Este 25 de agosto se abrió en Colonia el salón de videojuegos Videscom y, solo echar a andar, se ha montado el pollo: por primera vez se ha puesto a la venta un artilugio que exhibe sin tapujos el periodo nazi. Hasta ahora, las distracciones sacadas al mercado debían optar por hacer un quite al Tercer Reich llamando al Führe Heiler y afeitándole el bigote sin llegar a concretar el nombre de los pueblos a los que exterminó dado que los organismos competentes velaban en teoría por las criaturas más tiernas. «Through the Darkest of Times», que es el invento que ha encendido la hoguera, propaga saludos nazis a granel y, al gran dictador, no lo trae achaplinado sino con su efigie al completo. No sería de extrañar que más de uno se pidiera un puente aéreo ya.
Aunque ciertos especialistas relativizan los efectos –«el jugador es inteligente, sabe diferenciar entre ficción y realidad y uno no se convierte en un nazi viendo esvásticas», interpelan–, miembros del gobierno y distintas voces esgrimen que «no se juega con esos símbolos perversos», que «los alemanes deben seguir siendo conscientes de su responsabilidad histórica» y que «el futuro precisa memoria». Frente a estos, los defensores llamémosle de la «normalización», argumenta que «los nazis convencidos murieron. Es una cuestión de generación: la sociedad se ha transformado y se sitúa lejos de una época a la que no quiere regresar».
Ni que decir tiene que Spain is different. En contraste con los admirados coleguitas de Alemania e Italia, el ínclito tuvo el detalle de mantenerse entre nosotros sus buenas temporadas, o sea hasta hace poco en comparación con los otros por lo que, el franquismo catapultado a mejor vida en el 78, fiambre no parece. No digo que no haya videojuegos al acecho, pero lo cierto es que la realidad aquí sigue superando de largo a la ficción. Y así, los restos de Franco son lucidos ante las visitas en el Valle de los Caídos; los de Moscardó y Milans, en el cripta del Alcázar de Toledo y, los de Queipo, en la Macarena…¡aaaaheeeé!