El rastreo se esparce

Dentro del cosmos institucional, Italia se maneja como nadie en la
inestabilidad. Bien, pues la Oms ha aplaudido la gestión centrada en
proporcionar más medios a la sanidad pública, rastreos eficaces, mayor
vigilancia, concienciación social y pone a nuestra disposición
estrategias, herramientas y conocimientos a fin de aplanar los
contagios. Tranquilos, Sánchez/Ayuso and company andan en ello.
Los italianos deberían entender que, como no está en el ánimo
privarnos de nada, el Supremo ha devuelto el prucés al primer plano
recuperando así la normalidad. Cada uno tiene sus métodos y los
nuestros son de armas tomar. Lo penúltimo de «Kitchen» es que, según
Villarejo –claro–, De Guindos tuvo información sobre las cuentas de
Juan Carlos I que no transmitió para su investigación; que Corina trajo en remesas a Zarzuela 80 milloncetes que el padre del rey sacó con la venta de un piso en Londres regalado por el emir catarí y que el ceneí detuvo una operación para descabezar al independentismo catalán por temor a que salpicara al emérito ya que por esa jungla estaba siendo controlada la empresa desde la que se pagó el millón de euros que costó el viaje de novios de Felipe VI. De ahí que Casado esté dándose prisa en que ayuntamientos y demás defiendan a muerte al monarca a pesar de que, para la consti, el gran soberano sea el pueblo. Pero, y ese quién es. Hasta que algún día reparen en él, por las teles ya sale todo a flote. Pilar Eyre desvela en La 1 que ocho años atrás un joyero comentó en Abu Dabi que Juan Carlos I acababa de comprarle una pulsera a su segunda mujer con la mayor naturalidad puesto que para ellos la poligamia es tan familiar como para nosotros comer los domingos con la suegra. Y en otra cadena cuentan la vida de Ágatha Ruiz de la Prada, quien no se priva de pasear con su perro Jota. «Perrojota», dice, antes de presentar a Gucci, «que se excita mucho», hasta soltar que «¡se ha hecho pis encima de Jota, pero entero!».
En fin, así estamos. Escatológicos perdidos.

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