Subidón con la estantería

Por las noches me desvelo y trago saliva ante el temor de que vuelva
el dolor de garganta. A falta de test, buena son mañas. Me quedo
comiéndome el tarro sobre la compra, descarto el súper aunque fuera lo previsto y me decanto por la frutería donde la haces al aire libre. Quieras que no el recelo se ha apoderado de uno.
Nada más terminar la incursión alimentaria, agarro el black+decker
y le acoplo un taladro del cinco. Dadas las virtudes demostradas
durante años, la respiración se contiene en el entorno y, entretanto,
disparo. Como los agujeros parecen alineados, cojo la estantería por
mi cuenta. Después de apretar interminables hileras de tornillos queda
firme, más que digna ella, y yo con una molesta ampolla que afianza mi
orgullo. Sin duda, más que recomendable para inútiles declarados.
El artilugio que nos tiene interconectados permanece en danza. La
recomendación de Unorthodox, la serie que escarba en la comunidad
judía Satmar que habita en el Williamsburg de Brooklyn, gana de largo
el plebiscito. Siempre me ha dado escalofrío e introducirte en el
aislamiento que la envuelve en plena capital del mundo, te deja frito.
No, no, no estoy dispuesto a levantar el pie ni a que se debiliten los
lazos. Una reputada psicóloga advierte que, de lo más complejo, será
restaurar las relaciones sociales. No creo que más que cuidarlas y
mantenerlas en condiciones normales. Quien me subyuga es el noruego
Finn Kydland, Nobel de Economía. Tras señalar que «la clave será
mantener el capital humano», se baja virtualmente a la barra de un
bar: «La cuestión estriba en si continuará teniendo las mejores
croquetas de jamón cuando vuelva a abrirse». Es calcado a lo que se
decía en los cuarenta: «No se puede comparar a lo de antes de la
guerra», aserto que lo mismo valía con un par de calcetines que con el
arroz con costra.
Para rematar la faena me meto un capítulo sobre el nacimiento de
Eta y otro en torno al tormento de vida con la que se inició Freud, no
sé si en una sórdida confluencia del insconciente. Que lo resuelva su
padre.

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