Tras la celebración del G7, Macron se ha situado en el candelabro. Camino de la cumbre y antes de meter en escena por sorpresa a un emisario iraní, dio el aldabonazo al catalogar los incendios de la Amazonia de «crisis internacional» y sugerir abordarla en Biarritz lo que sirvió para que Bolsonaro recriminara al contemporáneo Napoleón la interferencia en la soberanía brasileña acusándolo de «mentalidad colonialista». Teniendo en cuenta que en campaña electoral el preboste del inmenso país sudamericano se mostró partidario de explotar parte de la extensión amazónica, poco le dijo al francés.
Pero enseguida llegó la segunda vuelta. El día en que arrancó la reunión de los megamandatarios, un seguidor en feisbuk del que fuera paracaidista en el ejército comentó un post de éste con imágenes de ambas parejas: «Brigitte, 24 años mayor que él y, Michelle, 27 años más joven», adornadas por un texto adjunto: «¿Entienden ahora por qué Macron persigue a Bolsonaro?». Ni que decir tiene que aunque no puede ser Trump por mucho que lo intente y eso que se esmera, el fenómeno de Sao Paulo añadió en su perfil, tembloroso de placer: «No lo humilles, tío». A continuación rechazó, efectivamente, 22 millones de dólares que el G7 donaba y volvió a decirle guapo al anfitrión y que se ocupara de su casa. Bueno, guapo, no.
El guapo, faltaría más, es Sánchez, quien acudió a la clausura como invitado en la cena de gala. Cuentan los entendidos que, enfundada en su vestido de flores de Hannibal Laguna, Begoña Gómez, ya saben, rivalizó en prestancia con Melania. Al parecer, el diseño tiene una forma años 50 que recuerda a los que suele utilizar la primera dama estadounidense. El inquilino de la Casa Blanca se ve que contuvo y no soltó ningún twit. Sobre la enésima salida del presi provisional, tampoco el apocado Iglesias dijo nada y eso que a huevo lo tuvo a colación –¡uy!– de los incendios. En otro tiempo habría aprovechado: «Recuerda que tú lo tienes aquí y que sin mi manguera igual te chamuscas, majete».