De ronda por el nuevo orbe

Si tras escuchar tres años atrás a la experta en Inteligencia Artificial y Big Data, Nuria Oliver, usted se hubiera quedado tan tocadete como para acercarse a pedirle un título de referencia que lo situase en la acción ella le habría señalado Sapiens. De animales a dioses, del pensador, historiador y ensayista Yuval Noah Harari. Sería extraño que, dentro del terreno en el que se mueve, la ingeniera en telecomunicaciones alicantina no fuera sobre seguro. La irrupción de este joven gurú que huye de serlo se produjo con el arranque de la década y, tras la traducción a 45 idiomas, Obama, Gates y Zuckerberg lo recomendaron al tiempo que Merkel y Macron se dejaban las pestañas por tener un bis a bis. Esto va tan acelerado que hace nueve años al gachó no lo conocía ni Dios.

   En el dataísmo, según el autor de lo que ya es una trilogía que marca pautas del nuevo orbe, «no se venera a dioses ni al hombre; adora los datos». En esa línea, Nuria Oliver ha hecho un llamamiento para que, en toda la enseñanza obligatoria, se implante una asignatura troncal «que debe incluir algoritmos, datos, redes, programación y hardware». Para los chavales, más tirado que entender los planes educativos que les suministramos sería.

   Pero las religiones crean sus demonios. Otros conocedores de la materia alertan sobre lo que tenemos encima. Para la jurista y consultora de ciberseguridad, Paloma Llaneza, «feisbuk lo ve todo y guarda hasta tus arrepentimientos que dicen de ti mucho más que lo que mandas». Como abogada versada en protección de datos, al contrastar el modo de funcionar de la red social y la información suya que recopilaba, hizo lo único que según ella puede hacerse para no andar expuesta: borrarse. «Una de las grandes cuestiones que tenemos por delante es la transparencia algorítmica», según la disidente. Noah Harari, que no rehúye el escenario, ya lo advirtió : «Cuando los Big Data me conozcan mejor que yo a mí mismo, la autoridad se desplazará de los humanos a los algoritmos». Salvo en el caso, claro, de Ángel Franco.

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