La capa de hormigón

Sentada, María se atusa el pelo que le cae por la espalda y, tras comprobar al tacto que está preparado, se lo recoje y enarbola sobre la cabeza un moño del color de la nieve recién caída. Una vez acicalada para salir a la calle, se apoya en el andador camino un día más del punto kilométrico del trazado manchego para depositar  flores donde asegura que yacen los restos de su madre junto a los de otras víctimas. Tenía seis años y hubo de sufrir la amargura de verla formar parte del grupo de detenidas con la cabeza rasurada al cero entre el escarnio del vecindario y la mofa de la inconsciente pero cruel chavalería. Dentro de su vocabulario elemental, ha llevado el testimonio al Supremo y no piensa dejar de recurrir a él «hasta que las ranas críen pelo». Centenares de familias en su situación se pusieron manos a la obra autofinanciéndose para sacar de las entrañas del desatino las raíces del árbol de carne y hueso al que pertenecen, una vez que supuestamente había pasado el tiempo de silencio. Pero resulta que, para esta arboleda perdida, no era así. Que la ley de amnistía que santificaba el nuevo ordenamiento venía a echar una recia capa de hormigón legal sobre el anhelo de tantas almas desvalijadas donde el olvido no es un refugio íntimo sino una imposición. María Martín murió sin obtener respuesta y su hija se encargó de la ranas para hacer llegar su sonido a las autoridades pertinentes. Ascensión Mendieta tuvo que viajar con sus 90 años a cuestas hasta Argentina donde una jueza sí que había visto indicios en la querella emprendida por una pila de afectados a los que, política y judicialmente, en su país le dieron con las puerta en las narices. Décadas después del cambio de régimen, fuera, que es donde se supone que la distancia sosiega la perspectiva, siguen manteniendo sus prevenciones. Y sí, tuvo que ser la justicia argentina quien dictaminase la exhumación del padre asesinado en noviembre del 39. Ascensión murió dos años después con la satisfacción de haber ofrecido un entierro digno al señor Timoteo. ¿Eso es venganza?

Deja un comentario