Domar la cabecita

Dentro del ansia del redactor jefe porque la plebe ahuecara y no
reflejase la calle desde la comodidad del fijo, las cabeceras
registran casos de todos los colores y condición. Uno de los más
celebrados es el de un compadre que se cepillaba textos en un
santiamén o se limitaba a cambiar cifras de la crónica precedente y,
en vista de que al poco de llegar tenía el trabajo hecho de aquella
manera, claro, dejaba sus gafas estratégicamente para que todo el
mundo lo creyera en el servicio o así y no era sencillo verle el pelo.
Nadie podía imaginar que estábamos ante un adelantado a su tiempo.
El redaccional es hoy un paisaje descarnado e inhóspito y, sin
embargo, jamás lo he conocido tan metido donde persigue entrar. El
agradecimiento por la compañía y las pinceladas de situación se
amontonan, sobre todo por lo primero. Estamos ante un imán que ha
logrado sacar de su enclaustramiento a Almodóvar si se tiene en cuenta que andar confinado era su modo de vida. Y un par de semanas atrás le dio por hacerse presente a través de, más que un artículo, un relato para el diario.es de Escolar, que le quedó redondo. Suma otros dos de diferente tinte pero conoce a tanta estrellita que la tentación se le derrama y él es propenso. Se trata de uno de esos arranques que El país nunca entendió que no cayeran en su cesto y que, a pesar de los registros transitados por la denominada biblia progre, aún debe costarle digerirlo sin descartar que en el manchego lo que lata sea propinar un boyerazo como dios manda.
Atravesamos un estado propenso a saltar a la más mínima. En
referencia a Pablo Iglesias, Ussía ya se anda en que lo peor «no es
abandonar a una mujer con tres críos; la tragedia es tener de suegro a
Verstrynge», todo al haberse quedado sin contraportada en La razón
tras varios lustros, censurado según él. Leyendo lo que envió cuesta
tragárselo. Es más, creo a Marhuenda cuando señala que se negó a
compartir espacio con él advirtiendo que la página era suya. A este
paso, no descarto que llegue el día en que afirme que Inda dice la
verdad. Mejor no pensar adónde nos encaminamos.

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