En uno de esos viernes sociales tan salados de los que está disfrutando el Gobierno, su portavoz Celaá ha llegado a pasárselo pipa y a entrarle la risa floja con algunos asuntos tratados y otros como el del cambio de hora le sirvió para avisar que se mantendría el sistema actual anunciando que el año que viene tomarán una decisión, que es el mensaje que en realidad le interesaba filtrar. También hizo mención a que el informe encargado a la comisión de expertos sobre el huso horario se inclina por perpetuar el de invierno, mientras que Tezanos advirtió al Ejecutivo que los españoles prefieren quedarse con el de verano, por lo que no es plan de llevarles la contraria. Lo líquido que se presenta todo de cara al 28A es lo que tiene. Que, ahora sí, la inmensa mayoría de candidatos solo ve españoles, lo que ha descolocado a Rivera hasta el extremo de que, no pocos de los que suspiraban por él, a día de hoy no lo distinguen ni en el centro ni hacia la izquierda ni en la derechita ni en el couché. Con lo feliz que se las prometía.
Y ha ocurrido que, nada más realizarse el traspaso oficial al horario de verano, se nos echa encima efectivamente un llamativo ciclo de jornadas invernales. La masa de aire ártico viene de los alrededores de Groenlandia y se acerca de forma rapidísima con riesgos de fuertes tormentas que habrán de convivir con latitudes que registrarán temperaturas por encima de lo normal. Sánchez se hizo partícipe del ciclón y escogió zambullirse entre deportistas para denostar a Pierre de Coubertin al enarbolar que «lo importante no es participar, sino ganar». Si algo caracteriza a un producto como él labrado en las más inverosímiles resurrecciones es que investirse de lo políticamente correcto, que solo sirve para posponer conflictos, no puede ser lo suyo porque, de eternizarlos, se quedaría con el papel de Lázaro para los restos.
De esta masa ártica, solo un aspirante tiene asegurado salir vivo a final de mes. Los otros podrían quedarse helados, aunque en condiciones ideales para intentarlo a la siguiente. En Groenlandia, eso sí.