El mareo es molt

Cuando Ximo Puig empezó de auxiliar de redacción cobraba más que su hijo décadas después, al darle a este por zambullirse en lo mismo. No solo ganaba más sino que hoy tiene las cabeceras y el resto de áreas de servicio de la Comunidad Valenciana pendientes de un titular que, pese a tratarse del profesional que es, no acaba de encajarle. Es que a veces no vean cómo se resisten, lo que posteriormente no garantiza el tino ni que uno no vaya a tirarse de los pelos una vez publicado.

   Por aquel entonces, el director envió al joven prometedor a visitar algún que otro diario para contrastar de qué forma se afrontaba el paso de tipografía a offset con tal de aplicarlo del mejor modo posible. La transmisión de noticias ha pasado a ser instantánea; la velocidad, supersónica. No obstante, el joven prometedor se convirtió en presidente de la Generalitat y, entre sus prerrogativas, figura la posibilidad de tomarse un tiempo. Y en eso está, dándole vueltas y más vueltas a si retratarse en abril de la mano de Sánchez o si acudir a la comunión con Mónica en mayo tal como fija el calendario marcado. Ni yendo de marinerito tendría este mareo.

   Sí, porque, pese a su templaza, no sabe para dónde tirar. A veintimuchos de febrero, la carta de navegación señala que el pesoe sería el más votado, y subiendo, y que sin embargo gobernaría la megaderecha, escenario ideal para que la izquierda mueva el culo con tal de impedir que se reedite el susanazo. Pero, ¿cómo estará el

oráculo a finales de marzo o cuando las procesiones tomen la calle? A su vez, Oltra tira de la sisa del jefe del Consell para que no se adelante mientras, en su fuero interno, este no debe dejar de darle vueltas a que, de no cambiar el paso, quien podría entre otros tirar de él con fuerza sería la plebe con la que cuenta en Alicante donde, por no haber, no hay ni que desenterrar a Franco. Eso sí, si al final el resultado fuera desolador y pensara hasta en abandonar esta práctica, siempre le quedaría la posibilidad a Ximo de regresar a su antiguo oficio. Como para no darle vueltas.

Da que pensar

Antes de perdernos –nunca mejor dicho– entre las revelaciones del libro del presidente, la confesión de Villalobos a Ferreras a la hora de dejar la política contiene la salsa de todo el drama que nuestros próceres llevan dentro: «Desde el 86 soy diputada –recuerda ella–. Fraga me desmostró que no era tan fiero como lo pintaban. Luego fui muy amiga de Aznar y le apoyé a muerte para que alcanzara la Moncloa. Rajoy ha sido el mejor presidente que ha tenido este país… después de Felipe González». Efectivamente, una campeona. No se pueden propinar más ostias a los tuyos en menos tiempo.

   En su Manual de resistencia, dado que acaba de llegar y este no ha nacido desde luego para despedirse, Pedro Sánchez también cita al mejor mandamás según Celia y lo hace para revalidar que Felipe «fue un referente de una sociedad que ya no es». Lo publica unas horas después de que, en el congreso de la World Jurist Association que reunió en Madrid a puntales del derecho de todo el orbe, el referente de una sociedad que ya no es dejara a los asistentes extasiados con una intervención plena de brillantez y de conexión con la realidad. El autor «a cuatro manos» de la novedad editorial culmina su aserto aseverando que «al frente del pesoe hay otra generación que sabemos interpretar las demandas de la ciudadanía». También ha tenido mala suerte al coincidir lo suyo con otro congreso, este sobre Innovación y sostenibilidad de la economía «Pensar más allá», en el que el exasesor de Obama, Juan Verde, concluyó que, en referencia a España, «existe un distanciamiento muy preocupante entre ciudadanos y políticos, con falta de conexión emocional».

   Según describe, Sánchez la encontró aquí: «Tengo aprecio y respeto por Rajoy. Cataluña nos únió. Aprendí mucho de su sentido de estado». Emocionó igualmente que dejara al respetable descansar de Ferreras y que, a la puesta de largo, fuera con Mercedes Milá y Jesús Calleja, todo un aventurero. Había que llegar a este extremo para encontrar un rasgo de coherencia.

Los muertos están vivísimos

Fran Rivera, que despidió el año en la abulense Casa Eladio entre fotos del caudillo y símbolos falangistas tras grabar el paseíllo y haber alardeado de votar días antes más al sur a Vox, ha entrado en campaña rematando el embolado al volapié: «Dicen que hago apología del franquismo y me llaman facha, pero no lo soy».

   «Ego te absolvo» ha debido hacerle llegar por guasa el prior del Valle que el domingo, antes de concelebrar, se confesó en el prontuario de Marhuenda sacándose todo lo que lleva dentro con el concordato de fondo amparando como dios al gremio: «Pedro Sánchez ha fracasado con Franco. El Gobierno se ha movido desde el desconocimiento y la ignorancia, con prepotencia y odio». Eso lo ha sentenciado en la semana en que se cumplen 80 años de la muerte de Antonio Machado en Colliure, que alcanzó consumido junto a su madre preguntando si habían llegado ya a Sevilla y donde un par de años más tarde la Comisión Depuradora del Ministerio de Educación le despojó póstumamente de todos sus derechos como funcionario. «Y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, soy, en el buen sentido de la palabra, bueno», dejó escrito… el prior, no.

   El trovador que inspira a Casado al entonar que «la agenda que estamos viendo en Cataluña es la agenda de Eta» no es otro que el poemario de Losantos. Sí, los muertos están más vivos que nunca. Arfonzo, cada vez que tiene oportunidad y ahora anda de gira, le arrea a Sánchez donde más le duele, desde sus contradicciones a su inconsistencia resucitando al librero y al hombre de teatro que fue y que nunca ha dejado de ser. Si con el anticipo el presidente del Gobierno lo que busca es que le den de uno lado y de otro para situarse en el centro, lo tiene tan garantizado que los que han empezado a preocuparse ya son los francotiradores. Y estamos a nada de que Abascal haga una recomendación a su dos compañeros de: «Moderaos, por favor».

De difícil digestión

Quim Torra es recibido en la puerta y ya en el interior quien le da la bienvenida es el propio presidente del Supremo en razón al rango que ostenta, ese que no le ha impedido poner de vuelta y media a Justicia española. El president de la Generalitat puede acudir porque todos los señalamientos del Parlament han sido aplazados por lo que, a la soberanía popular que representa, no hay quien la acoja. El magistrado Marchena da comienzo a la primera sesión con poco más de veinte minutos de retraso, una minucia entre tanto tomate. Para entonces ya ha comparecido ante las cámaras Vox por el resquicio que le otorga la legalidad a través de la acusación popular. Abascal, presente, cómo no. Primero las andaluzas, luego Colón y ahora un buen trecho coprotagonizando el juicio del prucés: «Que Torra se halle sentado entre el público y no en el banquillo de los acusados demuestra que el golpe está vivo». A Rivera le habría chiflado chupar encuadre, pero tiene que conformarse con emitir un tuit a la misma hora. Cuando el abogado de Junqueras & Romeva expone en la sala penal que «la causa ha sido una suspensión generalizada de los derechos políticos», que «un juez que no era competente para instruirla la convirtió en rebelión y sedición» y que «nadie en Europa entiende la severidad aplicada», se inicia en el Congreso la kermés de los presupuestos. Que Sánchez los haya envuelto en el 14 de abril y la exhumación es lo menos que podía hacer el pobre. No hay que descartar que para relator tuviera en mente a Valdano, pero que hasta a él le pareciese estirar esto por encima de la resistencia humana. Sí porque, sin ayudas, la revolica es de impresión. A Mónica Oltra, por decirle al virrey belga que «Junqueras está en la cárcel y el otro dándose por ahí comilonas» le ha saltado de esta guisa el señalado: «¿Tú también te apuntas a las difamaciones? Te invito a pasar una semana con nosotros y después podrás opinar, pero al menos con fundamento». O sea que no solo vive como un marajá, sino que no se pierde a Arguiñano.

El gazpacho

Los próximos 19 y 20 España se convertirá en la capital mundial del derecho al acoger el Teatro Real el congreso de la World Jurist Association. En un país, en el que el centro derecha se conduce de la mano de la caballería montaraz que ha abandonado la cuadra en la que permanecía embalsamada; en el que se recurre a bote pronto al enigma de un relator para el ensamblaje territorial cuando ya no lo garantiza ni superglú, se darán cita confrontando sus tesis a fin de reforzar y expandir el imperio de la ley y sus instituciones unos dos mil especialistas. Ya lo sé, pocos parecen.

   Aunque Vox es capaz de anexionarlo a la que está liando, la historia es otra. Fue la primavera pasada en Munich cuando se decidió que la fuerza jurídica proveniente de buena parte del orbe sentase sus reales  entre nosotros. Por aquel entonces Susana pensaba que el trono estaba garantizado de por vida; el productor Cerezo había empezado a rodar una serie sobre el almirante Blas de Lezo de la que nadie tenía ni pajolera y que ahora se ha visto obligado a ubicar después de que escuadrón ultra reclamase una peliculita sobre el vasco insigne; el llamado bloque constitucionalista había apoyado sin reservas la implantación del 155 emprendida por Rajoy tras la mascletà y desde entonces, que el polvorín se ha suavizado tela, una parte de aquel bloque se ha desgajado montarazmente a fin de mandar al inquilino de la Moncloa a Venezuela, como muy cerca, mientras que los que andan en busca de relator echan de menos a Mariano.

   No nos engañemos. Aquí lo que nos salva es que el pequeño Nicolás, que formara parte del ceneí y de Gran Hermano Vip, pendiente de juicio acusado de falsedad documental, que piensa concurrir a las urnas con algo «aglutinador de jóvenes de izquierdas y de derechas para regenerar el país» y al que Casado no tendrá inconveniente en acoger en su seno dado el caso, acudió a tevetrés portando un lazo amarillo. Y ojo que el pequeño es capaz de salir. Así que tranquilos. Somos insumergibles.

La extensa filmografía

Rafa Blasco fue un pionero en el noble arte de quitarnos la venda de los ojos. Ahora Sorogoyen se ha embolsado siete cabezones por sumergir al espectador en una buena muestra del fangal al que fuimos conducidos y eso que seguir aquí los pasos de CostaGavras o Ken Loach en la denuncia de abusos y depredaciones varias no es lo que más mercado encuentra. Según una especie de tradición grabada a fuego, el cine es para desconectar. Así, teniendo en cuenta lo alcanzado por El reino, han visto hasta hoy la peli multipremiada cuatro gatos. Quizá cinco.

   Pero la filmografía que nos representa fuera de la ficción ha adquirido una solera exenta de toda discusión. Y en ese terreno, el plenipotenciario exconseller, que disfruta del régimen de semilibertad tras cascarse tres años largos entre rejas, es una figura a la que ya en los ochenta su partido capitaneado por Joan Lerma puso de patitas en la calle porque algo olía a podrido en la barraca. El prota se libró entonces sí por los pelos y, al igual que había hecho con su paso del frap al pesepevé, empezó a reconstituirse esperando el momento en que unos advenedizos llegaran al poder, lo tomaran y fijasen su mirada en él.

   Sucedió porque no estamos ante un galán cualquiera. Con unos y otros fue puntal. Y, conforme adquirió rango, perfeccionó el sistema. A quienes más peligro representaron de cara a sus intenciones, no les faltó un libro para él y sus seres queridos en el momento oportuno. Los procesos abiertos lo han hecho volver a las Corts donde ha largado insinuaciones malévolas sobre quienes lo botaron en la fase inicial, ha encumbrado a los encartados por practicar su religión y, con respecto a las ráfagas de portavoces enumerando los concursos que lo han convertido en símbolo del fangal reconocido por los tribunales y por la academia del cine, echó el potage sobre los hombros del quinto escalón y se fue asegurando tener lo justo para llegar a casa. No descarten sus inquisidores recibir en las suyas, a pesar de ello, un ejemplar elegantemente dedicado.

Así se escribe la historia

La primera escapada que mi chica y yo hicimos en febrero del 81 cuando ni idea de si seríamos fue al Bellas Artes para ver La velada de Benicarló. José Luis Gómez sacó del baúl a Azaña a fin de acercarlo a la sesera de los españolitos en una época aquella en que, con planes que incluyeran propuestas comprometidas, se ligaba lo suyo. Al «emotivo estreno», como fue calificado, acudieron semanas antes los ministros de Justicia e Investigación, Ordóñez y Seara, además de Morodo, Pilar Brabo, Maravall, Julián Marías y Buero. Gibson, investigador de la guerra civil atento a la transición, confesó sentirse emocionado por ver representado un texto del «gran cerebro de la república». Tras la escapada fin de semana, ese lunes fue 23 F.

   El tiempo transcurrido ha hecho que avancemos lo nuestro y la inestabilidad sea ya continental hasta el extremo de que BernardHenry Lévy prepare su propio monólogo titulado Looking for Europe (Buscando a Europa) y haya decido subirse a escenarios de veintitantas ciudades de varios países, incluído este. El fundador de la corriente de los nuevos filósofos se enfrentó con Carrillo en La clave a cuento de las semejanzas entre fascismo y comunismo, por lo que ya tiene un recorrido además de pasta para aburrir este liberal hasta las trancas al que, sin embargo, no lo gusta ni de lejos cómo caza la perrita: «La gira es una llamada de emergencia ante la amenaza del nacionalismo… España ha construido una democracia ejemplar, con un tipo singular de estado/nación, inventado al salir del franquismo, que Europa no ha reconocido como debía. La forma en que Puigdemont ha sido bienvenido aceptando esa comedia después de escupirnos a la cara es injusta».

   Por la cuenta que nos trae, José Luis Gómez ha vuelto a pasear a Azaña. Mi chica y yo asistimos a una charla en la que advirtió que no se puede ser ajeno a tanto calambrazo, pero casi el cien por cien de oyentes superaba los sesenta aún figurando la cita dentro de un máster con mayoría de chavales. ¿Llama o no el peligro a la puerta?