De difícil digestión

Quim Torra es recibido en la puerta y ya en el interior quien le da la bienvenida es el propio presidente del Supremo en razón al rango que ostenta, ese que no le ha impedido poner de vuelta y media a Justicia española. El president de la Generalitat puede acudir porque todos los señalamientos del Parlament han sido aplazados por lo que, a la soberanía popular que representa, no hay quien la acoja. El magistrado Marchena da comienzo a la primera sesión con poco más de veinte minutos de retraso, una minucia entre tanto tomate. Para entonces ya ha comparecido ante las cámaras Vox por el resquicio que le otorga la legalidad a través de la acusación popular. Abascal, presente, cómo no. Primero las andaluzas, luego Colón y ahora un buen trecho coprotagonizando el juicio del prucés: «Que Torra se halle sentado entre el público y no en el banquillo de los acusados demuestra que el golpe está vivo». A Rivera le habría chiflado chupar encuadre, pero tiene que conformarse con emitir un tuit a la misma hora. Cuando el abogado de Junqueras & Romeva expone en la sala penal que «la causa ha sido una suspensión generalizada de los derechos políticos», que «un juez que no era competente para instruirla la convirtió en rebelión y sedición» y que «nadie en Europa entiende la severidad aplicada», se inicia en el Congreso la kermés de los presupuestos. Que Sánchez los haya envuelto en el 14 de abril y la exhumación es lo menos que podía hacer el pobre. No hay que descartar que para relator tuviera en mente a Valdano, pero que hasta a él le pareciese estirar esto por encima de la resistencia humana. Sí porque, sin ayudas, la revolica es de impresión. A Mónica Oltra, por decirle al virrey belga que «Junqueras está en la cárcel y el otro dándose por ahí comilonas» le ha saltado de esta guisa el señalado: «¿Tú también te apuntas a las difamaciones? Te invito a pasar una semana con nosotros y después podrás opinar, pero al menos con fundamento». O sea que no solo vive como un marajá, sino que no se pierde a Arguiñano.

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