Tiempo atrás, la titular de Empleo, Fátima Báñez, enfatizó que es «la
virgen del Rocío quien nos ha traído este regalo anticrisis porque, ella, un capote siempre hecha». Al poco fue Fernández Díaz el que santificó la fiesta desde Interior: «Nada es casual, todo responde al plan de Dios. Tengo un ángel de la guarda que se llama Marcelo y que me ayuda a aparcar». Por fin, Carlos Mazón, encargado de tutelar para los suyos el sur de la Comunidad, que también existe, ha sustanciado que «el partido ha de modernizarse», tras lo que ha dejado constancia de que «con el liderazgo de Casado, en el pepé se nos ha aparecido la virgen». ¡Uummhh!
A la herencia de Fraga siempre le faltó un hervor respecto al ala
puntera de su franquicia europea y le ha sobrado más de un fervorín.
En Francia, el gachó que estaba al frente de Liberation ha dejado la
dirección del diario y se ha lanzado a remover un espacio como es el
de la izquierda desaparecida en combate. O sea, que deja Málaga para
entrar en Malagón. Mazón ha transitado por los alrededores de la
esfera privada y se ha colocado en primera línea de la marca con el
entusiasmo propio de quien cree que puede derribar muros. Pero el
escepticismo y la desafección de la multitudinaria parroquia que no
pertenece a credo alguno es perfectamente descriptible. Lo hizo Muñoz
Molina a cuento de Venecia, investido del urbanista implacable que es
Navarro Vera: «El dominio de los especuladores, la frivolidad política, el sometimiento de todos los valores a la supremacía del dinero, se alían para despojar a la urbe de su condición de espacio compartido. La ciudad, por definición, es de todos y de ninguno». Nuestras comarcas permanecen rebosantes de desatenciones primordiales. Marsé diseccionó los barrios acomodados y los necesitados mejor que la mayoría de quienes se invisten de gala para llevarlos a buen puerto.
No sé. Aunque Mazón haya entrado con el pie derecho, queda por ver
qué pasos da para saber si de verdad es aire nuevo o se va en su día
como tantos con viento fresco.