La nueva realidad

Hablando en serio, vamos a ver: ¿Usted sabe quién es Carolina Darias?
¿Desde cuándo? Uno de los aldabonazos de la situación es que empuja a
explorar flancos intransitados y a descubrir capacidades de las que no
habíamos tenido necesidad de echar mano. Y lo que te rondaré, morena.
Tras haber dado positivo, nos hemos enterado de que Darias es
ministra. La mujer ha tenido mala suerte. No por la infección, que
pasará, sino porque la cartera de mayor enjundia que recibió fue la de
Política Territorial y, claro, esa es del jefe y de su asesor de
cabecera. El cuadro general de prebostes transita entre ruedas de
prensa sin periodistas y preguntas lanzadas con antelación a la toma
de decisiones. Que alguien les diga que luego será peor ya que ahora
hay que andar a atentos a las variedades de contención que nos
invaden. Ni Sanidad ni la Comunidad de Madrid, entre otros,
recomendaron abstenerse de acudir a manis del 8 de marzo o al mitin de Vox siguiendo el criterio del órgano europeo de salud pública y las
consecuencias las ha pagado Toni Cantó con su inefable «hermana, yo sí te contagio» dirigido a Irene Montero, que valió para que Rufián se
apuntase el tanto con eso de que «el coronavirus se cura; lo de Toni
Cantó, no». Esto, saberse, ya se sabía. Y si el actor no hizo mención
a que el estado mayor de Vox se halla en cuarentena, por algo será.
Como a la fuerza ahorcan, estamos viviendo realidades que no pueden
desdeñarse. Las vascas y gallegas siguen convocadas de momento, pero
han prescindido de la precampaña. Igual se vota sin campaña siquiera y nos percatamos de que la foto final es la de la rampa de salida. Y
aunque subterráneamente haya sus más y sus menos, también va para
adelante la coordinación entre administraciones de varios colores para
hacer frente a la amenaza y hasta Torra tenía previsto participar en
la conferencia de presidentes por… ¡solidaridad! Más extremo,
Netanyahu ha propuesto a la oposición de cara al combate un Gobierno de unidad nacional. A ver si vamos a reparar en que nos hacíamos la vida imposible por fruslerías y, de esta, nos curamos para los restos. No lo creo.

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