Fumando espero

Siendo un renacuajo, a nuestra hija le dio por esconderle el tabaco a la madre y ésta se volvía loca husmeando hasta que, harta de lidiar con el diablillo aquel, lo dejó. La que fuma ahora es la niña.

No solo es que lo haga, sino que además se lo lía como no pocos de los españolitos que han vuelto a las andadas. El efecto propiciado por la ley antitabaco ha durado lo que ha durado y si a las puertas de entrar en vigor en 2005 la tasa de fumeteo no alcanzaba al 33% de lugareños, la caja registradora acaba de indicar que hoy en día algo más del 34% ha caído en las redes. La ministra del ramo ha comparecido para dar las cifras y lo ha hecho sin poner sobre la mesa interpretación alguna al giro de los acontecimientos. Se ha limitado a señalar que se pretende atornillar el cumplimiento de las normas en vigor y ha sugerido estar planteándose prohibir que se enciendan cigarrillos en el coche e incluso en la salita de estar cuando se encuentren menores presentes. O sea, que piensan rescatar la patada en la puerta de Corcuera porque, si no, ya nos contarán, salvo que los dispositivos móviles adopten un sistema que, en cuanto se infrinja la limitación, echen humo. De poder elegir, casi prefiero la patada porque ya es que se siente uno vigilado a cada paso y, en cambio, la ineficacia del exministro al menos daba un respiro.

Ojo, que el incremento más significativo se ha producido entre el mocerío. Normal teniendo en cuenta que, a los millennials, les ha caído una detrás de otra. En la fase en que habría tocado emprender campañas enfocadas a los menores para que no se iniciaran en el proceloso estadio de tragarse el humo, se cerró el grifo prescriptivo. Tras el impacto inicial derivado de no poder dar una calada en la mesa de trabajo llegó la crujía y con ella la dejadez en la política de control del tabaquismo, justo cuando el personal más inquieto se encontraba. Dada la pasividad de los agentes encargados habría que invertir los términos hasta que, de una puñetera vez, dejen el vicio. Sí y que, por fin, se fumen encima.

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