Descarga sentimental

Siento soltarlo, pero días atrás me ilusioné. Me junté de pronto con
invitaciones para un estreno de cine, otro de teatro y la presentación
de un libro en apenas cinco fechas. Lo nunca visto en estos tiempos.
Bien, pues primero se desconvocó la cita literaria hasta nuevo aviso
ante la avalancha a la hora de registrarse mientras en los otros casos
sucedió lo contrario. Y, como tampoco apetecía hacer de nuevo
incursiones en solitario, la guía de ocio se vino abajo por completo. Eso sí, no puedo negarles que fue bonito mientras duró.
La contrariedad que me pilló más de improviso fue la cinematográfica dado que Cesc Gay me tiene ganado desde que arrancara el siglo con Krampack.Lancé la propuesta y me dijeron que también estaban deseando ver el último giro imaginativo del director por lo que, a falta de confirmación, lo di por sentado. La respuesta fue dilatándose de forma inusual hasta que una llamada confirmó que, tras una ardua sesión de debate en la pareja, las actuales reticencias acabaron imponiéndose a las ganas de esparcimiento. Además él está entregado a todo lo que cae en sus manos sobre Chaves Nogales y no voy a ser yo quien le quite el gusto.
Ya sé que esa cautela es sensata además de inevitable, pero no se iba de la cabeza acercarme ni quería esperar a que me la trajese cualquier plataforma hasta el sofá, sino que sentía la necesidad de reencontrarme con el rito en el que me inició mi abuela cuando sin levantar un palmo del suelo me llevó a ver «Un rayo de luz» antes de zambullirme en las de romanos y en las de vaqueros. Así que di un rodeo, arrojé el lazo sobre el primogénito aprovechando que nos habíamos quedado solos en la ciudad, recogió el guante y allá que nos plantamos. La vimos solos sin que saliera nadie de la sesión anterior ni asomase un alma en la siguiente y fuimos derecho a hacernos una pizza con la que nos dimos un buen rato de disección y de risas deslizando que, en cuanto fuera posible, teníamos que verla con todos los nuestros. Pese a la ruina total de negocio, la vida que da.

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