Felices fiestas o lo que sean

Supongo que la ilusión porque los bombos de la lotería se porten sigue
vivo. Pero a estas horas, con acertar el número que se sentará a la
mesa de entre la parentela, el personal tiene más que de sobra.
En el caso de que los convivientes que organizan el encuentro sean
una pareja, no pueden permitirse el lujo de gobernar con medidas
discrepantes porque imagínense cómo se pondría el descansillo.
«¿Pasamos? ¿¡Que estáis dándole vueltas todavía!?». Por supuesto no
todos somos iguales y desde el Ejecutivo pueden plantear en cualquiera
de los asuntos que nos repercuten, que son todos, una decisión y su
contraria y decir que es perfectamente entendible. Si para ver dónde y
cuántos nos juntamos a aquel se suma el resto de especímenes
esparcidos por el corral, ya está formao el alboroto. Cómo se
presentarán las fiestas o lo que sean que nuestro Pedro mayor del
Reino ha asegurado que se queda fuera de la circulación hasta
Nochebuena renunciando de este modo a tomar la pantalla en una de esas apariciones suyas más breves algunas que un choque de la enebeá,
aunque nunca se sabrá si este rigor es porque lo exigen las normas
básicas de una cuarentena o para que se vea quién es quién dado que
Pablo la guardó de aquella manera, vamos que se la saltó. La verdad es
que no hay nada como la unidad de acción.
Al menos el rey ha reconocido el fracaso en la estrategia de la
nación. El monarca de Suecia, claro. Ha lamentado el sufrimiento, la
dura experiencia de quienes no han podido despedirse de sus familiares enfermos y es perturbador que uno de los enclaves que tenemos por más avanzados haya sido incapaz igualmente de hincarle el diente a la situación de forma eficaz, en el supuesto de que sea posible que ya no sabe nadie a qué atenerse.
Así que, en vista del panorama, hay que ser Juan el Bautista para no aceptar que lo indicado es no moverse y casi ni abrir la puerta. Es más, la manera adecuada puede que sea la celebración de un gran ayuno. Y es una pena porque hay cada pavo…

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