Salidas posibles

Proclamaba Millás que la plebe demostró un grado de responsabilidad muy superior al que los concurrentes exhibieron durante la campaña yendo a votar en masa con tal de desactivar ese artefacto que es Vox, pero que el vínculo entre los representantes y los reprensentados está prácticamente roto o unido apenas por tres o cuatro hilos. La prueba es que el escenario opuesto tuvo lugar en Benizar, perteneciente al municipio de Moratalla, con una población cercana al millar de habitantes, cuyos vecinos hicieron un llamamiento a dejar las urnas vacías por el abandono que sufren y alcanzaron el 98 por ciento de abstención. Eso es una victoria y lo demás es cuento.

  Resulta que tienen los accesos hechos unos zorros. Parte de ellos pertenecen a la Región de Murcia y otros son competencia de Castilla la Mancha. En el entorno abundan los manantiales, un porrón de fuentes y no digamos de arroyos por lo que es un lugar divino para los senderistas a sabiendas de que se pueden topar con paisajes nevados pero, al tratarse del culo del mundo para las dos administraciones, por el camino rural de Socovos los accidentes se prodigan y las ambulancias tardan en aparecer lo que no hay en los escritos. El llamamiento de los vecinos a ausentarse a su pesar del colegio electoral ha obtenido un enorme predicamento entre aquellos a los que les ha llegado la peripecia a través de los informativos. Merecen que nos presentemos por allí en caravana para ver si, de una vez, se dejan caer los que faltan.

   En octubre pasado, antes de salir a la luz el último caso estremecedor, Casado dijo en referencia a la legalización de la eutanasia que se trata de «un problema que en España no existe». Con la piedad que derrocha, demasiado apoyo ha obtenido el hombre. Y en la senda de esta cuestión, ¿cuántas de las que «no existen» dormirán aún el sueño de los justos sin que se les ofrezca salida alguna a los más vulnerables? A este paso llegará un día en el que hagamos lo que tenemos que hacer. Empadronarnos en Benizar, efectivamente.

Tembleque descomunal

Me sumerjo en los cara a cara que protagonizaron dos seres antagónicos como William F. Buckley y Gore Vidal durante las convenciones de los republicanos y los demócratas en el 68, que dieron lugar al género del debate hecho espectáculo. Al mes del asesinato de Luther King tras el de Bob Kennedy, los pensadores seleccionados, que no podían ni verse, ofrecieron sin embargo ante los pasmados televidentes un curso de cimentadores de ideas. En medio del caos al que se enfrentaba el país, el conservador Buckley vaticinó que la cuestión del orden público sería determinante y así fue. Aquellas elecciones resultaron las más parecidas a las últimas en las que Trump echó mano de la «mayoría silenciosa», término del que se apropió Nixon para alcanzar su objetivo. Ni que decir tiene que, desde entonces, el espectáculo se ha impuesto por goleada al fondo de armario, pero en fin, tampoco vamos a ponernos tiquismiquis.

   De hecho un cliente del gimnasio le preguntó a otro por un amigo común y se oyó en todo el recinto: «He quedado con él para ir a ver a Abascal. ¿Te vienes?». Ignoro si iría pero los cinco mil enfervorizados escucharon de boca de aquel pedir la eliminación de las autonomías en un recinto que forma parte precisamente de uno de los emblemas alzados por la España descentralizada. Lo gentil no tiene por qué formar parte de los auténticos atributos.

   Habrá que ver adónde ha ido a situarse en realidad el considerado voto oculto, ahora que estamos a punto de desenterrar aquello de lo que nos jactábamos que había quedado bajo tierra para los restos. Pues agárrense porque va a salir tan campante de las catacumbas y tiene en el patio temblando a unos por sus convicciones y a otros por la competencia que les ha salido en los que son carne de su carne. Los neurocientíficos se han apresurado a advertir que, para votar, las emociones procesan más rápido que los argumentos y especialistas de otras ramas han señalado que la «energía del futuro» no es otra que el sol. Ya. Pero como salga por Antequera…

En medio del supermercado

De buena mañana me asomé con precauciones a la tele no fuera a ser que estuviera aún Ábalos desentrañándonos qué es lo que ha ocurrido. Sin ser uno de los actores previstos, el supervisor de campaña de Ferraz consumió a la postre más minutos que el moderador del primer asalto. Iván Redondo, el gurú que lleva Sánchez en el coche para elegir los productos a utilizar en el supermercado electoral, ha compuesto la masa madre disgregando al candidato del resto de aspirantes e invistiéndolo de un aire presidencial que lo distancia en parte de aquellos que están pendientes de quién les toca más la fibra para decidirse. De ahí que rechinara ver a Ábalos contando qué le ha parecido el trance. Es como si al acabar la contienda más esperada, en lugar de salir Zizou a decir qué tal concurre Chendo por mucho que sea el delegado de la formación.

   Suena jocoso pero esto ha cambiado tanto que ni eso puede tomarse a broma. En Ucrania, país al borde de un ataque, el cómico más popular de la caja tonta felicitó 2019 a la audiencia, anunció que se presentaba para liderar al país y, a los cuatro meses, ha dejado al que había a la altura del betún. Aquí los mejor situados dado que te aparecen por cualquier lado serían Sobera y Broncano. Aunque luego están las peculiaridades y las nuestras incluyen que millones de telespectadores pasasen el fin de semana siguiendo a Pantoja camino de ¡Viva Honduras! que diría el otro, antes de conocerse que se hartó de llorar en el avión. Hay quien ha querido ver en la requisitoria de Iglesias a su socio la que le hacía Julián Muñoz a Isabel: «Gitana, ¿tú me quieres?». A lo que ella, tras hacerse de rogar, contestó: «Más que a nada».

   Mientras que internautas de diarios catalanes de tronío votan que Rivera es el que más ha brillado, un elector se cortó el dedo en India tras meter erróneamente la papeleta de la oposición y a Casado lo ha dejado el creador del logo de la gaviota al irse con Vox. Ausencia de Abascal en los debates con la que habrá que ver si menguan o, pónganse a cubierto, los dispara.

El clima circundante

Viendo el temporal de los últimos días más lo que se nos puede venir encima tras el 28A, se explica fenomenal que Jorge Olcina, climatólogo de cabecera, su colega Enrique Moltó y la partiticipación de especialistas de toda la superficie autonómica escogieran el arranque del mes en curso para presentar el trabajo sobre los climas y tiempos de esta tierra. No hay más que echar un vistazo a lo que se registró a raiz de que en el 95 se produjera el vuelco del mapa para inferir que tienen ganado el cielo.

   Según el estudio del bloque de expertos nos enfrentamos a «un clima con cambios constantes. Un escenario que nos obliga a adaptar el territorio a manifestaciones atmosféricas más extremas y a un menor confort. Tiempos y climas, diversos y singulares, que otorgan significación geográfica y lo distingue de otros territorios próximos». Y tanto. Como que buena parte de las caravanas en liza se han apelotonado aquí para poner toda la carne en el asador a escasas cuadras de distancia. Una concentración así no hay atmósfera que la resista. Y menos cuando desde donde corresponde viene haciéndose oídos sordos al lamento por la infrafinanciación que frena esto. No han tenido empacho en coincidir y, sin embargo, la que han liado a estas alturas de la película para debatir entre los que quieren darle un rumbo guapete al país. Lo malo es que ya viene oyéndose a quienes no están ni mucho menos conformes con los moderadores que han caído en suerte. Por la misma regla de tres, yo creo que deberían añadirse a los que hay un par de debates miércoles y jueves. El problema es quién se lo dice a Sánchez. Sé que eso abriría la posibilidad de meter a Cayetana en casa a la hora de la cena. Qué le vamos a hacer, salvo tener cuidado con que penetre nuestros sueños.

   Pero volvamos a lo más próximo con este libro que remata su predicción alertando sobre «un futuro incierto en el contexto actual de calentamiento térmico». Meteorológicamente hablando tengo mis dudas; ahora bien, el percal político lo ha clavado.

La cólera que se cierne

Ya he votado. Lo hice mientras el escalofrío recorre el cuerpo tras ver arder la cúpula de Notre Dame y derrumbarse la aguja del templo antes de asistir a cómo desaparece buena parte de la tradicional silueta que lleva siglos congregando devotos a su alrededor. La cólera anda suelta y no es buen día para poner a Dios por testigo.

   Desafío, no obstante, los elementos y me zambullo en el abanico de listas y sus componentes. Previamente he leído que los socialdemócratas han resurgido y se han impuesto, aunque por la mínima, al bloque de ultraderecha. De momento en Finlandia. A saber lo que ocurrirá por nuestros lares, donde tantas veces se nos cae la baba mirando al norte dados los desajustes y cabriolas que nos marcamos en ámbitos troncales del crecimiento. Maite Pagazaurtundúa sale viva del desnorte que persigue quemar su memoria, de este bucle en el que los intolerantes nos tienen dando más vueltas que una peonza tan valientes y cautivadores en sus propuestas y, por mucho que digan, el desgarro pausado de una sufridora toca la fibra del común de los mortales. Un destacado del artículo de Luis María Anson, del que se entresaca que «no es verdad que Vox esté en la extrema derecha», me llama incluso la atención y, al empezar a leerlo, me encuentro con esto: «Los despropósitos de la política sobre Cataluña de Mariano Rajoy han cuarteado la estabilidad política que se consiguió con la transición… el resultado de tanta insensatez ahí está, claro y punzante. Hay tres partidos más por Rajoy robustecidos, el interrogante abierto sobre el separatismo catalán y un futuro impredecible».

   Se mire para donde se mire, prima el desconcierto. En París, en Londres, en Rentería, entre la plebe a la que hemos abocado a buscarse la vida en el quinto pino y le ponemos trabas hasta para ejercer el sufragio…Disconforme, he introducido antes de ir Correos las papeletas desnudo. Disculpen si no adjunto la foto. Es lo único que le hace falta al panorama.

Elegía del primerizo

Oigo a un españolito confesar que le ha tocado presidir una mesa, él que no sabe ni cómo se hace a pelo lo esencial de la tarea que ha de practicar puesto que dejará de ser primerizo al cumplir esta vez sí con el requisito de la edad. Tranquilo, chaval. Estando al cabo de la calle es como resulta verdaderamente complicado votar. Incluso a los tuyos.

   Así pues, no te abrumes por lo que más quieras. Suerte la tuya que, llegado el trance, aún pueden invadirte mariposas en el estómago por las razones que sean. A los que han tenido la fortuna de poder ensartar la papeleta por la hendidura desde las primeras de esta era en junio del 77, las mariposas se han transformado en buena parte de los organismos en puñeteras garrapatas que te cuecen desde todos los frentes. A ello ha contribuido en gran medida el elenco que anda suelto. La prueba es que, aún antes de arrancar la campaña oficial, ya descolló un grupo con méritos de sobra para componer una selección sublime. Ni que decir tiene que el récord lo estableció Suárez Illana, el mismo que, cuando el ducado pasó de sus manos al de la hija de su hermana mayor según estableció la modificación de la ley, armó una de padre y señor mío que para eso, no hay más que verlo desde aquí a Nueva York, es letrado. Borrell también se lució en una tele alemana al no poder evitar ser Borrell que, para él, siempre ha sido el súmmum. E inspirado se mostró igualmente la criatura esta de Vox llamada Iván Espinosa de los Monteros, de primero supongo, quien aprovechó el paso por Miami, claro, para enaltecer su facha al señalar que «en España estamos acostumbrados a una izquierda sucia, mal vestida y con coleta». Debe referirse a Iceta por lo que suda con la brasa que da con la canción de Queen.

   Asistiendo a esto uno tiene más que nunca ganas de… saetas. La cruzada electoral se presenta de aúpa con todo en el aire y solo será amortiguada por el calendario festivo, que bendito sea Dios. El gran estallido no vendrá hasta el debate televisivo, el mismísimo día de Sant Jordi. Casi .

Háganos hueco

Me impregno de chicotás al Cristo de los Gitanos en la Madrugá, me siento incapaz de contener las lágrimas y me pregunto que cómo es posible que esto se repita sin remedio, año tras año. Yo porque soy de las mías pero al conseller Alcaraz, que ha hecho una inmersión por la España en túnica, le ha dado para un libro.

   El visionado coincide con la respuesta del obispado de Reig Pla a la denuncia sobre la celebración en su diócesis de cursos para curar la homosexualidad y, aunque por otras motivaciones, la llantina, claro, va a más. El corifeo del prelado apunta que se trata de «un acompañamiento integral, pastoral y espiritual» en coherencia con la web eclesiástica donde, en el apartado «Homosexualidad y esperanza», se recoge que «si una persona quiere formarse sobre este tema o desea un cambio o evolución…». Me pongo de mala hostia porque y para los heteros, qué. Yo no estoy nada contento con mi cuerpo. Aseguran especialistas –médicos en este caso, qué le vamos a hacer– que, a determinada edad, aumenta la posibilidad de alteraciones cromosómicas en los espermatozoides. A mi estos me la traen al pairo ya pero, junto al resto de huesos, aquellos que me sobresalían de los hombros dónde han ido a parar. La verdad es que un acompañamiento integral cada vez que hay que ir a comprarse unos pantalones vendría de perlas.

   A mi hermana, que mantiene la fe y que es de misa, también le vendría bien una ayudita. Su marido, que es un buenazo y un currante nato, lleva en la fábrica desde los catorce añitos y no le hace ascos a ningún plato y a ninguna birra que se le ponga delante por lo que, cuando llega la hora de la siesta, emite unos sonidos espectaculares al ritmo de una barriga que no lo es menos. Su mujer se asusta y está convencida de que puede llegar a parir.

    En casos como el de esta materia, igual Cruzcampo patrocina el seminario. Dentro de su afectuosa preocupación por lo que pasa con nuestro cuerpo, háganos hueco; que aunque a veces monseñor no lo parezca, todos somos hijos de Dios.

Resentimiento a flor de piel

Màxim Huerta ha salido del armario y ha roto el silencio autoimpuesto desde lo sucedido. Es posible que en breve se percate de que calladito estaba más guapo.

   Y eso que hace un par de meses tuvo una reaparición de chapó al protagonizar una de las mejores guindas de la ceremonia de los Goya prestándose a entregar el premio al mejor corto de ficción bajo el siguiente correlato: «No se preocupen que ya saben que soy breve». Me pareció un acierto por encima del personaje, quien en la entrevista que ha concedido a la revista Icon remarca lo que para él supuso el gran respaldo cosechado entre los asistentes: «Me hicieron la mitad de la terapia. Salí como quien sale de unos baños termales».

   El guión que ha soltado ahora por la boquita sí que es suyo testificando así la sinceridad de sus palabras: supuso, efectivamente, la mitad de la terapia. Y, por lo visto, áun le quedan dentro espinas desde el recibimiento hasta la despedida pese a lo meteórico del mandato: «Nada más ser nombrado, noté los prejuicios. En los medios que van de progresistas trataron mi aparición a modo de burla. Les parecí tan exótico… Llegué a sentir que preferían a Wert». Hombre, por Dios, es que olvidar  a aquel torete enamorado de la luna no se consigue en dos días. Menciona haber sido satanizado por aterrizar desde el sofá de Ana Rosa, que es de donde procedía, y denuncia que nadie destacaba, sin embargo, «los años de informativos en Canal 9». Y encima se queja.

   Supongo que uno de los últimos pasajes que repasa alimenta el libro «Intimidad improvisada», a punto de ser lanzado: «Cuando salió lo de Pedro Duque –que tenía un chalé a nombre de una sociedad instrumental, supuestamente para eludir impuestos–, tuve una crisis muy gorda…». En ese instante me reconcilié con nuestro género, lástima que al seguir leyendo duró muchísimo menos que su paso por Cultura: «…Vi la diferencia de trato de los medios y del Gobierno». El de Màxim, un gran reflejo de la condición humana, que baña de aquí y a la luna como bien señala.

La masa de aire ártico

En uno de esos viernes sociales tan salados de los que está disfrutando el Gobierno, su portavoz Celaá ha llegado a pasárselo pipa y a entrarle la risa floja con algunos asuntos tratados y otros como el del cambio de hora le sirvió para avisar que se mantendría el sistema actual anunciando que el año que viene tomarán una decisión, que es el mensaje que en realidad le interesaba filtrar. También hizo mención  a que el informe encargado a la comisión de expertos sobre el huso horario se inclina por perpetuar el de invierno, mientras que Tezanos advirtió al Ejecutivo que los españoles prefieren quedarse con el de verano, por lo que no es plan de llevarles  la contraria. Lo líquido que se presenta todo de cara al 28A es lo que tiene. Que, ahora sí, la inmensa mayoría de candidatos solo ve españoles, lo que ha descolocado a Rivera hasta el extremo de que, no pocos de los que suspiraban por él, a día de hoy no lo distinguen ni en el centro ni hacia la izquierda ni en la derechita ni en el couché. Con lo feliz que se las prometía.

   Y ha ocurrido que, nada más realizarse el traspaso oficial al horario de verano, se nos echa encima efectivamente un llamativo ciclo de jornadas invernales. La masa de aire ártico viene de los alrededores de Groenlandia y se acerca de forma rapidísima con riesgos de fuertes tormentas que habrán de convivir con latitudes que registrarán temperaturas por encima de lo normal. Sánchez se hizo partícipe del ciclón y escogió zambullirse entre deportistas para denostar a Pierre de Coubertin al enarbolar que «lo importante no es participar, sino ganar». Si algo caracteriza a un producto como él labrado en las más inverosímiles resurrecciones es que investirse de lo políticamente correcto, que solo sirve para posponer conflictos, no puede ser lo suyo porque, de eternizarlos, se quedaría con el papel de Lázaro para los restos.

   De esta masa ártica, solo un aspirante tiene asegurado salir vivo a final de mes. Los otros podrían quedarse helados, aunque en condiciones ideales para intentarlo a la siguiente. En Groenlandia, eso sí.