De buena mañana me asomé con precauciones a la tele no fuera a ser que estuviera aún Ábalos desentrañándonos qué es lo que ha ocurrido. Sin ser uno de los actores previstos, el supervisor de campaña de Ferraz consumió a la postre más minutos que el moderador del primer asalto. Iván Redondo, el gurú que lleva Sánchez en el coche para elegir los productos a utilizar en el supermercado electoral, ha compuesto la masa madre disgregando al candidato del resto de aspirantes e invistiéndolo de un aire presidencial que lo distancia en parte de aquellos que están pendientes de quién les toca más la fibra para decidirse. De ahí que rechinara ver a Ábalos contando qué le ha parecido el trance. Es como si al acabar la contienda más esperada, en lugar de salir Zizou a decir qué tal concurre Chendo por mucho que sea el delegado de la formación.
Suena jocoso pero esto ha cambiado tanto que ni eso puede tomarse a broma. En Ucrania, país al borde de un ataque, el cómico más popular de la caja tonta felicitó 2019 a la audiencia, anunció que se presentaba para liderar al país y, a los cuatro meses, ha dejado al que había a la altura del betún. Aquí los mejor situados dado que te aparecen por cualquier lado serían Sobera y Broncano. Aunque luego están las peculiaridades y las nuestras incluyen que millones de telespectadores pasasen el fin de semana siguiendo a Pantoja camino de ¡Viva Honduras! que diría el otro, antes de conocerse que se hartó de llorar en el avión. Hay quien ha querido ver en la requisitoria de Iglesias a su socio la que le hacía Julián Muñoz a Isabel: «Gitana, ¿tú me quieres?». A lo que ella, tras hacerse de rogar, contestó: «Más que a nada».
Mientras que internautas de diarios catalanes de tronío votan que Rivera es el que más ha brillado, un elector se cortó el dedo en India tras meter erróneamente la papeleta de la oposición y a Casado lo ha dejado el creador del logo de la gaviota al irse con Vox. Ausencia de Abascal en los debates con la que habrá que ver si menguan o, pónganse a cubierto, los dispara.