Repertorio de lo más clásico

Justo 24 horas después de que la responsable de comunicación de Rajoy espetase «qué ganas de hacerles un corte de mangas de cojones y decirles pues os jodéis», dirigido a jubilados disconformes de un modo jocoso según la integrante del staff de Moncloa, en otras dependencias municipales, las que en Labradores, 15 acogen el palacio del Portalet, tuvo lugar una nueva sesión del máster en interpretación de guitarra clásica con la actuación de dos alumnos, el mejicano Julio Medrano y Pedro Castro, procedente de Venezuela. El repertorio de éste, un chaval de 26 años, estuvo copado prácticamente por composiciones de autores de su país y, al hacer la salutación con lo que iba a ofrecer, no esquivó manifestar el dolor que le produce leer solo noticias horrendas de su tierra sin que ello le reste un ápice del amor que le profesa. Fue desahogar aquéllo, cruzarse por la cabeza intuyo el año largo de ausencia lejos de la familia en su rincón de San Cristóbal, dentro del estado de Táchira, y pillar una plorera que no consiguió sacarse de encima. ¿Quién no se ha emocionado alguna vez escuchando a solas notas que lo retrotraen a historias que permanecen envueltas ahí en el baúl de los recuerdos? Pero que ese amasijo de sentimientos se revuelva a la vista del público en un artista joven, capaz de aguantar el tirón tragando aire, saliva y pesar resulta perturbador. A Carmen Martínez Castro, la de las irrefrenables ganas de ponerse a hacer cortes de mangas, natural mira por donde de Caracas, a su jefe y a buena parte de la cúpula del partido que lo sustenta se les ha llenado la boca un día y otro de denunciar que los estragos en la población del régimen venezolano no tienen un pase. Ahora bien, quienes no lo tienen aquí son esos paisanos entrados en años que llueva, ventee o salga el sol por Antequera le señalan en la calle a los gerifaltes que ya está bien de asestarles tanta indignidad. Lo expresado jocosamente por la mano derecha del presidente ratifica algo de sobra conocido: que no es la economía, estúpidos; es el desprecio.

Deja un comentario