Estación de penitencia

Los armados de las hermandades que guardan la imagen de marca
independentista hicieron estación de penitencia en los jardines del
palacio de la Moncloa antes de sentarse con el consejo de gobierno de
las cofradías hoy titulares del Dolor, Pasión y Resurrección del Reino
de España. Sin llegar a coincidir, las tres horas se consumieron casi
por completo en confrontar los orígenes del conflicto, centrados en
los coletazos de este siglo, que ya es avanzar algo. No pensarían que
desde el minuto uno se iban a buscar soluciones al merdé.
La consigna que fluye en el ambiente es marear la perdiz, estirar
el chicle hasta que no sepa a nada y sacarse de la chistera una pompa
que quede resultona, salvo para quienes tienen al hermano mayor en
Waterloo que apuestan por el incendio. La prueba es que el tramo de
participantes en la ronda que lidera el pastor Junqueras desde la
sombra pidió el var tras la indignación por el voto en contra de sus
vecinos al objetivo de déficit, que salió en el Congreso por los pelos
cuando en torno a la performance, que diría el otro, los cálculos
señalaban un desahogo pelín amplio. Pero en este trance solo hay
espacio para las fatiguitas. Así que, a continuación, el timonel de la
peripecia en marcha echó mano de trece ministros, se los llevó a uno
de esos enclaves del mapa que hay que poner en duda si existen y, con
el reto demográfico entre ceja y ceja, echaron la jornada en las
dependencias lógicamente de una bodega.
Tras la apertura de la diabólica mesa de diálogo, uno de los
informativos de relumbrón de la Ser arrancó con que la cuestión estaba
encauzada, que ya es moral, mientras contertulios de la Cope
coincidían en que Sánchez había conseguido liar a los separatistas y
ofrecieron la desternillante imitación de Joaquín Reyes a Torra en la
que éste asegura ser «pata negra del independentismo» soltándose a
cantar tras lo que, arrastrado por el frenesí, concluye: «Mira que
odio a España, pero es que Melody es oro molío». Si ahí se lo toman a
broma, igual es que ni se rompe España.

El despreciado

El portentoso alcalde de Madrid se desahogó a a sus anchas este mes
vía Twitter: «Pedro Sánchez corre a reunirse con el delincuente Torra
y con Colau, pero ni siquiera responde mis cartas para mantener un
encuentro. No me desprecia a mí sino a todos los madrileños». Eso
mismo lo reiteró en modo chulapo ante las cámaras y, al hacerlo
refiriéndose a la primera autoridad municipal de la Villa y Corte en
tercera persona, Buenafuente repuso: «A ver si no sabe que el alcalde
es él y de ahí que no dé con la misiva».
Al «despreciado» le dio a renglón seguido por excluir los versos
hernandianos previstos para ser grabados en una placa conmemorativa
del monumento en homenaje a las víctimas de la Guerra Civil en el
cementerio de la Almudena. La red social que utilizó para airear sus
cuitas se ha visto desbordada por rayos que no cesan y la corporación
de Orihuela y el regidor del Quesada de Josefina Manresa han
trasladado al sin par MartínezAlmeida sendos escritos para que
mantenga las estrofas de El herido, al tiempo que ambas poblaciones lo
invitan a que visite rincones ligados a la vida y obra del autor del
inacabado de muerte prematura Cancionero y romancero de ausencias. Que se sepa, todavía no ha contestado. De acercarse tienen la duda sobre si colocar allá donde acceda un distintivo en tercera persona, claro, o ahorrarse la inscripción poniendo cualquier crucifijo que,
implícitamente, puede leerse como «qué cruz». Y, durante la espera, el
edil del sur ha querido trazar el mapa de situación: «Son poemas
colega que, de verdad, no tienen coronavirus».
Pero no se crean que, ante el aluvión de mensajes, esta otra
ocurrencia que tuvo Casado en su momento para liderar una lista ha
vuelto sobre sus propios pasos. En absoluto. Por muchas señales que
reciba hace oídos sordos y, es más, acaba de defender a ultranza
eliminar a Miguel Hernández y apostar «por Azaña que busca reconciliar frente a aquellos que quieren levantar heridas». Con bichitos así sueltos, cualquiera descarta el riesgo de infección.

El modo de andar

Como es bien sabido el malvado Rubalcaba demoró su marcha de la
secretaría general para no lesionar a la Corona en el proceso de
relevo. Iglesias agitaba la marea podemita prometiendo acabar con el
régimen de la Transición y empaquetar la monarquía. Casi nadie creía
en la consistencia del propósito pero el heredero y su madre se
tentaban la ropa. La permuta dinástica regateó el escollo y Rajoy
escribió al respecto: «Su última e importante aportación fue
contribuir al feliz resultado de la abdicación de don Juan Carlos y la
proclamación de don Felipe. Pudimos disfrutar del mejor Rubalcaba,
inteligente, discreto y prudente». Lo dijo, claro está, a su muerte.
Pero el ojo de la historia lo ha resucitado tras ver entrar al hoy
vicepresidente en la Zarzuela donde el único temor del rey era que
Pablo lo abrazara hasta colgarse. Afortunadamente, parece que se
contuvo.
El timonel socialista, de fajín republicano, hizo esa contribución
en 2014. El sábado santo del 77, Adolfo Suárez, ya saben de qué fajín,
se la jugó con la legalización del pecé para que esto fuera lo que
tenía que ser, dos meses después de que unos criminales se llevaran
por delante a quienes encontraron en el despacho laboralista de
Atocha. Carrillo, que con células clandestinas había hecho lo que no
hay en los escritos para que la querida España volviera a la senda del
sano juicio, esperó fumando a que el osado mandatario le apartara el
humo de la cara. Y es lo que logró Suárez, retirárselo, dejar que todo
dios viese el rostro del comunismo importado y, cuando tocó, ensalzar
la aportación del viejo zorro al juego que ansiábamos jugar. Así se
construye un deseo compartido, no exento de riesgos y graves amenazas.
Hoy, con otros peligros sobre la mesa, se satanizan encuentros
comprometidos, proliferan los ataques al de enfrente señalando que es
nada menos que ¡comunista!, de dejar suelto al hijo de Suárez nunca se
sabe qué es capaz de llegar a armar y, a estas edificantes
aportaciones, luego van y le colocan el pin que remata la faena.
Bonita forma de pensar en el bien común. Preciosa.

El mapa del tiempo

Salgo a la calle y la ciudad ha quedado bajo los efectos de la niebla.
Es lo único que nos hace falta, tener entre nosotros a Boris Johnson.
Antes de que se nos presente, veámosle el interior. Junto a los
trileros que lo acompañan, se ha servido del espíritu imperial que
anida en la isla para desprenderse del yugo de la Unión Europea como
si alguien les hubiese obligado a entrar. Y, aunque desde décadas
atrás uno de los orgullos del imperio es la bibicí, al descuelgue
continental pueden seguirle los domésticos que andan en la recámara
desde que a Thatcher le dio por estrangular servicios públicos. El
cerco no se ha hecho esperar.
Por hoy centrémonos en las desventuras de la televisión pública,
un referente de independencia y solvencia profesional pese a sus
claroscuros. Bien es sabido que todo quisque que quiera chutársela ha
de apoquinar 185 euros de tasa anual. Y que Netflix, Disney y Amazon
han impactado en la línea de flotación de los ingresos provenientes de
sus producciones de culto. El que el mes pasado una periodista ganara
el juicio por cobrar menos que su compa de fatigas también le ha hecho
daño a la cadena, lo que fue aprovechado por la ministra de Cultura:
«Simplemente, el mundo en el que surgió la bibicí, y su financiación a
través del pago individual de una licencia, ya no lo reconocemos.
Debemos pensar qué queremos que sea en adelante». También ha cambiado el mundo y la casa de los Windsor no se toca, guapos.
Porque aún siendo ciertos esos aspectos, lo mollar es que Johnson
considera al famoso ente antitory y va a por él e igual le acompañan
en la caza los laboristas al considerarse agraviados por la cobertura
informativa de la campaña electoral, tras la que el Ejecutivo del
premier ha elaborado listas negras con nombres de medios tradicionales que no le ríen las gracias. En este momentazo, para el orbe informativo ver cómo se ensarta el periodismo fomentado por la cabecera británica es intimidar hasta convencernos de eso. De que, más que espesa, la niebla que hay es impenetrable.

Tras los pasos del «ex»

El 9 d´Octubre de 2012, con Fabra de apenas meses al frente del Consell acompañado por una decena de imputados, Zaplana bajó sonriente las escalinatas del Palau y de punta en blanco, corbata reluciente y rayos uva por careto, fue derecho a las cámaras: «¿La ausencia de Camps? Desconozco los motivos. Es un día muy importante y yo nunca falto». La carga de profundidad, no obstante, era de mayor enjundia: «En mi etapa al frente del gobierno se lograron los mejores indicadores de prosperidad y de avance de esta autonomía y no tuvo jamás ningún problema de índole judicial, algo que es un orgullo». Es que es muy grande.

   De ahí que no se entienda que la Guardia Civil nos salga ahora con que el sin mácula dirigió la presunta «actividad criminal» de una organización que durante 20 años movió más de 19 millones a través de 14 países con destino al bolsillo y al de los adheridos. Pero, por Dios, eso es imposible. La supuesta guardia de asalto no sabe de quién está hablando. Para llegar donde llegó en la pirámide territorial de la cadena de mando, hubo de vencer la fuerza que lo devolvía al rincón de procedencia. Pero se las ingenió para entrar en el círculo viscoso y ser aceptado. Al situarse, tiró de peña fiel a morir. Por algo sería, Benemérita. Y modeló los trazos de una trastienda mítica para distraer a los plebeyos sin reparar en gastos mientras ordenaba con admirable esmero la hacienda en pos de ansiados paraísos. Morales, por supuesto.

   Y, sí, puede que viviera a todo tren con escapadas de lujo en compañía quienes habían hecho méritos. Pero si lo hizo fue para trasladarlo con posterioridad al común de los mortales. Sus firmes convicciones lo llevaron a propiciar la aparición de medios muy guapos por eso mismo, porque todo le sabía a poco. Una parte sustancial de la población se ha quedado de piedra con las conclusiones que revelan el informe de los investigadores ya que nadie puede creer que alguien, con la puesta en escena que gastaba y semejante facha, vaya a ser en realidad un delincuente. Pero es que nadie.

Los planos secuencia

La Academia de cine estadounidense, que ha decidido prescindir de presentadores en su legendaria gala, no ha tenido otra que engañarse y tirar de una pareja cómica para tratar de arrancarla dotando de ese modo a esta de los tres minutos de condimento más sabroso de la cita, distinciones aparte, antes de dar paso a la Operación Triunfo en que han convertido la velada. Y así Jólivu, desde luego, canta.

   Junto a Chris Rock, Steve Martin dio la bienvenida y recordó que un par de años atrás hubo un gran desastre en los Oscar donde accidentalmente leyeron el nombre equivocado nada menos que con la mejor cinta en juego. «No fue culpa de nadie», repuso. «Pero han garantizado que no sucederá este año porque la Academia ha cambiado a la nueva aplicación del caucus de Iowa». Junto a este mandoble creo que, en el campo de la rabiosa actualidad, el otro que hubo lo protagonizó Brad Pitt y confío en no cagarla como Bruce Lee para que Tarantino no me haga picadillo al estilo de la memorable secuencia del peliculón que se ha marcado el pollo. Tras recibir su primera estatuilla por una actuación, el galán deslizó: «Me dijeron que tengo 45 segundos, lo que son 45 segundos más de los que el Senado le dio a John Bolton esta semana». Lo siento por nuestra derechona, pero el capón a los demócratas superó en tiempo al que se le dedicó a Trump y, por muy en la indigencia que ande la oposición, hay que ser unos artistazos para conseguirlo.

   En la era de los mensajitos, de la sobrevalorada interactuación, del yo me lo guiso, yo me lo como, del desdén por la sustancia que da poso al caldo de cultivo, la escuchimizada ceremonia alcanzó en Estados Unidos la audiencia televisiva más baja de su historia, lo que no quita para que Twitter ardiera rebosante de chorradas. Por fortuna la producción nacional resiste confirmándose que el aznarismo ha tomado Génova a base de bien, lo que nos devuelve estos planos: el retorno desa-  fiante de un clásico y, a resultas, que con la flor de Sánchez no puede ni el coreano.

Cuidado con la estrategia

Lo peligroso de fomentar medidas en pos de la igualdad de oportunidades es que ¡plof!, sin darte cuenta se te ha subido a las barbas el Mirandés. Lo complicado puede ser lo que sigue.

   Sí, porque profundizar en la democratización de diferentes áreas está muy bien. Pero trasladémoslas al terreno de juego saudita, a cuyas autoridades el tal Rubiales les ha sacado un dineral por acercarles los cromos más solicitados. Dado que los gestores saben que por allí tonterías, ninguna, se han puesto a buscar al club del estadio de Anduva por si se mete en el cartel del torneo de relumbrón que han sufragado. Los compradores están escrutando el álbum de fotos del presi de la española, amén de revisar el contrato de pe a pa. Y estos no se andan con chiquitas.

   Recordemos que las prevenciones sobre la cita en Yeda el mes pasado de Madrid, Barça, Atleti y Valencia fueron nuestras y centradas en la discriminación de la mujer. La denuncia fue aprovechada por Ayuso para acudir sin velo y, aunque las extranjeras no tienen obligación de llevarlo, intentó sacar partido con ayuda del tuit de su Martínez-Almeyda: «Esta noche has hecho más por los derechos y libertades de las mujeres que el feminismo de las bonitas y de los bonitos». De estar en la próxima edición un equipo humilde y un exponente vasco, no es difícil imaginar que tendremos al pie del cañón al vicepresidente y a la ministra de Igualdad sin necesidad de cargar con Billy el Niño, un pelagatos al lado de lo que se maquina en las estancias del príncipe heredero.

   El descarte del Getafe como otro de los posibles participantes ha suavizado algo el clima. Hasta Riad había llegado que se trata de una formación de armas tomar, que va a muerte. Al periodista Khashoggi llevaban tiempo esperándolo y cuando entró en el consulado de Estambul salió troceado, de modo que si la escuadra de Bordalás enseñaba los dientes, mal lo tenía. Y ni Gobierno ni Federación habrían abierto la boca sobre lo ocurrido por una sencilla razón. Las armas que emplean son nuestras.

Rumbo al suspense

Ingreso en La Gomera el día que lo hace el alemán que hasta este momento es el único infectado por el coronavirus en nuestro territorio. Hay que tener tino.

   Él también se desplazó desde Tenerife a bordo del súper ferry de la compañía de Fred Olsen en el que se meten hasta mil seiscientos seres y cuya boca es capaz de tragarse un chorro de coches y una piña de camioncetes. Probablemente coincidimos en el horario, ese en el que las autoridades encargadas de apaciguar las neuras sofocando el peligro de contagio aseguran que el hombre no se movió de la ventanilla y que, por tanto, tampoco se mezcló aunque a la hora de salir todo quisque lo haga por el mismo tubo. Debía ir la criatura tocada porque por esos parajes es temporada alta y no ves más que centroeuropeos y nórdicos recorrer rincones de un lado para otro tras quedarse asalmonados sobre una toalla en Los Cristianos. Sin ir más lejos, Olsen, fallecido propietario de la naviera y de la flota de guaguas que muestra La Gomera a los visitantes y de… se casó con una aborigen y se movió tanto que la marca pesa más que el Cabildo.

   Preparo la maleta de regreso con el hola en el hemiciclo a la legislatura campando a sus anchas en la tele por donde oigo a los soberanistas apelar a que no tienen rey. Repaso lejos de la corte qué tengo, a qué no puedo aspirar por mucho que me atraiga y qué podría llegar a faltar si el reparto se realiza al arbitrio de quienes no están por la labor de compartir. De momento entra todo lo que hay y, con esas, más las pulsiones de los que pensaron que nunca aplaudirían al jefe del Estado y de los que se pasan de frenada hasta dando palmas pongo rumbo al aeropuerto.

   Todo quisque sigue en la terminal a través de sus locos cacharros las peripecias del vuelo de Air Canadá con la rueda hecha trizas y un motor escacharrado en los prolegómenos de intentar tomar tierra, mientras toca embarcar en Los Rodeos. Sí, pese a lo tranquilo que anda esto, sueño con llegar y taparme hasta la cabeza sin salir de la cama una semana no sé por qué.