Háganos hueco

Me impregno de chicotás al Cristo de los Gitanos en la Madrugá, me siento incapaz de contener las lágrimas y me pregunto que cómo es posible que esto se repita sin remedio, año tras año. Yo porque soy de las mías pero al conseller Alcaraz, que ha hecho una inmersión por la España en túnica, le ha dado para un libro.

   El visionado coincide con la respuesta del obispado de Reig Pla a la denuncia sobre la celebración en su diócesis de cursos para curar la homosexualidad y, aunque por otras motivaciones, la llantina, claro, va a más. El corifeo del prelado apunta que se trata de «un acompañamiento integral, pastoral y espiritual» en coherencia con la web eclesiástica donde, en el apartado «Homosexualidad y esperanza», se recoge que «si una persona quiere formarse sobre este tema o desea un cambio o evolución…». Me pongo de mala hostia porque y para los heteros, qué. Yo no estoy nada contento con mi cuerpo. Aseguran especialistas –médicos en este caso, qué le vamos a hacer– que, a determinada edad, aumenta la posibilidad de alteraciones cromosómicas en los espermatozoides. A mi estos me la traen al pairo ya pero, junto al resto de huesos, aquellos que me sobresalían de los hombros dónde han ido a parar. La verdad es que un acompañamiento integral cada vez que hay que ir a comprarse unos pantalones vendría de perlas.

   A mi hermana, que mantiene la fe y que es de misa, también le vendría bien una ayudita. Su marido, que es un buenazo y un currante nato, lleva en la fábrica desde los catorce añitos y no le hace ascos a ningún plato y a ninguna birra que se le ponga delante por lo que, cuando llega la hora de la siesta, emite unos sonidos espectaculares al ritmo de una barriga que no lo es menos. Su mujer se asusta y está convencida de que puede llegar a parir.

    En casos como el de esta materia, igual Cruzcampo patrocina el seminario. Dentro de su afectuosa preocupación por lo que pasa con nuestro cuerpo, háganos hueco; que aunque a veces monseñor no lo parezca, todos somos hijos de Dios.

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