De todo en la viña del Señor

Arsenio Iglesias podía haber hecho el saque de honor en el duelo entre dos de sus equipos pero, a los 89 tacos que le caerán en Nochebuena, su espíritu sobrevoló Riazor. Antes de enfundarse la zamarra del Dépor se atavió con la del Bergantiños y después, en el barrio de Nervión, fue a parar al equipo de mi vida y de los míos donde se vistió de luces con Marcelo Campanal cubriéndole las espaldas y con Juanito Arza y Antoniet poniéndole goles y arabescos de arte y salero en una campaña en la que se dejó fuera de la Copa de Europa al Benfica, último antecedente ilustre en el siglo I antes de Monchi.

   Para mí la eliminatoria copera acaparó mayor interés que el clásico de aquí a Pekín. Es lo incompresible que tiene el furbo cuando se vive con pasión. Pero más extraño aún es encontrarse dentro de él a alguien cabal y lo digo tras haber visto el documental Diego Maradona con el que, pese a saberte la historia de carrerilla, se te caen los palos del sombrajo con esa maravilla sobre el césped que se perdió para los restos entre el vericueto napolitano. En cambio, el pequeño de nueve hermanos de una familia de labradores que con el tiempo se convertiría en el Bruxo de Arteixo ha sido uno de los raros especímenes que ha ido siempre de frente con la cabeza en su sitio. La prueba es que cuando los blanquiazules perdieron en Les Corts el día de de su debut en Primera pero él le metió un gol a Ramallets, cogió el balón con las manos y le dijo: «Perdón, señor». Es lo que trae ser de buena cuna.

   Ya desde el banquillo convirtió al Hércules de los setenta en una escuadra bien armada y difícil de hincarle el diente al estilo del Getafe de Bordalás mismamente. Y dos décadas después nos hizo un poquito del Súper Dépor al que daba gusto ver propasarse con rivales de enjundia a base de descaro con aquel radiante armazón. Esa elástica ocupa hoy el último lugar en Segunda a nueve puntos de la salvación y, sobre la trayectoria de Ortiz al frente del otro club, qué quieren que les diga. Pues, que por descaro tampoco va a quedar.

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