Ponerse en modo abuelo

No tengo nietos. Y no conozco a nadie que los tenga que me envidie. Podría parecer lógico, pero ni por asomo. Al toparme con los más inhabituales, en cuanto pueden preguntan a bocajarro: «No tienes, ¿verdad? ¡es que es..!». Suena como si te lo reprocharan, a lo que mi cara pone gesto de «¿..y qué quieres que le haga?». en algunos casos llegan al extremo de mimetizarse con las criaturitas de un modo que resulta complicado qué pensar. uno de los mejores amigos se llevó a un par de ellos a pasar la jornada a un parque zoológico y, al llegar la hora de comer y tras empaparse la carta, soltó: «pues, yo también quiero el menú infantil; tiene buena pinta y, entre esto que veo, es lo que me apetece»». Lo sucedido a continuación lo sabemos por el testimonio de los dos chavales que nos ha tenido al círculo próximo medio año partiéndonos. según relataron, al camarero se le transfiguró el rictus, se quedó pálido tras la petición del abuelo setentón y, para poder elevar consulta tras la petición, esgrimió que era nuevo en la casa. A su regreso y, aunque la respuesta fue la esperada por los críos, al tercero en discordia le resultó difícil asimilarla. Es más, tememos que vuelva a intentarlo.

Estos son, sin duda, aspectos entrañables de una relación que algo debe tener cuando la bendicen. Visto desde fuera, lo único que me saca de mis casillas son los abusos que se producen de los yayos. Una cosa es ejercer por gusto y, otra, por obligación. La carga que se les delega de llevarlos, recogerlos y de darles de comer aún a sabiendas de que no están para esos trotes e, incluso, de dejarlos a dormir para marcharse los papás de jarana es de traca. He vivido casos sangrantes muy cerca. la fórmula de Leopoldo Abadía, escritor y experto en la materia con 48 nietos, es la referencia: «Al llegar el primero, reunimos a todos y mi mujer les dijo: como supongo que vendrán más, os informo de que papá y yo no nos ocuparemos nunca de ellos, salvo caso de emergencia». Animales de carga, jamás. Ahora bien, a lo de los menús infantiles habría que darle una vuelta.

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