Conforme los partes médicos habituales reflejaban el agravamiento de la enfermedad, las guardias en los periódicos se estiraban. Después de haber pasado madrugadas y madrugadas dándole al póker en la redacción a las dos y a las tres… a las siete de la mañana del 20 de noviembre del 75 quien me dio la noticia fue mi madre porque el principio del final de una era me pilló en la cama con 40 de fiebre. Con todo el follón actual hablando otra vez de lo mismo, los fantasmas vuelven y, claro, no hay forma de que supere aquello.
Al igual que Suárez ideó que el Sábado Santo del 77, con el país sumido en el periplo vacacional, era el momento idóneo para anunciar que el pecé había sido legalizado, perdónenme pero lo que tocaba es que la portavoz de Sánchez hubiese salido a comunicar que, tras el acuerdo con la iglesia y la abadía, «los restos han sido exhumados esta madrugada». En su lugar, han preferido sacarlos a concurso y el proceso va a resultar más interminable que el anuncio de la lotería. Aún contando con 365 días, la catarsis constitucional de los españolitos se colocó pegadita al 20-N. Reconozcámoslo, siempre nos ha ido la marcha. Tanto que, con el diagrama autonómico en carne viva merced al polvorín secesionista, el ministro/secretario de organización del partido en el Gobierno lanza un globo sonda para ver si no sienta mal que el manojo electoral caiga más que apiñado y poner el muestrario autóctono al servicio de la Moncloa. De paso podríamos elegir entre todos al presi del Supremo y ahorrarles un sonrojo.
Porque el del caudillo redivivo no hay quien se lo quite. El método empleado ha logrado que la Virgen del Pilar aparezca con un manto de Falange, que la autoridad eclesiástica diga –qué raro– que no sabe nada y luego que ha sido ¡un error!, que el partidito de extrema derecha, perdido para la causa 40 años, se frote las manos y abrir la espita a que el bisnieto pueda marcarse un mensaje a Franco hasta imaginativo diciéndole «estás más presente que nunca». Y que, encima, lleve razón.