La primera escapada que mi chica y yo hicimos en febrero del 81 cuando ni idea de si seríamos fue al Bellas Artes para ver La velada de Benicarló. José Luis Gómez sacó del baúl a Azaña a fin de acercarlo a la sesera de los españolitos en una época aquella en que, con planes que incluyeran propuestas comprometidas, se ligaba lo suyo. Al «emotivo estreno», como fue calificado, acudieron semanas antes los ministros de Justicia e Investigación, Ordóñez y Seara, además de Morodo, Pilar Brabo, Maravall, Julián Marías y Buero. Gibson, investigador de la guerra civil atento a la transición, confesó sentirse emocionado por ver representado un texto del «gran cerebro de la república». Tras la escapada fin de semana, ese lunes fue 23 F.
El tiempo transcurrido ha hecho que avancemos lo nuestro y la inestabilidad sea ya continental hasta el extremo de que Bernard–Henry Lévy prepare su propio monólogo titulado Looking for Europe (Buscando a Europa) y haya decido subirse a escenarios de veintitantas ciudades de varios países, incluído este. El fundador de la corriente de los nuevos filósofos se enfrentó con Carrillo en La clave a cuento de las semejanzas entre fascismo y comunismo, por lo que ya tiene un recorrido además de pasta para aburrir este liberal hasta las trancas al que, sin embargo, no lo gusta ni de lejos cómo caza la perrita: «La gira es una llamada de emergencia ante la amenaza del nacionalismo… España ha construido una democracia ejemplar, con un tipo singular de estado/nación, inventado al salir del franquismo, que Europa no ha reconocido como debía. La forma en que Puigdemont ha sido bienvenido aceptando esa comedia después de escupirnos a la cara es injusta».
Por la cuenta que nos trae, José Luis Gómez ha vuelto a pasear a Azaña. Mi chica y yo asistimos a una charla en la que advirtió que no se puede ser ajeno a tanto calambrazo, pero casi el cien por cien de oyentes superaba los sesenta aún figurando la cita dentro de un máster con mayoría de chavales. ¿Llama o no el peligro a la puerta?