Lo que urge es reinventarse

Este 13 de febrero, el catedrático de Filosofía Moral Jesús Conill y
el de Economía Aplicada, Andrés Pedreño, se citaron para intentar
delimitar zonas de choque de la inteligencia artificial con la
privacidad. En la controversia, Pedreño se sacó lo que lleva dentro:
«No maximicemos el tabú de la intimidad. Hasta hace nada la guía
telefónica circulaba con nuestros domicilios tan ricamente». Entonces
ambos coincidieron sobre el escenario en el que el avance tecnológico
debe primar, que es el de la salud colectiva en riesgo. Es lo malo de
los estudiosos: que se ven venir la tostada.
Para enriquecer aún más la controversia saltó al ruedo el
catedrático de Derecho Internacional Privado, Manuel Desantes, quien
alertó sobre el ritmazo en el que se desenvuelven las intituciones del
viejo continente. Allá por el 98 formó parte en Bruselas de la
comisión de expertos que encaró el debate que ese día estaba sobre la
mesa y cuya resolución no llegó hasta lustros después cuando el
rompecabezas a resolver había sido atropellado por los cambios
registrados. Desantes asumió que el compás tradicional de los
servicios jurídicos no pita y le salió exclamar que…¡hay que
reinventarse! Y todavía se contuvo.
Todo ese dibujo es lo que hoy se busca descifrar. La científica
Nuria Oliver no se ha cortado: «La inteligencia artificial ha
penetrado en casi todos los aspectos de nuestra vida y no hemos sido
capaces de aprovechar los datos de los móviles para contener la
pandemia». Se refiere a que en Corea se han hecho 18.000 test diarios
empleando tecnología a la última en busca de respuestas más efectivas.
Mientras China se ofrece a enviarnos ayuda, «Europa ha fracasado»
según Iñaki Gabilondo, palabra de dios. Y digo yo, aprovechando que el gobierno de Pekín ha fichado al profesor Desantes como asesor en
propiedad intelectual, ¿no podría servir de avanzadilla para que
ingresáramos en el mercado asiático que nos ha pasado por la derecha y por la izquierda? Además hasta allí seguro que no nos seguiría Ortega Smith y su basca. Ya lo sé. Dónde hay que firmar, ¿verdad?

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