada de su título como hijo adoptivo de Alcoy, aprobada a raíz del dictamen del consejo de estado en el que se responsabiliza a defensa del accidente del Yak 42. La concesión de la distinción fue el detonante que hizo saltar por los aires el gobierno presidida por un socialista en decadencia, que fliltreaba con el partido de exministro. Eso no llevó a aquél a cuestionarse sus méritos ni a pensar que fuese un enjuague. Hasta ahí podíamos llegar. Que es Federico Trillo-Figueroa y Martínez-Conde, por Dios.

Melodía conjunta

Entrada la noche, la niña envía un mensaje al grupo familiar de guasa: «¡tengo entrada para Drexler en el Liceu!». También vendrá por aquí y, tras Barcelona, abrirá las aguas del océano hasta desparramarse entre Washington y Tijuana, con un denominador común: la gente anda loquita por sus huesos.

Jorge ejercía de médico en Montevideo y, en el 94, hizo de telonero de Sabina. Fue Joaquín el que le dijo vente p ́a España, tío. El trovador uruguayo conecta como la madre que lo parió a través de las redes y arrancó 2017 pidiéndole al personal que enviara décimas para rendir homenaje al Guernica en el 80 aniversario del bombardeo, cantándole al lienzo picassiano en el Reina Sofía de la mano de Radio 3. Reunió dos mil sugerencias. Si la localidad se resiste puede pillarlo por YouTube donde se topará con el recorrido que se marca en el apartado correspondiente a «música e identidad». En él observa la evolución de la décima que, aún compuesta por Vicente Espinel en Málaga en 1591, Sudamérica ha adoptado hasta hacerla suya y del mestizaje rítmico que, yendo a sus raíces, el compositor relata así: «La milonga uruguaya tiene un patrón característico, pero éste viene de África. Ya en el siglo IX surge en los burdeles de Persia; en el XIII, en España, de donde siglos después cruza a América con los esclavos africanos mientras en los Balcanes se junta con una escala gitana y da en parte origen al klezmer, que los inmigrantes judíos ucranianos llevan a Brooklyn, lo cantan –Hava/nagila Hava– y su vecino, un niño argentino de origen italiano llamado Astor Piazzolla lo escucha, lo incorpora y transforma el tango de la segunda mitad del XX con su un, dos, tres tocado además en el bandoneón, instrumento alemán del siglo XIX, creado para las iglesias que no podían permitirse un órgano y que, increíblemente, termina en el Río de la Plata, constituyendo la esencia misma del tango y la milonga». Se trata solo de aceptar que, con la suma de acordes, es como mejor sonamos. Sí, claro. Un siglo de estos.

Ser de todos lados un poco

Entrada la noche, la niña envía un mensaje al grupo familiar de güasa: «¡tengo entrada  para Drexler en el Liceu!». También vendrá por aquí y, tras Barcelona, abrirá las aguas del océano hasta desparramarse entre Washington y Tijuana, con un denominador común: la gente anda loquita por sus huesos.

Jorge ejercía de médico en Montevideo y, en el 94, hizo de telonero de Sabina. Fue Joaquín el que le dijo vente p ́a España, tío. El trovador uruguayo conecta como la madre que lo parió a través de las redes y arrancó 2017 año pidiéndole al personal que enviara décimas para hacer un homenaje al Guernica en el 80 aniversario del bombardeo, cantándole al lienzo picassiano en el Reina Sofía de la mano de Radio 3. Reunió dos mil sugerencias. De modo que, si se le resiste la localidad, tiene la posibilidad de pillarlo por YouTube y ahí se topará con el recorrido que se marca dentro del apartado correspondiente a «música e identidad». En él observa la evolución de la décima que, aún compuesta por Vicente Espinel en Málaga en 1591, Sudamérica ha adoptado hasta hacerla suya y el mestizaje rítmico que, yendo a sus raíces, el compositor relata así: «La milonga uruguaya tiene un patrón característico, pero éste viene de África. Ya en el siglo IX surge en los burdeles de Persia; en el XIII en España, de donde siglos después cruza a América con los esclavos africanos mientras en los Balcanes se junta con una escala gitana y da en parte origen al klezmer, que los inmigrantes judíos ucranianos llevan a Brooklyn, lo cantan en su salón de fiestas –Hava/nagila Hava– y su vecino, un niño argentino de origen italiano llamado Astor Piazzolla, lo escucha, lo incorpora y transforma el tango de la segunda mitad del XX con su un, dos, tres tocado además en el bandoneón, instrumento alemán del siglo XIX, creado para las iglesias que no podían permitirse un órgano y que, increíblemente, termina en el Río de la Plata, constituyendo la esencia misma del tango y de la milonga».

Añadir si acaso, que Dios lo bendiga.

Todo tiene un límite

Veo el Atleti–Madrid con La vanguardia entre las manos. Más no puedo hacer. El nano saca todo lo que lleva dentro y reta al mandamás culé a tranquilizar a la masa recordándole que, de no certificarse la renovación, Messi podría darse el piro gratis el 1 de enero. A continuación, Interviú desgrana el destape. Según la revista, el de Rosario anda preocupado por las consecuencias del prucés para el club y para su carrera por lo que la respuesta la mantiene en standby hasta ver si el panorama se aclara. Por mucha dosis de verosimilitud que se le quiera rebajar a la teoría, Serrat debe haberse puesto la mar de contento y Florentino, excitado y entregado al independentismo por lo que a este área de castigo respecta. Enric Juliana, analista de la cabecera catalana por antonomasia y enclavado profesionalmente en la metrópoli de Carmena por mucho que le fastidie a esa manada uniformada, actúa, pues, de centrocampista y, al no perder de vista el global de la competición mira con otros ojos y lo que ve es que esta tierra donde habitamos «vive un momento interesante de estabilidad política, recuperación de las exportaciones… un gobierno de centroizquierda amigo de la actividad empresarial, empresarios comprometidos con su comunidad y una cierta voluntad de no reincidir en aquella borrachera especulativa… En el siglo XV, con motivo de la extenuante lucha entre los dos partidos medievales catalanes, la Biga y la Busca, la Generalitat se hundió, la ciudad de Barcelona entró en decadencia y emergió Valencia». No hay más que mirar la clasificación y constatar que, allá por donde vayamos, quien ha llegado previamente ha sido Mercadona, mientras en el territorio en cuestión se agudiza la bipolaridad: sale en El periódico que el 60% de encuestados ve más perjuicios que beneficios en la apuesta secesionista, al tiempo que, para el 21-D, el sondeo otorga mayoría absoluta al independentismo aunque encarcelados abracen el 155. Pobre nano. Solo le queda ya que, al volver de la Grand Place, Puchi se pida el cupo devolviendo a Txingurri.

De lo más granado

El tal Marjaliza, con cuyas andanzas la voladura del plan que gastamos debería estar garantizada años luz antes que con las de la Cup por la pinta sistémica que luce, ha declarado en la gala Púnica que le pagó a Granados, de profesión alto cargo, las campañas electorales desde el siglo pasado, Josemari, escopetas, emisoras de tele, viajecitos a Ibiza, quince años de mordidas a personal diverso y que, quien fuese puntal de Aguirre, le alertó de que los carros de currefú con documentación los quemara en un día con niebla para que los radares de la Benemérita se quedaran a dos velas. Lógicamente, el exconsejero de Presidencia madrileño ha respondido que qué le están contando.

Dado que la faena se amontona, la misma mañana, pero es que la misma mañana, la audiencia provincial de la capital del Reino resolvió juzgar a la organización que nos gobierna por destruir los ordenadores de Bárcenas aunque, al producirse la acción en el interior de la sede central, no importaba que el día abriera un pelín. Los moradores de la planta noble han comentado que la situación por la que atraviesan los tres empleados acusados es injusta, que esperan que puedan defender «sus postulados(!!!)» en torno al martilleado de ordenatas y al borrado de los discazos y se han apresurado a dejar claro que tienen garantizados los puestos de trabajo no sea que vayan a irse de la lengua.

Sí, claro, y descubramos lo que ya sabemos al igual que ocurre con otros actores, solo que ahora se les ha puesto voz por mor de los pinchazos en boga. Zaplana se ha subido por las paredes tras escuchar en su boca eso de que «Rita era un bluff absoluto, que contaba con cinco personas alrededor para que le hiciesen las cosas mientras ella iba, se reía, se tomaba un güisqui con alguno, que eso lo hacía como Dios». Tampoco es para tanto si se tiene en cuenta que debe ser la misma consideración que la difunta tenía de él. Pero bueno, con una historia tras otra es lógico que se exijan responsabilidades en serio. Y a ver si, así, Rusia para de una vez por todas.

Señales de vida

Coincidiendo con el setenta y cinco aniversario de la muerte del poeta, el Congreso Internacional Miguel Hernández levanta el telón y esta es la hora en la que ningún miembro del Gobierno de España ha atendido la invitación del alcalde de Orihuela para sumarse al tributo. El hombre se ha hartado de mandar cartas: a la vice, al preboste de Cultura, al galán de Turismo y Energía e, incluso, a la titular de Defensa con motivo del acto de una jura de bandera, que ya es buscar enganche. Pero nada. Ni ellos ni el presidente, que también ha recibido el reclamo, ni ningún otro ministro ni secretarios ni subsecretario alguno se ha dejado convencer para formar parte de este acercamiento. Y eso que los textos no iban en verso, porque con la poesía que se lee…

Amantes hernandianos pondrán, no obstante, énfasis en la dimensión universal y actualísima de una criatura a la que, dado el origen, coetáneos de su cuerda miraban por encima del hombro y que hoy han quedado sin embargo a unas cuantas yardas de distancia de la ventolera que levanta el rayo que no cesa allá por donde se cruza. Aunque se revolvió y nunca quedó quieto, aunque se comprometió con aquello que quería comprometerse, su vida y su muerte no han dejado de irradiar un hilo de sentida fraternidad y fervor hacia un combatiente de la palabra que, por designios de la historia que nos empeñamos en escribir, se vio envuelto durante su recta final en un laberinto dramático que, inmisericordemente, lo condujo a la muerte.

Así, pues, a nadie puede extrañar que los que comandan el rumbo del país muestren un interés perfectamente descriptible en estar al lado de quien, sobrellevando una penosa andadura, ha sido capaz de legarnos cargas de emoción de las que reconcilian con el género. Dado que el alcalde de Orihuela pertenece a la formación de los invitados ausentes parece claro que la confianza da asco. Y si al final no dan señales de vida, qué quieren. Será la mejor manera de que el poeta descanse en paz.

El golpe de gracia

Tras quedarse solo ante el peligro, Gabriel Echávarri ha aprovechado y, en contra de lo que pensaban sus hasta hace nada compañeros de cartel, lo primero que ha brindado a la concurrencia en este nuevo ciclo ha sido la posibilidad de seguir viendo toros en Alicante. Rematen la efigie del alcalde con un castoreño, el sombrero del picador, y verán que le cuadra que ni pintado porque en eso estriba su verdadero zen: en dar puyazos.

A Manuel Chaves Nogales no le pirraba la fiesta nacional ni de lejos. Ni la denominada así ni la de las otras escabechinas que nos buscamos y por eso murió en el exilio. Pero le dio tiempo a escribir algunos de los pasajes más deliciosos y certeros sobre el increíble don que albergamos para hacernos pupa siendo muchos de los protagonistas conscientes del sinsentido. Chaves Nogales no era ni golpista ni revolucionario sino un dandy en busca de un lugar en el mundo, que cinceló el nuevo periodismo cuando Tom Wolfe chupaba el biberón en Richmond, Virginia, y cuyos relatos permanecieron en el olvido hasta que un bendito día se descubrió de lo que somos capaces cuando nos ponemos a ello manque nos pese.

También trazó, y con qué tiento, el perfil de Juan Belmonte. Al ilustrado torero le gustaba chinchar, como a estos defensores que le salen hoy a la fiesta por motivos por desentrañar, regodeándose en no conocer las reglas del toreo ni tener reglas ni creer en ellas: «Lo siento y lo ejecuto a mi modo. Se torea como se es». Bergamín, que era de Joselito El Gallo y que veía en el belmontismo una «decadencia malsana y enfermiza», arrimó su estocada: «Lo más lamentable de Belmonte es que toreó siempre a la funerala, muy despacio y torcido». En cambio Valle-Inclán, por encumbrarlo, le dio sin querer el golpe de gracia: «No te falta más que morir en la plaza». Al no haber tenido suerte con la tragedia, el efectado se endiñó un tiro quién sabe si por asentar para los restos su leyenda. Así que tranquilos. Como para temer nada en ese sentido hoy en día.

Moscú, qué bien resistes

Qué mayor acto de justicia y de generosidad que acudir al Mundial de Rusia con una camiseta respublicana. Fueron embarcaciones repletas de críos, algunos de los cuales han permanecido desde entonces por aquellas tierras, y si no sus vástagos, para los que ver aparecer a una expedición campeona a los acordes de la tricolor no supone más que la satisfacción por el reconocimiento, tantas veces arrinconado, de que ellos también son españoles. Aunque solo se trate de un efecto óptico, tranquilos, que ya sabemos el terreno que pisamos. Los Ussía, Tertsch and company se han lanzado a la espinilla de Adidas a decirle que si no le da vergüenza y el segundo de ellos, el otro extremoderecha, ha asegurado que «la mezcla en los rombos recuerda a la bandera de Catalunya», a lo que un espontáneo le ha replicado desde la grada virtual con que no le arrebate sus señas haciéndole constar que el morado data del pendón de Castilla. Está claro: el torneo continúa al rojo vivo.

Efectivamente, cuando los dos bandos andan encolerizados a babor y estribor, si lo que se persiguiera fuese alcanzar la concordia, la única forma sería ponerse en el lugar del otro, intentar entenderlo. Y para eso ni ochenta años atrás ni ahora lo pertinente es salirse de madre. El meollito consiste en dejar de echarle guindas al pavo. Lo siento mucho, pero en la primera transición se logró gracias a concesiones y ambigüedades propias del trance y a la altura de miras desplegada por los seleccionados. Ahora da cosa contemplar a los equipazos en disputa. Pablo Iglesias ha sido cómo no el primero en romper las redes alabando la elástica, recreándose en la suerte al estilo Neymar y aplicándose en lo del fútbol con tal de no tocar el cacao maravillao que tiene su formación allá, en los confines oprimidos. Lopetegui sí que andará entusiasmado. Pensaría que, con lo de Piqué, ya se había puesto morado del todo y mira, no. Ante la que se le avecina, deben haberle entrado sudores fríos y haber visto algún que otro fantasma. Por las trazas, el de Camacho, naturalmente.

Los legajos también sitúan

No es mi intención molestar a nadie pero estoy en Valladolid, tierra de Soraya, virreina de Catalunya por encargo del gallego que nunca ha roto un plato. No quiero que se me calienten tantos otros pero el primer nacionalismo de nuestras vidas se cruzó en la escuela gracias al mapa enrollable aquel en el que España figuraba de amarillo, entre un Portugal verde y una Francia malva. En fin, que quien esté libre de pecado…

He sacado este recordatorio sobre la escenografía del aula de nuestra niñez de un artículo de Anastasio Rojo Vega, catedrático de Historia de la Medicina, que no solo se conformó con las tareas propias de su sexo sino que se entregó a la divulgación de tesoros escondidos, asomado a eso que algunos enclavan en la antigüedad como es el periódico. Que a nadie le entre un soponcio pero asisto a un homenaje in memorian al investigador en el Archivo General de Simancas, fundado por Carlos I en 1540, el primero y más antiguo de su género en… ¡la Corona de Castilla! Dios mío, me la estoy jugando. Voy a seguir apoyándome en el néctar de los legajos manejados porque, si siempre se ha dicho que viajar es una buena vacuna, no es el único método puesto que buceando en los archivos se adquiere una perspectiva que paqué. Ya en 2012, el profesor Rojo advertía: «seamos modestos, la bronca entre Rajoy y Cataluña es, para los europeos de arriba, una simple anécdota desde que los fenicios dieron el nombre de Hispania a toda la península. ¡Esos españoles! La vida da muchas vueltas y, si uno camina hacia la Edad Antigua, verá con curiosidad cómo, en la época de los césares, los castellanos estábamos sujetos al gobierno de Tarragona, vamos, que en el momento del nacimiento de Cristo no éramos castellanos, sino tarraconenses».

Historiadores y archiveros sitúan a Anastasio Rojo como una referencia en la especialidad, alaban su enorme generosidad y, pese a esa erudición o quizá por ella, destacan la humildad de no creerse nunca ni por asomo superior a nadie. Acabáramos.