Como pez en el agua

Vuelvo eufórico. Discúlpenme, ahora lo explico. Llevo días viendo las
estrellas con las lumbares y, solo incorporarme, supone varias fases de desescalada. Los que pertenecen a la leal y sufriente cofradía del Padre y Muy Señor Mío del Dolor de Espalda saben de qué hablo. Un sentimiento de impotencia que degrada.
Tras varios intentos a través del correo de obtener respuesta del
gimnasio, me acerqué con escasas esperanzas pero enseguida me dijeron que con la piscina no existen restricciones y que desde el lunes es toda mía. ¡Uuufff! El alivio fue automático. Pensé que me encontraría
con el condicionante de tener que reservar dentro de las franjas de
rigor pero deduje que la cantidad de temerosos entusiastas que se han
dado de baja hace manejable la rentrée. Llevo más de veinte años
nadando a diario como forma de combatir los embates de la doble hernia discal y el sistema ha logrado mantenerme derecho casi siempre. Fue la sugerencia del especialista que me recomendó la médico del periódico y resulta que hoy en día, que ya no se dispone de este servicio, es cuando las cabeceras necesitan eficaces tratamientos de choque. C´est la vie.
Siempre me meto en el agua sobre las ocho de la mañana. Al poco de
hacerlo descrubrí que venía igual o mejor para limpiarse las telarañas
y, apoyado en la extendida creencia del aburrimiento que es nadar, me
ha permitido adelantar faena. De haberme tirado a la calle dos hoy, el
nombre que se me habría venido a la cabeza sería el de la consellera de Sanidad de Torra porque me conozco y porque lo que Alba Vergés ha
dicho –«No podemos afirmar que en una Cataluña independiente no habría tantos muertos»– es la respuesta a la portavoz de la Generalitat
después de que Budó asegurase que «en una Cataluña independiente no habría habido tanto muerto ni infectado», solo que la réplica ha
llegado con ¡mes y medio de demora! Para casos así, témome que no haya centros de rehabilitación que valgan. Por fortuna, tampoco creen
necesitarlos.

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