Ante el pasmo de ver entronizado a Luis Barcala, Rajoy no dejó pasar la ocasión convirtiéndose en el primer presidente del Gobierno de esta era en rendir visita al Ayuntamiento de Alicante. Repasando consistorios, tampoco es de extrañar. Durante el acto en el que la formación celebró el retorno de la vara de mando, el entonces inquilino de la Moncloa sufrió un desacople marca de la casa al no recordar el nombre de la primera autoridad local, motivo de su visita. Y lo que es la vida. Ahora va a aprendérselo de carrerilla.
Ha sido tan supersónico que está por ver el tiempo que Mariano dará garbeos en Santa Pola. Tampoco es que en el partido se haya guardado mucho tiempo el luto. Los intereses han coincidido dado que ninguno de los aspirantes a la sucesión ha observado ganas de recibir la bendición de quien ha sido baluarte de Bárcenas al frente del engranaje. El riesgo que asume al dejar el acta de diputado estriba en que pierde el aforamiento, lo cual dice algo de la trayectoria. Y qué señalar de las políticas llevadas a cabo por el caballero. La tan vitoreada salida del túnel a través de los canales oficiales ha sido de máster, ya me entienden. Es decir a base de emprobrecer a la clase media; poner en riesgo las coberturas que dan calorcito; mandar a parte del talento joven al quinto pino y dejar en los huesos la hucha de toda una vida. Con su requiebro, Rajoy se ha quitado de encima la sombra de Aznar y, por cómo ha hecho el quite del perdón, se ha ido tildado de ejemplo y rememorando al capitán Diego de Acuña cuando Marquina le hace decir en Flandes al final de acto «España y yo somos así, señora».
Insisten por ahí en que, de investigarse cómo logró la plaza a los 24 añitos, lo de Pablo Casado quedaría en una cosa de niños. Pobre aspirante. Sin embargo de registrador, Rajoy se embolsará el doble que al frente del Gobierno –¡país!– y, junto a la playa ya sin corbata, ha insuflado desde la atalaya ánimo a los suyos: «No tengo que transmitirle nada a los candidatos, salvo que la vida continúa». Y qué vidorra, amigo.